Por qué los de Podemos son unos fascistas

«Podemos son fascistas de fondo, y matones de barrio de forma. Y es una vergüenza que gente como esta tenga peso dentro del Gobierno»

Un poco de historia

1936: Mi abuelo trabajaba en el Ministerio de Marina en el Gobierno de la República. Cuando llegó el golpe de Estado de 1936, consiguió escapar a Bélgica con su esposa (ella era belga), pero se vieron obligados a dejar aquí a sus cinco hijos, distribuidos en instituciones y en casas de familiares. El plan era recuperar a sus niños y establecerse en Bélgica

1939: Se inicia la segunda Guerra Mundial. Bélgica se declara neutral. Pero, sin previo aviso, los alemanes invadieron el país, el 10 de mayo de 1940. Bélgica cae 18 días después y se ve forzada a entrar en guerra.

 El pasado republicano de mi abuelo y el apellido de mi abuela pesan en su contra. Mi abuelo echa entonces mano de su amistad con Ramón Franco, hermano de Francisco Franco, que también había estado en el bando republicano. De hecho, Ramón Franco había sido elegido a Cortes en 1931 por el partido independentista catalán.

1941: Mis abuelos se vuelven a establecer en España.

1945: Finaliza la Segunda Guerra Mundial. Mi madre tiene 18 años, mi madre conoce a mi padre

1952: Mis padres se casan

1953. Mis padres emigran al Reino Unido. Mi padre se consideraba demócrata y antifascista.

1960: Mis padres regresan.

Año 1970, aproximadamente, mi padre empieza a colaborar con Izquierda Democrática, en la clandestinidad.

Los nazis quemaban libros y expulsaban a profesores de sus cátedras. Durante la dictadura de Franco, había censores que revisaban los contenidos de los libros y artículos y eliminaban lo que fuera menester. También expulsaban a profesores de sus cátedras

Mis padres creyeron toda la vida en la democracia y la libertad de expresión, y mi padre luchó activamente por ella.

No hay democracia sin libertad de cátedra

2022. La profesora Juana Gallego, que imparte Teoría de la Publicidad en el Máster en Género y Comunicación de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), ha sufrido un boicot organizado por parte de parte del alumnado.

Se encontró con una clase vacía.

Una parte de las alumnas -en el máster se inscriben, sobre todo, mujeres- no se presentó en su clase porque realmente querían boicotear a la profesora. Otra parte no lo hizo por miedo. Los activistas de extrema izquierda pueden llegar a ser violentos, como todos sabemos, y hay que ser muy valiente para enfrentarse a ellos.

Cuando un grupo de mujeres se presentó en la Universidad para atender, como oyentes, la clase de la profesora Gallego se encontraron con la desagradable sorpresa de que la universidad había cambiado el aula donde la profesora debía impartir su clase. Habían trasladado la ponencia a otra aula.  De forma que las personas que apoyaban a la profesora no pudieran presentarse allí.

Desde la propia universidad se lanza un comunicado absurdo que viene a decir que Juana Gallego «se lo ha buscado».

Comunicado de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB)

El único pecado de Juana Gallego ha sido decir claro que el sexo no es género, y que el sexo es binario, aunque el género se pueda manifestar de maneras diversas según las normas de cada sociedad. Nada que no hayan dicho miles y miles de biólogos, antropólogos, sociólogos, filósofos, arqueólogos, médicos, psicólogos o psiquiatras.

Por cierto, Juana Gallego es la fundadora del máster. Y lo dirigía hasta el año pasado.

No hay democracia sin libertad de expresión

2022: El libro Nadie nace en un cuerpo equivocado va por su quinta edición. Es un ensayo perfectamente documentado sobre la versión del mundo populista, unilateral, rancia y sesgada que nos ofrece lo que se ha dado en llamar «el colectivo trans».

Pero, ¿qué es «el colectivo trans»?

