La llamada de Mañueco a Abascal que gestó el pacto: “O cerramos todo o elecciones”

El presidente de Castilla y León accedió a las exigencias de Vox tan solo unas horas antes del inicio del pleno. El PP cede la vicepresidencia y tres consejerías en el futuro Gobierno autonómico.

Nueve y media de la mañana. Es la hora a la que este jueves comenzó a gestarse un pacto que tan solo unas horas antes parecía impensable. El ultimátum que los de Santiago Abascal lanzaron la noche del miércoles parecía situar a PP y Vox en posiciones irreconciliables. Alfonso Fernández Mañueco, sin embargo, permanecía silente. Hacía poco tiempo que había amanecido en Valladolid. El presidente en funciones no quería perder tiempo y, cuando estaba de camino a las Cortes, buscó el contacto de Abascal en su agenda. Cada minuto que pasaba jugaba en su contra. No quería intermediarios. “O cerramos todo o elecciones”, le dijo. Era todo o nada.

Pero el presidente de Vox no cedió a la primera. Por teléfono, le trasladó al barón popular que no renunciaría a ninguna de sus exigencias. La “línea roja” estaba trazada desde el principio: no aceptaría “ni más ni menos” que lo que el PP concedió a Ciudadanos en 2019. Entonces, los naranjas obtuvieron un procurador menos, y aun así lograron la presidencia de las Cortes, la vicepresidencia del Gobierno y tres consejerías. La contundencia de Abascal despejó el camino a Mañueco. Aceptaría, no sin antes discutir los términos con Juan García-Gallardo y el resto del equipo de Vox en la región.

El tiempo apremiaba. A menos de dos horas de que arrancase la sesión constitutiva de las Cortes, no había nada cerrado. Casi al instante de colgar el teléfono a Santiago Abascal, telefoneó al que pronto se convertirá en su vicepresidente. Gallardo se encontraba en la cafetería de las Cortes junto a algunos compañeros cuando recibió la llamada apremiante de Mañueco. Les esperaba en su despacho para discutir y cerrar un acuerdo “histórico”, que sentará a Vox en su primer Gobierno autonómico.

El presidente de la Junta había cedido en el reparto de consejerías, pero aún quedaba por pulir el acuerdo programático. El reloj avanzaba rápido y, al principio de la reunión, todo parecía imposible. “Yo soy abogado. Sé trabajar bajo presión“, animaba García-Gallardo, un desconocido en la vida pública que, ahora, se sentará a la derecha de un presidente autonómico.

Los nervios estaban a flor de piel. Los escollos en el programa eran evidentes. Mañueco no transigiría con la derogación de la Ley de Memoria Histórica o con una legislación específica para expulsar a inmigrantes ilegales. Tanto Gallardo como el enviado en la sombra de Vox para las negociaciones en Castilla y León, Kiko Méndez-Monasterio, aceptaron, no sin antes consultar cada movimiento en el tablero con Santiago Abascal, que asistía en esos momentos al pleno en el Congreso de los Diputados. El resultado ha sido un documento de 32 puntos y 11 “ejes de Gobierno” lleno de generalidades, a medio camino entre las posturas ideológicas de ambos partidos.

Por ejemplo, el acuerdo contempla la aprobación de una “ley de violencia intrafamiliar” para igualar a “todas” las víctimas, una propuesta que, sin embargo, no anula la legislación vigente en materia de violencia de género. En materia de educación, el documento contempla una suerte de pin parental para eliminar el “adoctrinamiento ideológico” en las escuelas, otra de las armas negociadoras de Vox, pero tampoco especifica cómo se materializará. Incluye, además, líneas contrarias a la hoja de ruta de los de Abascal, como el eje que establece la “defensa” de los intereses en la región “en el marco de la Unión Europea”.

Una vez cerrado el programa, los equipos de PP y Vox procedieron a cerrar el resto de materias. En este aspecto no hubo bronca, sino “cordialidad” por ambas partes, según trasladan fuentes presentes en las negociaciones. El motivo no era otro que Alfonso Fernández Mañueco ya había asumido que no gobernaría en solitario, como mantuvo desde el primer día de campaña, y que lo primordial era acelerar las negociaciones para evitar que su acuerdo con Vox pasase factura al próximo presidente popular, poniendo distancia entre la consecución del pacto y la coronación de Alberto Núñez Feijóo, para lo que aún restan casi tres semanas.

Mañueco y Gallardo acordaron que la presidencia de la Mesa de las Cortes también sería para Vox. El puesto lo ocuparía Carlos Pollán, procurador de Vox en las Cortes. La formación ultra obtendría otro puesto en el órgano, la secretaría segunda, que ha recaído en la portavoz regional, Fátima PinachoFrancisco Vázquez (PP) y Ana Sánchez (PSOE) ocuparán las vicepresidencias primera y segunda, respectivamente.

Lo que no se acordó en la reunión contrarreloj era cómo quedaba la estructura de Gobierno. El presidente popular accedió a traspasar tres de las 10 consejerías a Vox, pero sin especificar cuáles. Fuentes cercanas a Alfonso Fernández Mañueco aseguran que el barón del PP está dispuesto a dar a los de Abascal exactamente las mismas consejerías que ocupó Ciudadanos hasta la precipitada convocatoria electoral del pasado mes de febrero, pero en Vox recalcan que no tienen por qué ser las mismas, aunque, en este caso, evitan poner líneas rojas en el reparto de sillones.

El acuerdo llegó tan solo 15 minutos antes de que comenzase el pleno. Tales eran las prisas que Mañueco y Gallardo ni siquiera rubricaron el pacto que acababan de cerrar antes de la sesión. Lo hicieron después, durante la primera rueda de prensa conjunta, en la que ambos dirigentes resaltaron el buen tono y la cordialidad con que se habían producido las negociaciones, a pesar de que la noche anterior, después de semanas intercambiando llamadas y documentos, todo parecía haber saltado por los aires. “Este acuerdo es un triunfo para todas las personas en Castilla y León”, celebraba Mañueco, que había dado a Vox la oportunidad “histórica” de torear en su primera plaza.

Fuente: A.B.R./P.G. – El Confidencial

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