Electores sumisos

Nuevamente se toman medidas restrictivas de nuestras libertades que perjudican gravemente a la economía sin garantías de que vayan a servir de algo.

Uno de los terribles descubrimientos que ha hecho Pedro Sánchez, su PSOE y la izquierda en general es que hay una parte del electorado que tiene vocación de sumisa y que ansía tener un amo cuyos caprichos poder obedecer. Tal hallazgo se produjo durante la pandemia. A la vista de la alerta sanitaria, una parte considerable de los ciudadanos reclamó al Gobierno medidas que les protegieran del virus. Naturalmente, el Gobierno no tenía ni idea de qué hacer, pero por hacer que hacía decretó una serie de normas drásticas que no se sabía si detendrían al virus, pero que con seguridad destrozarían la economía. Esos electores sados se sintieron aliviados de ver que se hacía algo por su salud, aunque no estuviera claro que fuera eficaz. Como ahora se hacen los telediarios a base de entrevistar a la gente, salieron por la tele multitud de personas opinando favorablemente acerca de las muchas veces absurdas medidas restrictivas adoptadas por el Gobierno con el estúpido argumento de que algo había que hacer. Luego resultó que parte de lo que se hizo se aprobó demasiado tarde en unas ocasiones, resultó inútil en otras, en cualquier caso se hizo ilegalmente y desde luego sin hacer durante mucho tiempo lo que había que hacer por falta de previsión e incapacidad. A pesar de que un Gobierno diligente podía haber evitado algunas de las decenas de miles de muertes que la pandemia trajo, apenas nadie ha criticado el inútil furor liberticida del Gobierno desencadenado por mor de la salud pública.

Descubierta esta inclinación sadomasoquista del electorado, el Gobierno vuelve a apelar a ella con ocasión de la crisis energética. Nuevamente se toman medidas restrictivas de nuestras libertades que perjudican gravemente a la economía sin que haya garantía de que vayan a servir de algo. Encima acusan a la Guerra de Ucrania de la situación cuando en gran medida es fruto de lustros de medidas equivocadas de este y otros Gobiernos encaminadas a proteger a las caras y todavía insuficientes energías renovables. Nadie pide disculpas por haber criminalizado el fracking, nadie se siente obligado a entonar el mea culpa por el “nucleares no, gracias”, nadie se hace responsable de haber estado encareciendo la electricidad años y años exigiendo legalmente que se pague toda al precio de la fuente más cara. Y el electorado de izquierdas, pero no sólo, cuando le preguntan por la calle, está encantado de que el Gobierno le maltrate, restrinja sus libertades y saquee su bolsillo para no terminar de resolver problemas creados exclusivamente por su incompetencia, por el sesgo ideológico con el que se han afrontado los problemas y por la palmaria corrupción a favor de empresarios amigos que en ocasiones ha habido cuando se han tratado de resolver.

No sé si muchos de los que se han dejado anudar el collar de clavos, permiten ser arrastrados de la correa y soportan con deleite los latigazos del amo no han sido en realidad engañados por unos medios de comunicación de masas que nos bombardean con mentiras interesadas. Pero no es excusa para no rebelarse contra esta sumisión inducida a través de la desinformación porque, aunque a veces lo parezca, a nadie le gusta ser el esclavo de ningún amo, ni siquiera uno tan guapo como Sánchez.

Fuente: Emilio Campmany – Libertad Digital

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