El PP teme que VOX crezca más si aguanta las elecciones en Andalucía

El presidente de la Junta recibe un goteo incesante de llamadas de empresarios preocupados por la crisis y hay temor porque la falta de presupuesto “maniate” al Gobierno andaluz.

“Estamos maniatados”. Es lo que traslada el Gobierno andaluz de Juan Manuel Moreno en un paso claro hacia la convocatoria electoral de elecciones en junio. Aunque el argumento central para explicar ese adelanto, de carácter técnico y de apenas cuatro meses, es económico, el deterioro por la crisis, la inflación y la rigidez del Gobierno andaluz de actuar con un presupuesto de 2021 prorrogado, la razón política más poderosa mira a Vox. En el PP calculan que el malestar social por la crisis va a seguir subiendo hasta verano, atendiendo a las previsiones del Banco de España que hablan de una inflación sostenida en el 10% varios meses. En esa indignación de la calle es donde el partido de Santiago Abascal más crece. Alargar la legislatura andaluza hasta verano podría poner a Juan Manuel Moreno en otoño ante un Vox aún más fuerte que ahora y con un discurso aún más ultra y desafiante hacia el PP.

Las encuestas aseguran que el partido de la extrema derecha en Andalucía podría rondar con facilidad una cifra por encima de los 20 diputados. En diciembre de 2018, cuando por primera vez entró en las instituciones españolas, logró 12 diputados en el Parlamento andaluz. Hoy son 11 porque una de las diputadas saltó al Grupo Mixto como no adscrita y ahora porta los símbolos de Falange Española por la Cámara. El último sondeo del Centro de Estudios Andaluces, un organismo dependiente de la Consejería de Presidencia, apuntaba a 22 escaños para Vox y 44 para el PP. El diagnóstico es que en otoño, si sigue bullendo el magma de un estallido social, los de Abascal pueden estar por encima de esa cifra. “Puede parecer que los populismos están cerca de los ciudadanos, pero no es verdad. Están cerca de su malestar porque viven de él y aspiran a prosperar con él, pero ofrecen ruido, no soluciones. No hay futuro valioso para España en el radicalismo, ni en la impugnación de su realidad plural ni en la cancelación de su vocación europea”, señaló José María Aznar en su discurso en el XX congreso de Sevilla.

“Si estás permanentemente pensando en Vox, al final te contaminas de Vox”. Es lo que subrayan fuentes del Gobierno andaluz, que insisten en que no van a obsesionarse con encontrar el momento en el que el partido de Abascal pueda estar más fuerte o menos en la comunidad para convocar elecciones. Siempre hay dudas y nadie oculta que “el principal adversario electoral para el PP ahora mismo en Andalucía es Vox”. Por eso sí que es un factor de peso a la hora de decidir la fecha de las elecciones.

En el congreso del PP en Sevilla, que coronó el tándem de Galicia y Andalucía en el partido, Vox fue el elefante en la habitación, el partido que nadie mencionó, pero que estaba ahí en cada discurso. El PP de Alberto Núñez Feijóo, que aún no ha desvelado si acudirá o no a la investidura de Alfonso Fernández Mañueco en Castilla y León el próximo lunes, que presidirá el primer Gobierno de coalición con Vox en España y el primero con la extrema derecha en Europa, evita mirar de frente al partido de Abascal. Es la estrategia. Marcar diferencias, señalar que el PP es un partido que defiende la Constitución, el Estado de las Autonomías, la Unión Europea, pero no aclarar la política de pactos. Entre otras cosas porque saben que, como en Castilla y León, pueden necesitar a Vox para sumar y formar Gobierno.

El mensaje de Feijóo, como el de Moreno, es que no quieren llegar con sumas a los gobiernos sino con un Ejecutivo monocolor. Otra cosa es la aritmética parlamentaria que de verdad arrojen las urnas y todo indica que el PP necesitará a Vox para formar gobiernos. En esta nueva etapa, los populares dibujan un partido que jugará en el centro para ensanchar su base electoral a derecha e izquierda. Hacen un mal diagnóstico de la situación del PSOE andaluz y hablan de una izquierda hundida.

