El Senado, ‘el cementerio de elefantes’ del bipartidismo donde Feijóo liderará la oposición a Sánchez

En 2015, antes de incorporarse al Senado como parlamentarios populares por designación autonómica de Las Cortes valencianas, Alberto Fabra y Rita Barberá negaban que la Cámara Alta fuese un ‘cementerio de elefantes’ donde situar a figuras políticas ya sin ese valor que les caracterizaba en el pasado. Al contrario, afirmaban que, precisamente, la experiencia que habían acumulado durante todos los años de gestión eran el mejor «aval» para trabajar en la cámara territorial. Barberá, fallecida en noviembre de 2016, transitó media vida entre el parlamento valenciano y el Ayuntamiento de la capital, mientras que Fabra, concejal en Castellón de la Plana -su ciudad natal- desde los noventa, había aglutinado solo en diez años los cargos de alcalde, diputado regional, presiente de la Generalitat y del presidente del PP valenciano.

En el caso de ambos exdirigentes valencianos, a la experiencia le acompañaba dos importantes derrotas electorales. La primera a nivel regional: Fabra, pese a ganar las elecciones, no consigue estructurar una alternativa para evitar el acceso de Ximo Puig y sus aliados del Pacto del Botánico y rompe la tendencia de gobernabilidad popular inaugurada en 1995 por Eduardo Zaplana. La segunda, de impacto similar en el consistorio valenciano: Barberá, después de 24 años y seis legislaturas de continuidad del PP, acaba superada por Compromís. A ello, un cierto alejamiento promulgado desde Génova para apartarlos del foco. El propio Fabra reconocía, tras perder el control autonómico, que había que resetear el partido para paliar los efectos de la corrupción, y él, al representar la anterior etapa pese a no estar salpicado, no podía seguir dentro.

El mecanismo de designación regional también ha valido a otros reseñables dirigentes del PP para seguir dentro de la vida política pese a ya no representar ni estar dentro de la primera línea. Políticos tanto de la etapa de José María Aznar, como de Mariano RajoyEl exsecretario general Javier Arenas, desempeña el cargo de senador desde 2008. Lo compatibilizó hasta 2015 con un escaño dentro del Parlamento de Andalucía. Es el último aznarista que sigue en pie desde el congreso de Sevilla de 1990: exdiputado nacional, expresidente del PP-A y con tres ministerios -Trabajo, Administraciones Públicas y Presidencia- y una vicepresidencia a sus espaldas que le valen una bancada en Madrid.

Del ‘marianismo’ proceden el grueso de viejos rockeros populares que no encontraron su hueco con la ya anterior dirección de Pablo Casado y se les asignó un nuevo destino. Entre ellos, Carlos Floriano, exsecretario de Organización y Electoral y el expresidente del PP de Extremadura; su sucesor e Génova Fernando Martínez-Maillo, también exsecretario general; Rafael Hernando, exportavoz en el Congreso de los Diputados; y la expresidenta del PP de Cataluña Alicia Sánchez-Camacho.

La designación autonómica ha valido a PP y PSOE para encontrar cobijo a exlíderes y cargos relevantes

La misma dinámica, de desplazar a antiguos representantes públicos o históricos del partido, ya sin hueco tras una renovación, una derrota electoral o algún escándalo menor, ha seguido y mantiene el PSOE. La última incorporación, la de la expresidenta de la Junta de Andalucía Susana Díaz, la primera dirigente socialista que pierde el Gobierno en la región tras cuatro décadas. Su sucesor en la secretaría general, Juan Espadas, ha seguido su mismo camino, aunque precipitadamente. No como caladero para terminar la carrera política, sino para contar con un paraguas institucional tras abandonar la alcaldía de Sevilla y durante la preparación de su candidatura a la Junta de Andalucía del 19-J.

Antes que Díaz, fue la también andaluza Micaela Navarro. A sus espaldas hay una consejería de Igualdad en Andalucía, dos legislaturas en la cámara baja y la presidencia del PSOE. A Navarro la sucedió en ese cargo Cristina Narbona, otra histórica dirigente socialista y exministra y secretaria de Estado de Medio Ambiente. El exmandatario andaluz José Antonio Griñán también encontró refugio dentro del Senado, aunque no duró mucho, ya que fue apartado de sus funciones para que la Justicia pudiese continuar las investigaciones del caso ERE -estaba aforado- y el PSOE no se viese afectado.

Con anterioridad, el PSOE utilizó la cámara territorial para recolocar a sus expresidentes regionales caídos en las autonómicas de 2011, donde el PP de Mariano Rajoy logró numerosas mayorías absolutas. Es el caso del exjefe de Gobierno de Islas Baleares, Francesc Antich o el de Aragón Marcelino Iglesias.

A diferencia de los grandes partidos, el poco peso territorial de formaciones como Podemos, Ciudadanos, Izquierda Unida y, ahora algo menos, Vox, les hace imposible desarrollar esta práctica de selección parlamentaria más allá de las propias listas electorales.

El núcleo duro de Feijóo

Tras un mes de dudas y pocas palabras, el presidente del PP entrará en el Senado siguiendo la misma vía que sus antecesores. Lo hará hasta las próximas generales y con él, de momento, está previsto que acuda el secretario general de los populares gallegos Miguel Tellado. Feijóo ha planteado la cámara territorial como un escaparate donde, al menos una vez al mes -si Pedro Sánchez respeta los plazos- poder hacer oposición directa al Gobierno durante el pleno de control del mismo.

Feijóo ha contado para su nueva cúpula con los senadores y expresidentes de la Comunidad de Madrid y de Extremadura Pedro Rollán y José Antonio Monago como vicesecretario de Coordinación Autonómica y Local y presidente del Comité de Garantías, respectivamente. Según apuntan a El Independiente también mantendrá al portavoz Javier Maroto, que fue trasladado por Casado a la cámara alta tras un año a cargo de la Organización del PP y hará hueco al coordinador general Elías Bendodo.

En el PP tenían el dilema de que el Senado supondría un buen escaparate para el nuevo presidente y futuro candidato a La Moncloa. Pero, al mismo tiempo, una arena ardua en la que, un mal planteamiento frente al PSOE y a Sánchez, podría desgastarle. Finalmente dirigirá a su Grupo y asumirá el riesgo hasta que el presidente decida apretar el botón electoral por necesidad, falta de mayorías, o por agotamiento de la legislatura.

Fuente: Ángel Carreño – El Independiente

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