España lidera el índice de la miseria en el mundo desarrollado: así funciona el termómetro de la estanflación

  • Este índice se ideó en los años 70 y se obtiene sumando el paro y la inflación

  • España ha ocupado tradicionalmente puestos elevados en este ranking

  • El todavía elevado paro (aunque baje) y la alta inflación lo llevan al alza

La década de los 70 supuso tal shock mundial a nivel económico, que ahora cada vez que la inflación asoma la cabeza se buscan similitudes con aquella época. Atendiendo a los datos, el momento actual es el más cercano a aquella época, caracterizada por una elevada inflación y un lacerante estancamiento económico. Una pandemia mundial y una guerra en suelo europeo 70 años después, las similitudes son evidentes. Este regreso al pasado hace recuperar herramientas económicas que marcaron aquel período. Una de ellas es el Índice de la Miseria, que suma la tasa de inflación y de desempleo de cada país, sirviendo de termómetro para la estanflación.

Según los datos de Ned Davis Research, un 87% de los países en los que se elabora el índice está por encima de sus máximos de los últimos cinco años. En el caso de España, la tendencia es, cuando menos, preocupante. Resulta complejo encontrar una combinación más dañina que unos precios al alza y unos niveles de desempleo también elevados. Esta combinación supone la erosión directa del poder adquisitivo de las familias.

Precisamente en los 70 el economista Arthur Okun creó el referido índice de miseria para tener una foto fija de la situación económica de un población sacudida por altos niveles de inflación y desempleo. “Sin tomar partido sobre si la inflación o el desempleo era el ariete más importante del sentimiento público, Okun se limitó a sumarlos para elaborar el índice. Cuanto más subía, más desgraciada se sentía la gente, independientemente de la causa, y viceversa cuando el índice bajaba, arrastrado por un menor desempleo o por la inflación, o mejor aún, por ambos”, explica Bob Schwartz, economista sénior de Oxford Economics para EEUU.

España, a la cabeza de la ‘miseria’

España ocupa la primera posición de esta índice dentro de los países desarrollados con una puntuación de 19,83. Los economistas del Instituto Fraser publican anualmente los resultados de este ranking agrupando a los países avanzados y excluyendo a las economías en desarrollo y subdesarrolladas, puesto que suelen presentar unos datos extremadamente altos que distorsionarían el análisis y la comparación entre economías más homogéneas.

Índice de la miseria: ranking de países desarrollados

Si se confeccionase un índice en tiempo real (los últimos datos de paro e inflación), la puntuación de España superaría los 20 puntos y ensancharía su diferencia con el resto de países desarrollados. La inflación está presentando unas tasas de variación en España que se encuentran a la cabeza de los países europeos (salvo los bálticos y algunas economías del este), mientras que la tasa de paro sigue siendo la segunda más alta del Viejo Continente (solo por detrás de Grecia).

Tasa de paro por países

Los países desarrollados ocupan tradicionalmente las posiciones más bajas de este índice, en gran parte, gracias a unas bajas tasas de inflación producto de la independencia y credibilidad de sus instituciones, principalmente de la banca central, y a una demografía favorable y menos tolerante con las subidas de precios.

Este índice olvidado en las últimas décadas vuelve a cobrar relevancia ahora que la inflación está repuntando de forma casi generalizada a nivel global y el poder adquisitivo de los trabajadores se encuentra en serio peligro. Desde el instituto canadiense Fraser destacan en su último informe sobre este índice que “afortunadamente, el índice de miseria casi desapareció a principios de la década de 1990 cuando la inflación se controló y se mantuvo baja, y el desempleo en la mayoría de los países tendió a la baja. Sin embargo, ahora existen preocupaciones reales sobre el aumento de la inflación y el desempleo en los países industrializados, por lo que el Índice de Miseria vuelve a estar en los debates”.

Chris Iggo, CIO Core Investments de AXA IM, pone el acento en la lectura que da ahora mismo el indicador: “Según las previsiones del consenso de 2022, el índice de miseria seguirá estando por encima de las medias anuales recientes”. “Los efectos de la crisis energética se dejarán sentir en todo el mundo”, añade el experto, que advierte: “Las previsiones se están recortando y en nuestra última revisión trimestral se mencionó por primera vez la recesión”.

Tasa de inflación media en 2021 por países

Iggo explica que “el entorno macroeconómico actual es difícil”, ya que “hacía mucho tiempo que los inversores no tenían que enfrentarse tanto a la inflación como al debilitamiento del crecimiento”, una situación “bautizada como periodo de estanflación” sobre la que comenta que “el índice de miseria es más alto cuando hay estanflación”. Con todo, Iggo señala que “la miseria podría ser peor si fuera el desempleo el que aumentara además de la inflación”.

El pico de los 90

No es la primera vez que este índice envía señales alarmantes y menos para el caso de España, que históricamente ha sido un país que ha sufrido grandes movimientos en la inflación. Durante la crisis de los 90, el nivel de ‘miseria’ en España se disparó por las dos vías: un fuerte auge del desempleo (que rozó el 25%) y una potente subida de la inflación (llegó al 6,5%) producto de las devaluaciones de la peseta en el 92 y el 95.