En el rumbo del PP nacional, tras la etapa de Pablo Casado, puede ser nuevo, desde luego en el de Moreno en Andalucía no lo es. El presidente andaluz lleva años jugando en el centro político, pese a sus alianzas con Vox desde la investidura como socio prioritario en el Parlamento. El líder andaluz nunca ha ocultado que su proyecto pasa por pescar en el caladero del socialismo desencantado, crecer en el votante andaluz que desconfía del sanchismo.

En el PP andaluz están convencidos de que Vox no solo le roba votantes a sus siglas, sino que también, sobre todo en el medio rural, se lleva mucho voto abstencionista, incluso de quienes alguna vez hace años fueron votantes de la izquierda. Es algo que atestiguan muchos alcaldes socialistas en pueblos de Andalucía, que certifican que “los hijos de quienes nos votaban a nosotros son los que votan ahora a Vox”, dejando claro que se desdibujan las fronteras de los bloques y que este partido en la extrema derecha del arco parlamentario es capaz de captar voto de obreros, gente del campo, perfiles de votantes que se sienten abandonados por el resto de siglas y que rezuman indignación. Algo que crece en el actual momento de deterioro económico, con la clase media y baja como los principales pagadores de la inflación agravada por la guerra de Ucrania.

“90.000 socialistas con Moreno”

En el equipo de Moreno aseguran que, si el PP crece, pasaría de 27 escaños a 44, según las estimaciones, pese a que Vox dobla sus resultados, es porque el presidente andaluz ha conseguido aquilatar un perfil de hombre moderado de centro que no despierta rechazo en el electorado de centroizquierda. “Hay 90.000 votantes socialistas que pueden coger la papeleta del PP en Andalucía, que nos votan”, aseguran en las filas populares. Moreno lleva ya dos años repitiendo eso de que él de joven iba a los mítines de Felipe González y que con aquel socialismo podría pactar. “El mensaje del PSOE es refractario”, insisten en el PP andaluz, convencidos de que ellos ya no dan miedo, nadie se cree eso de que venían a privatizarlo todo y acabar con los servicios públicos, a desmantelar el estado del bienestar. “Cuando el presidente pisa la calle, va a los hospitales, le piden mejoras, le afean cosas que podrían mejorar, pero siempre está la coletilla de ‘pero anda que con los otros”, aseguran en el equipo de Moreno convencidos del deterioro del PSOE y del Gobierno de Pedro Sánchez.

En este sentido, avanzar que la estrategia del PP en la campaña electoral apelará al voto útil, a convencer a ese ciudadano de centroizquierda de que caben dos posibilidades en la Junta: o un Gobierno del PP o un Gobierno del PP con Vox. Mientras que el PSOE y el resto de la izquierda trasladarán el mensaje de que votar al PP es hacer a Vox vicepresidente de la Junta de Andalucía, Moreno jugará con ese mensaje a la inversa, insistiendo en que, si lo votan a él y obtiene una mayoría suficiente, Vox será inútil y no tocará poder en el futuro Gobierno.

La despedida y Cs

El ambiente en el Parlamento andaluz este jueves tenía aroma a despedida. Los que más dejaban entrever el adiós eran los diputados de Cs. Obtuvieron en diciembre 2018 un total de 21 escaños y hoy las encuestas más generosas vaticinan que tendrán dos escaños. La presidenta del Parlamento, Marta Bosquet, despedía a sus señorías con especial énfasis por lo que pueda pasar, y la portavoz del grupo parlamentario naranja, Teresa Pardo, le decía al presidente que ellos quieren jugar hasta el final del partido.

Parece que el pitido final no será para octubre sino después de Semana Santa. Es ahí cuando tiene que convocar el presidente andaluz, quien tiene la potestad de pulsar el botón de las elecciones andaluzas. El argumento oficial es económico. La inflación, la crisis agravada por la guerra de Ucrania, el deterioro económico y la caída de las previsiones de crecimiento dibujan un panorama oscuro hasta el verano. Moreno insiste cada dos frases que él no piensa en su interés particular, sino en lo que sea mejor para los andaluces. A nadie se le escapa que en todas las variables que maneja un presidente para decidir la fecha de las elecciones influye lo que más beneficie a sus siglas políticas. Sería absurdo por irreal pensar otra cosa. “Tiene dudas”, dicen los suyos. Desde fuera, se ve poca indecisión ya.

Fuente: Isabel Morillo – El Confidencial

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