Bruselas suspende a España en todos los indicadores de productividad

La Comisión Europea avisa de que España se sitúa por debajo de la media europea en la mayoría de indicadores de la productividad y alerta de la caída de la laboral y de la fragmentación entre CCAA, que impide crecer a las pymes.

Mejorar la baja productividad de la economía es uno de los retos fundamentales que la Comisión Europea (CE) señala que España debe acometer, junto con los desequilibrios macroeconómicos y la sostenibilidad fiscal. Así lo plantea en el Paquete de Primavera que ha presentado una semana después de rebajar las previsiones de crecimiento por la guerra en Ucrania, en el que avisa de que España se sitúa por debajo de la media europea en la mayoría de indicadores de la productividad y de que el gasto público para mejorar la productividad es bajo.

El informe sobre España apunta a la baja productividad laboral y del resto de indicadores, así como a las barreras regulatorias entre comunidades autónomas y a descoordinación entre los diferentes niveles de la Administración. La Comisión subraya que la productividad laboral española ha estado cayendo desde 2010 y se sitúa en el 90% de la media de la UE. La productividad laboral española es contracíclica, a diferencia del resto de economías desarrolladas, constata, lo que atribuye a deficiencias estructurales en el funcionamiento del mercado laboral y al peso de las pymes.

La brecha de la productividad entre regiones

Asimismo, el informe apunta que la productividad laboral varía mucho entre regiones, situándose País Vasco y la Comunidad de Madrid a la cabeza, con un 125% y 126% respectivos sobre la media europea, pero estando por debajo del 90% en Andalucía, Murcia y Extremadura. La fragmentación regulatoria y la baja innovación entre empresas y regiones contiene el crecimiento y la productividad e impide que las empresas crezcan, lo que cree especialmente relevante para las pymes, que tienen más peso en el tejido productivo español que en otros Estados miembros.

Estas advertencias se producen cuando el Gobierno ha aprobado la reforma laboral, que ha entrado en vigor este año y que se centra en atajar la temporalidad mediante la promoción del contrato fijo discontinuo, y sobre cuyos efectos el Banco de España (BdE) acaba de advertir de que habrá que ponderar con otros indicadores como la productividad.

Bruselas apunta en el citado informe que debido a su duración limitada, los contratos laborales a corto plazo limitan los incentivos para invertir en capital humano, aunque las reformas del Plan de Recuperación buscan mejorar las competencias y la eficacia de las políticas del mercado laboral (incluso al abordar la segmentación del mercado laboral entre temporales e indefinidos) y tienen el potencial de generar aumentos duraderos en la productividad y el crecimiento potencial.

‘Ninis’, abandono escolar y paro de larga duración

También hay mucho terreno de mejora en la productividad en innovación y en I+D y en indicadores relativos a lo que denomina “trabajo decente y crecimiento económico”, en el que destaca el elevado número de jóvenes que ni estudian ni trabajan, del 15,2%. Asimismo, Bruselas destaca que la tasa de abandono prematuro de la educación y la formación de adultos poco cualificados sigue siendo “muy elevada”. Esto dificulta la transición de la escuela al trabajo, exacerbando el desempleo juvenil.

La proporción de adultos (de 25 a 64 años) que participaron en actividades de aprendizaje durante las últimas cuatro semanas había ido en aumento en los últimos años, alcanzando el 14,4% en 2021 (frente al 10,8 % en la UE). Sin embargo, sigue siendo persistentemente bajo entre las personas poco cualificadas (5,2%). En este sentido, la Comisión también considera clave para España que se aborden los desafíos en educación y aprendizaje de adultos.

Asimismo, otro de los ‘hándicap’ de España es su elevada tasa de paro, situándose a la cabeza de la UE desde la pandemia. La Comisión espera que ésta disminuya del 14,8% en 2021 al 13,4% en 2022 y al 13,0% en 2023. También destaca la mejora de otros indicadores como la tasa de trabajadores en riesgo de pobreza (pasando del 13,1% en 2015 al 11,8% en 2020), la tasa de desempleo de larga duración (del 9,5% en 2016 al 6,2% en 2021), o el abandono prematuro de la educación (del 19% en 2016 al 13,3% en 2021), pero alerta de que sigue estando por encima de la media de la UE en todos ellos.

Fuente: Mercedes Serraller/Beatriz Triguero – VozPópuli

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