El tan mentado «colectivo trans» es una amalgama que integra a transexuales, trangéneros, travestis o señores de pelo en pecho que se apuntan al carro porque dicen que se sienten mujeres. Tiene tanto que ver con la transexualidad como yo con Charlize Theron.

Para muestra un botón: dos integrantes del «colectivo trans» son Darko Decimavilla y Marcos Ventura, que dicen ser «personas trans no binarias». No puedo escribir que son hombres porque con la ley Montero me puede caer una multa. No está de más añadir que se rumorea que Darko cobra 55.000 euros anuales del consistorio público, como vocal en el Ayuntamiento de Madrid. Su partido, Más Madrid, nunca lo ha negado.

Este «colectivo» –no puedo escribir secta, por si me ponen una multa- nos impone una visión que se transmite desde los medios de comunicación y las redes sociales, la educación y la industria del entretenimiento.

Evidentemente, los autores de Nadie nace en un cuerpo equivocado no han cometido ningún delito de odio al escribir el libro, pues, si no, se habría suspendido cautelarmente su distribución. Pero a Podemos no le ha gustado el contenido del libro. Así que Podemos ha organizado una protesta. Un centenar de personas se han manifestado frente a la Universidad.

La Universidad ha cancelado el acto.

Textualmente, desde la Universidad les han dicho a los dos autores del libro que «no podían garantizar su seguridad porque entre los manifestantes había elementos violentos». Una vez cancelado el acto, Podemos Baleares, se congratula en su cuenta de lo sucedido.

«Victoria de la sociedad civil», lo llaman.

El mismo partido que acaba de proclamar una ley proponiendo que sea delito que cien personas se congreguen a rezar frente a una clínica abortista, celebra que cien personas se congreguen para amenazar a los autores de un libro.

No sé, me llamarán ustedes loca progresista, pero a mí me parece que o ambas concentraciones son delito o no lo puede ser ninguna. Que o jugamos todos o rompemos la baraja.

Y entonces me viene a la cabeza aquel escrache organizado contra Rosa Díez en el salón de actos de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la UCM, Universidad Complutense de Madrid. ¿Lo recuerdan?

Busco en Google y visiono de nuevo las imágenes en las que se aprecia claramente cómo Pablo Iglesias iba dando instrucciones al grupo que estaba organizando el escrache. No se trataba de estudiantes, por cierto, sino de personas ajenas a la Universidad.

Es decir, Pablo Iglesias comandando a un grupo de matones para impedir que una persona ejerciera su derecho democrático a la libertad de expresión.  

Como sería imposible que una persona que recurrirse a tácticas tan rastreras pudiera llegar a Vicepresidente de Asuntos Sociales, Pablo Iglesias negó siempre la mayor de que fuera el inductor de aquel acto profundamente antidemocrático. Debe ser que en las imágenes del vídeo lo que señala son las goteras en el techo del salón de actos.

La Universidad debe mantener su función crítica y no sucumbir a una ideología acientífica, homófoba, narcisista e incoherente. La Universidad existe para fomentar el debate, no para ser la correa de transmisión de un pensamiento único que impone una corriente minoritaria y extremista.

Una corriente minoritaria y extremista que ha llegado a hacerse con el poder mediante un pacto Frankenstein.  

Una corriente minoritaria que ha permitido que ideas extremas que se oponen a la biología, a la ciencia, al sentido común y a las creencias – religiosas o filosóficas – de la mayoría de la población imponga esas creencias en la Universidad y exija que se le enseñen a nuestros hijos e hijas como dogma de fe.

Yo misma he descubierto demasiado tarde que en el Instituto de mi hija impartieron una charla en las que se le adoctrinaba con toda esa jerigonza queer que el libro de Errasti y Sánchez denuncia tan bien.

Una doctrina queer reaccionaria, como hemos podido comprobar. Un dogma intolerante y violento. Un credo fundamentalista que ellos esconden bajo las siglas LGTBI, cuando en realidad ni los intersexuales, ni los gays ni las lesbianas les interesan lo más mínimo.

