Moncloa y PSOE empiezan a cuestionarse la estrategia del miedo a la ultraderecha

El partido de Santiago Abascal crece en zonas consideradas feudos socialistas del mundo rural.

Ni funcionó en las elecciones autonómicas madrileñas ni en las de Castilla y León. Vox se ha convertido en una china en el zapato no sólo para el Partido Popular, y grande, sino también para el PSOE. La estrategia del miedo a la ultraderecha «sólo da votos al partido de Abascal«, empiezan a temer en Moncloa y Ferraz distintos dirigentes consultados por El Independiente. Vox es un partido en ascenso y los ataques de la izquierda no hacen más que alimentar un cierre de filas convirtiéndolo en la formación con mayor fidelidad de voto del tablero político.

La siguiente prueba es Andalucía y, si bien en un principio los socialistas creían tener la campaña hecha azuzando el miedo a Vox, en general, y a Macarena Olona, en particular, comienzan a replantearse en este territorio la opción de focalizar los mensajes en la gestión del presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno. Pero no sólo, porque Juan Espadas también espera poder ofrecer propuestas en positivo para el futuro andaluz, tras la traumática salida del PSOE-A del gobierno autonómico tras 37 años instalados en el poder.

Ya no es sólo un problema para el PP

Además, Vox ha abierto un frente al PSOE en las zonas rurales andaluzas, donde el socialismo era imbatible. Es el caso de Huelva, lo que explica la abstención del PSOE-A -con enorme disgusto de Ferraz- para convertir en regadíos zonas limítrofes al Parque Nacional de Doñana. En definitiva, el crecimiento del partido de Abascal no solo refuerza las mayorías de la derecha, sino que, además, araña votos en algunos graneros socialistas. Ya no es sólo un problema para el PP.

Es evidente que «no podremos dejar de alertar del riesgo de la ultraderecha», o de la «derecha extrema» como prefiere definir a Vox otro destacado dirigente nacional, pero sin focalizar la campaña en un mensaje que ceba a los de Santiago Abascal y no sólo les permite sumar mayorías absolutas con el PP, sino, incluso, entrar en los gobiernos autonómicos tal y como pasó en Castilla y León con Alfonso Fernández Mañueco. «No soy partidario de estar todo el día hablando de la ultraderecha», admite uno más.

En Europa, los compañeros de viaje de Abascal se sitúan en torno al 20 por ciento de voto

Existe el temor fundado de que el partido de ultraderecha no ha tocado todavía techo. Y que en Europa, los compañeros de viaje de Abascal se sitúan en torno al 20 por ciento del voto. Se trata pues, «de no ayudarles para que sigan creciendo».

Lejos han quedado esa época en la que Pedro Sánchez jugaba a engordar la cuenta de resultados de Vox para debilitar a los populares como alternativa. El presidente del Gobierno llegó a condicionar su participación en los debates electorales televisados de la campaña de las generales de abril de 2019 a que Santiago Abascal estuviera también presente, a pesar de carecer por aquel entonces de escaños en el Congreso de los Diputados. Tuvo que ser la Junta Electoral Central la que cortocircuitara esa posibilidad.

Pero hubo más, porque Sánchez llevó a España a unas nuevas elecciones en noviembre de ese año a sabiendas, antes de convocar, que todos los sondeos auguraban un espectacular crecimiento de Vox, que, efectivamente, pasó de 24 a 52 escaños

De momento, Abascal ha hecho una demostración de fuerza en la calle aprovechando la movilización del campo con la convocatoria de una manifestación, el sábado pasado en Madrid, para protestar contra la subida de la luz, el gas y las gasolinas. Esta vez no se unió el PP, que prefirió secundar la protesta de las organizaciones agrarias del domingo y, de este modo, no dejarse arrastrar por su más directo adversario electoral.

Vox ha hecho una demostración de fuerza en la calle con las manifestaciones del campo

Los populares también llevan tiempo debatiendo qué estrategia adoptar con respecto a Vox porque hasta ahora ninguna de ellas les ha funcionado. Un dirigente territorial andaluz lo resume en «tratarlos como a uno más, sin ignorarlos pero tampoco centrándonos en ellos», aunque resulta una ecuación complicada si hay que pelear por una base electoral coincidente y luego tenerlos de compañeros de Ejecutivo. Para ello creen necesario «normalizar que, del mismo modo que se pacta con Podemos o Bildu, se puede hacer con Vox».

Sin embargo, declaraciones como las del consejero de Sanidad de Andalucía, Jesús Aguirre, asumiendo el concepto de «violencia intrafamiliar» que esgrime Vox para negar la violencia de género o violencia machista, no ayudan tampoco a la estrategia popular.

Mientras tanto, en Vox aseguran que hay muchos territorios en los que ya han sorpassado al PP y van posicionándose como segunda fuerza política tras el PSOE. La virulenta crisis del PP, con la defenestración express de Pablo Casado, ha debilitado al primer partido de la oposición. Está por ver cómo son las relaciones con Alberto Núñez Feijóo. En el entorno de Abascal creen que mejorarán tras los «bandazos» de Casado, por entender que el gallego «tiene una estrategia más clara».

Fuente: Cristina de la Hoz – El Independiente

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