La mujer que estuvo una noche en el calabozo por sentarse frente a una clínica abortiva

Silvia Ramírez tuvo que pasar una noche en comisaría por sus convicciones: estar frente a una de las mayores clínicas abortivas de nuestro país. Su compañero de celda fue el doctor Jesús Poveda.

«Debería estar asustada. Me han metido en el calabozo y me han encerrado bajo llave con un tipo ‘considerado peligroso’; Jesús Poveda».
 
De esta forma comienza contando Silvia Ramírez, activista en favor de la vida, su relato de las siete horas que estuvo junto al médico antiabortista más famoso de nuestro país.
 
«Me han esposado, me han conducido a comisaría, me han despojado de todos los objetos personales que llevaba encima: cinturón, cordones, medallas, documentos y hasta el sostén, porque llevaba aros. Voy hecha una piltrafa, arrastrando las playeras para que no se me salgan y sujetándome los pantalones para que no perderlos por el pasillo. Me toman las huellas dactilares, me cachean un par de veces y, como aun delincuente cualquiera, me encierran tras unas rejas».
 
A poco menos de 24 horas para que comience la Marcha ‘Sí por la Vida’, Ramírez cuenta, entre divertida y nostálgica, los hechos que acontecieron hace ya más de 14 años y que ahora vuelven a repetirse por delitos de conciencia, donde la policía del miedo, instaurada por la ministra Montero, espera encarcelar y multar a todo aquel que sea sospechoso de rezar frente a una clínica abortiva.
 
«Todo empezó por sentarnos ante la Dator, que comete miles de asesinatos de niños al año, y por negarnos a levantarnos cuando nos lo pide la Policía. Eso fue todo. Resistir pasivamente. ¿El resultado? Un juicio y siete horas en un lugar donde no hay absolutamente nada, ni siquiera baño, por lo que tuvimos que pedir permiso antes de que nos encarcelasen». «Y aunque resulta cómico –dice Ramírez– deja de serlo cuando te poner a pensarlo fríamente».

«Es mi amigo y nos han detenido»

Cuando narra aquel momento con el doctor Poveda, Ramírez dice que se soltaron algunas carcajadas por inverosímil de la situación. «Nos hacía gracia que a dos defensores de la vida nos quitasen hasta los cordones por si nos ahorcábamos con ellos. ¡A dos defensores de la vida!».
 
Respecto a todas las polémicas que giran en torno a Poveda, detenido en más de 20 ocasiones por lo mismo, esta defensora de la vida dice: «No es un delincuente». «Es un médico y profesor de psiquiatría que dedica su vida a ayudar a los demás, a acompañar a mujeres embarazadas y sus hijos. Se dedica, continuamente, a salvar», señala. Respecto a ella, al verse en esa situación, apunta: «¿Yo? Soy una ciudadana cualquiera que trabajaba con niños en un parque de bolas donde celebraban sus cumpleaños y van a pasárselo bien». «El ser humano es fascinante y merece ser cuidado y querido, dignificado».
 
«Todos los niños –continúa Ramírez–, tengan síndrome de Down, sean ciegos, cojos o lo que sea, tienen derecho a ser queridos y atendidos por sus padres, y si estos no pueden o no quieren hacerse cargo de ellos, que al menos sean dados en adopción a familias que desean acogerlos con todo su amor y generosidad».

Sobre los ecos de la Marcha por la Vida

Cuando ahora, 14 años después de su mal trago, le preguntamos por la situación actual dice: «Quiero vivirla con esperanza porque en el fondo muchas mujeres no quieren abortar, quieren ser ayudadas. Quieren un trabajo, una vida estable y un mundo bonito con valores donde crezcan sus hijos. Y cambiar eso está en manos de cada uno de nosotros». Sobre los ecos que espera que deje esta nueva convocatoria, impulsada por más de 500 asociaciones de todos los ámbitos, confía en que «cale hondo, sobre todo en los corazones duros. Porque nos hemos vuelto muy egoístas. Y por ese camino vamos todos mal. Espero que sirva para mirar en positivo, y darle un ‘Sí a la Vida’».
 
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