Es más, arremeten contra lesbianas militantes como la ilustradora María Murnau, o la también ilustradora Laura Strego, a la que agredieron en una manifestación y a la que casi le rompen el cuello. No hay democracia con tácticas rastreras

2022: Escribo este texto en un avión, en el móvil, de camino al tanatorio, para  despedir a mi madre. Inocentemente, yo creía que la lucha, las penurias, los sacrificios de mi padre, de mi madre, y de muchas otras personas, habían servido para que viviéramos en una sociedad democrática, para que dejáramos la dictadura atrás, para que mi hija pudiera vivir en una sociedad abierta, plural y tolerante.

Una sociedad que hiciera suyo aquel aforismo atribuido a Voltaire: «Puedo no estar de acuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo».

Pero no.

Hoy, en 2022, desde un partido en el Gobierno se congratulan de controlar la universidad mediante amenazas, se alegran de estar consiguiendo que no se escuchen otras voces que las suyas.

Esto me toca muy de cerca. Jamás he sido condenada por plagio, pero en varios medios cercanos a Podemos se publicó que yo había sido condenada por plagio. Se referían al libro Mujeres Extraordinarias. No podían retirar el libro, pero podían iniciar una campaña de desprestigio que supusiera su retirada de librerías. Y desde luego, fue muy llamativo que en el siguiente libro fuera casi imposible conseguir que nadie me entrevistara. Se me había vetado en medios. Numerosos periodistas le explicaron a mi jefa de prensa que no pensaban entrevistar a «una plagiadora».

De nuevo, como no podían retirar el libro por vía legal, optaban por otras vías.

No hay democracia con totalitarismo en el Gobierno

No podemos mantener en el Gobierno a un partido que se enorgullece de haber conseguido, mediante la violencia, la amenaza y la intimidación, cancelar una presentación de un libro en una universidad. No podemos mantener en el Gobierno a un partido cuyo líder organizó un escrache para impedir que una mujer diera una conferencia.

No podemos mantener en el Gobierno a un partido cuyos esbirros organizan campañas de desprestigio organizadas contra los y las intelectuales que osen discutir lo que para ellos es la verdad.

No hay democracia sin justicia independiente

Por si esto fuera poco, ahora continúan con su ya sobado discurso contra la justicia española.

Contra la justicia española, que será lo que ustedes quieran, pero que es muchísimo más garantista o respetuosa que la de países como Argentina o Venezuela, a quienes ellos veneran. Y que es muchísimo más garantista, desde luego, que la de EEUU, que ellos supuestamente no respetan, pero cuyo discurso están siempre copiando.

Y de ahí, de la copia del discurso woke estadounidense, la inconsistencia de insultarte llamándote «blanca» (como hacen los negros o los chicanos americanos) cuando ellos son mucho más blancos que tú.

Aquí, en España, tenemos a un ex vicepresidente, todavía líder de un partido en el Gobierno, llamando «Okupa» al CGPJ y amenazando a toda una ministra de justicia. Ah, y de paso, confirmándose lo que muchos ya sabíamos: que a Carmen Calvo la cesaron por oponerse a la ley trans.

Dejando aparte que le ha salido mal el insulto – porque se supone que el partido que él lidera está a favor de la okupación-  el insulto trapacero y el berrinche pueril contra el CGPJ viene porque el CJPJ le ha advertido a Irene Montero de lo que le llevábamos muchas advirtiendo desde hace dos años:

Que su proyecto de ley es anticonstitucional.

Por decirlo, a mí me correspondió el dudoso honor de recibir el Premio Ladrillo por «tránsfoba» textual entre gritos de «terfa» (un insulto) y «plagiadora» y con la Ministra riendo a carcajada limpia, y aplaudiendo como una niña de dos años ante el espectáculo de los payasos El CGPJ le advierte a la mujer del ex vicepresidente de que la auto identidad registral del sexo conculca el principio de igualdad, artículo 14 E.  