Estas devaluaciones se produjeron ante la dificultad de la peseta española para mantenerse en el rango de fluctuación acordado con el marco alemán en el proyecto de convergencia para poner los pilares de lo que más tarde sería el euro. Las devaluaciones suelen presionar al alza los precios interiores ante un encarecimiento relativo de las exportaciones: se necesitaban más pesetas para importar bienes y servicios denominados en otras divisas. El índice tocó los 29,55 puntos (como se puede ver en el siguiente gráfico), la segunda cota más alta de la historia.

El máximo de los 70

No obstante, fue entre mediados y finales de los 70 cuando España alcanzó su máximo en el índice de la miseria con un pico superior a los 33 puntos en 1977. El país, inmerso en la Transición tras 40 años de dictadura franquista, afrontaba una inestable coyuntura política y a la vez dificultades económicas mezcla de los problemas internacionales y de la caducidad del modelo económico nacional.

Nada más vencer en las elecciones constituyentes de junio del 77, Adolfo Suárez y su gobierno monocolor con la UCD se encontraron, además de la cuota de conflictividad social que acompañó a la Transición, una frágil coyuntura económica derivada, no solo pero sobre todo, de la crisis del petróleo de 1973. España tardó más en sufrir los efectos de este azote mundial que fue la decisión de los países árabes de la OPEP de no exportar petróleo a EEUU y sus socios de Europa Occidental por haber apoyado a Israel en la Guerra del Yom Kipur ese mismo año.

Con una inflación que había superado ya la tasa del 26% y se acercó al 30% durante el año, unos tipos de interés que llegarían a sobrepasar el 20%, la amenaza de fuga de capitales y un paro que había pasado de 300.000 personas a más de 700.000 en cuatro años, Suárez tanteó al PCE de Santiago Carrillo y al PSOE de Felipe González -el orden es importante- para buscar un marco de estabilidad entre las principales fuerzas políticas a la vez que su vicepresidente, Enrique Fuentes Quintana, le aconsejaba y exploraba las opciones existentes.

Tras prolijas negociaciones, el 25 de octubre de 1977 se firmaron en el Palacio de la Moncloa dos grandes acuerdos. El pacto económico incluyó medidas como un límite de incremento salarial del 22% (tasa de inflación prevista para 1978), despido libre para un máximo del 5% de las plantillas de las empresas, el derecho a la asociación sindical, una política monetaria eficaz para contener la galopante subida de los precios, las bases de un moderno sistema tributario que desembocaría en el IRPF o la implantación de un nuevo sistema financiero vertebrando la acción del Banco de España.

En materia de libertades públicas, el acuerdo contempló la eliminación de aspectos legislativos que habían preponderado en el franquismo: se eliminó la censura previa en la prensa, se creó el delito de torturas y se ampliaron derechos como el de reunión, asociación política o libertad de expresión.

Las medidas surtieron efecto y para 1979 el índice de la miseria había descendido claramente. En la primera mitad de los 80 volvería a subir -no tanto como en la década anterior- en medio de las políticas de reconversión industrial lideradas por el Gobierno de Felipe González que aumentaron inicialmente el paro en el sector de cara a la entrada en 1986 en la Comunidad Económica Europea, antesala de la actual Unión Europea. Entre finales de los 80 y principios de los 90 el índice volvería a bajar claramente.

El caso de EEUU

La relevancia del índice de la miseria se puso de manifiesto con la dureza que supusieron también para los estadounidenses los 70. El citado boicot petrolero árabe y el consecuente aumento de los precios del crudo hicieron que el índice se disparara en dos ocasiones durante un periodo en el que se alternaron episodios de aceleración de la inflación y del desempleo, y a veces de ambos.

En el punto máximo del índice, 19,9, a mediados de 1975, la inflación era del 11,8%, combinada con una elevada tasa de desempleo del 8,1%. El intenso nivel de miseria se extendió a principios de 1980, cuando el índice alcanzó un máximo del 21,9%, gracias a una tasa de inflación del 14,4% unida a una tasa de desempleo todavía elevada del 7,8%.

 

Evolución del índice de la miseria en EEUU

Pese a shocks posteriores como la guerra del Golfo a comienzos de los 90, el estallido de la burbuja puntocom o la gran crisis financiera, ha sido la pandemia de covid la que ha impulsado al índice a máximos de épocas pretéritas. El repunte en 2020 fue mucho más agudo y rápido que cualquier otro aumento anterior, pasando de 5,9 a un pico de 15,1 en sólo un mes -de marzo a abril-, en contraste con el período de aproximadamente tres años desde el valle hasta el pico que marcó los dos aumentos del índice hace más de cuatro décadas.

El impacto de la pandemia hizo que la economía se bloqueara bruscamente y llevó la tasa de desempleo a un máximo de la Gran Depresión, el 14,4% en abril de 2020 desde un mínimo de 50 años, el 3,5%, sólo dos meses antes. A diferencia de los aumentos anteriores, esta vez la inflación no desempeñó ningún papel. Lo curioso ha venido después. Tras capear lo peor de la pandemia. EEUU se ha abonado a la recuperación y el desempleo ya se sitúa en el 3,8%, muy cerca de los niveles prepandemia.

Lo que impulsa ahora al alza el índice es una desbocada inflación que encuentra su precedente en los inicios de los 80 y que no solo no amaina, sino que amenaza con encostrarse a medida que la guerra en Ucrania sigue empujando al alza los precios del petróleo.

Fuente: Mario Becedas/Vicente Nieves/Javier Barriocanal – El Economista

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