España la gobierna Sánchez, no Putin

Desentenderse de la gestión propia es tomar el pelo a los españoles.

Venimos advirtiendo de la burda estratagema del Gobierno para culpar a Putin de la incompetencia propia. Según la consigna puesta en circulación por Moncloa, los españoles atravesaban una etapa de bonanza económica y sólida recuperación hasta que al autócrata ruso se le ocurrió invadir Ucrania, desencadenando efectos indeseables sobre los bolsillos de los ciudadanos. Ayer en el Congreso asistimos al despliegue retórico de este truco barato que Sánchez ya puso en marcha durante la pandemia y con el cual espera socializar la responsabilidad para evitar el desgaste personal -recordemos la llamada cogobernanza- y de paso anular el papel fiscalizador de la oposición, que será tildada de antipatriota si no renuncia a su papel y se entrega al respaldo sin fisuras del Gobierno: la guerra justificaría esta suerte de experimento transitorio de régimen de partido único.

Pero esa aspiración no es la que corresponde a una democracia sana. La inflación ya superaba el 6% antes de la invasión, el producto interior bruto de España cayó como el de ningún otro país durante 2020, se recuperaba más lentamente que nadie -pese al falaz triunfalismo que vendía Calviño- y las expectativas contenidas en los Presupuestos no resistieron el análisis de ningún organismo medianamente riguroso. El Ejecutivo estaba hace poco jactándose de que no dejaría a nadie atrás, de que saldríamos más fuertes y de que sus cuentas eran las más expansivas en gasto social de la historia, con guiños electoralistas a funcionarios y pensionistas mientras se desprotegía a las clases medias asalariadas y a las pymes. Pretender ahora que la culpa de todo es de Putin y quejarse de que el PP no arrime el hombro por señalar esa mentira es tomar a los españoles por idiotas.

La responsabilidad de que España esté peor preparada para afrontar las duras consecuencias de esta guerra pertenece a quien lleva cuatro años gobernando. Por supuesto que hay factores exógenos que complican las cosas, pero los españoles votan para que se les gobierne y para que quien gobierne asuma todos los resultados de su gestión, no para que se apunte los éxitos y endose los reveses a otros. Del mismo modo que cabe reconocerle al ministro Albares que se esté imponiendo a las tesis ingenuas de Teresa Ribera en lo tocante a la respuesta energética de futuro, también debe reconocer Moncloa la clamorosa división en el seno de la coalición entre las posiciones mayoritarias de los ministros socialistas y los de Podemos, enzarzados por orden de Pablo Iglesias en un fratricidio contra Yolanda Díaz al tiempo que ejercen de altavoces de la propaganda derrotista de Putin.

El panorama social y económico se va a complicar. El tiempo de la frivolidad debe dar paso a una cooperación adulta por el centro que orille a los extremos en los que Sánchez basa su poder. Esa etapa radical ha saltado por los aires con el nuevo tiempo geopolítico y el decidido reposicionamiento de una Europa unida. Sánchez debe buscar el apoyo del PP sin victimismo ni el doble juego de pretenderse moderado y conservar sus alianzas antisistema. Es hora de elegir. El precio de la energía seguirá subiendo, las medidas que habrán de adoptarse serán difíciles y en manos de socios extremistas no se puede dejar la gobernanza de un país en crisis.

Fuente: El Mundo 

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