Esto supone un notable detrimento del derecho a la igualdad y del principio de seguridad jurídica. 

Llevábamos tiempo advirtiéndolo. Y por eso hemos sufrido cancelaciones, boicots, amenazas, campañas de desprestigio. Ahora lo que decíamos se ve claro y cristalino en la propuesta de informe del CGPJ: el Consejo advierte de que la ley trans vulnera los derechos de mujeres y menores.

Y no sé si esto lo dice el CGPJ, pero lo añado yo: la ley trans también vulnera los derechos de personas discapacitadas, personas que deben pasar años y un auténtico calvario burocrático para que se les reconozca su identidad, mientras que para cambiarte de sexo en el registro basta con tu propia palabra. 

Iglesias está utilizando su posición pública y su tribuna de tertuliano pagado muy por encima de las tarifas habituales, y está utilizando la posición de su mujer como cabeza ¿pensante? y visible de un ministerio hiperdimensionado e hipersubvencionado para destrozar la imagen del CGPJ.

Y para generar una inestabilidad política inédita, incluso justificativa, del acoso, de la censura, del miedo, de la violencia en las calles, en la Universidad… Justificativa del fascismo, señores, porque también hay fascismo de izquierda.

Fascismo de izquierda es un término sociológico y filosófico  que se usa para describir aquellas tendencias en las políticas de izquierda que coinciden con la ideología del fascismo. Piensen ustedes por ejemplo en las similitudes entre el fascismo italiano y la construcción del estado soviético de la década de los años 1920, en la comunidad de intereses del pacto Ribbentrop-Molotov entre la Alemania Nazi y la Unión Soviética, en las purgas de Lenin, en el totalitarismo de Mao Tse Tung, en  los crímenes del régimen de Pol Pot en Camboya, o en los regímenes dictatoriales de Libia , Egipto, Sudán del Sur o Camboya….

 Y lean ustedes a Horowitz.

No podemos salir de una dictadura para entrar en otra

No, señores y señoras. No podemos salir de una dictadura para entrar en otra. Y no hablo de una dictadura comunista, porque en Podemos no son comunistas. Ni siquiera tienen una ideología clara.  

Son de izquierda, pero de izquierda autosentida. 

Igual que ahora si te llamas Pedro, y tienes barba y una voz de camionero, el pecho plano como una tabla y unas espaldas de 50 cm, puede decir que eres mujer porque te sientes así, ahora eres izquierda porque te sientes así. Pero ellos no son ni izquierda ni derecha, sino todo lo contrario. Su ideología es el grupo, el amiguismo, el porque yo lo valgo, el estás conmigo o estás contra mí…

Y si estás contra mí, entonces recurriré a cualquier táctica rastrera y antidemocrática para eliminar de la universidad, de los medios o de la calle a los que considero mis enemigos.

Esta gente se pasa la vida arremetiendo contra lo que ellos llaman «el régimen del 78». Porque les molesta que las personas que supieron aparcar sus diferencias para ponerse de acuerdo y redactar una Carta Magna sean infinitamente más democráticos que ellos. Porque la Constitución del 78 reconoce un derecho a la libre expresión que ellos desearían fervientemente eliminar. Libertad de expresión sí, pero solo para mí y para mis amigos.

Y porque nuestra Constitución es garantista, y se trata básicamente de un texto conciliador y tolerante, de un marco fomentador de la unión frente a la diferencia.  

Digámoslo alto y claro: esta gente que siempre está con la palabra fascista a flor de labios… son los más fascistas de todos. Y deberíamos empezar a decirlo ya, a boca llena y sin complejos. Podemos son fascistas de fondo, y matones de barrio de forma. Y es una vergüenza que gente como está tenga peso dentro de un gobierno que se llama a sí mismo democrático.

Fuente: Lucía Etxebarria – The Objective

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