La reforma laboral dispara un 195% el empleo temporal ‘enmascarado’ como indefinido

Hay tres veces más contratos fijos-discontinuos que antes de la pandemia, fórmula a través de la cual se pretende canalizar parte del empleo temporal y que representa ya un 15% de los contratos indefinidos.

La reforma laboral ha disparado un 195% los contratos fijos discontinuos, una fórmula a través de la cual se pretende canalizar parte del empleo temporal hacia el indefinido. Esta modalidad está pensada para trabajos estacionales o de temporada, con épocas de parón en los que los empleados dejan de trabajar y tienen que recurrir a la prestación por desempleo. De hecho, la única diferencia con los temporales es que estadísticamente son considerados como indefinidos y, por ende, tienen derecho a una indemnización por despido mayor.

En concreto, en febrero el Ministerio de Trabajo registró 47.588 contratos fijos discontinuos, representando un 15% del total de los contratos indefinidos (316.841), que se situaron en niveles récord. En el mismo mes de 2020, antes de la pandemia, estos contratos apenas suponían el 9% de los indefinidos (16.152 de un total de 178.193). Es decir, que estos contratos se han triplicado respecto a los niveles precovid y, además, han ganado peso en el empleo indefinido.

La variación mensual respecto a enero fue del 80%, pues en el primer mes de enero ya se inició esta tendencia al alza con 26.426 fijos discontinuos, un 90% más que en el mismo mes de 2020 (cuando estalló la covid-19) y un 58% más que en diciembre, según se desprende de las estadísticas que elabora el Ministerio de Trabajo a través de los datos del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE). En este sentido, en enero ya se percibió un crecimiento en el peso de los fijos discontinuos sobre el total del empleo indefinido registrado ese mes, ascendiendo al 11%.

Las fuentes expertas consultadas por Vozpópuli apuntan a que este aumento es fruto de la transformación de trabajos eventuales en indefinidos por la presión de la Inspección. «Es más un cambio estadístico que un cambio real en la calidad del empleo, pues el fijo discontinuo sigue siendo suspendido en periodos en los que no hay actividad», apuntan.

Las mismas fuentes señalan que parte del empleo indefinido discontinuo es un barniz del empleo precario e intermitente de los contratos por obra y servicio o del contrato por circunstancias de la producción. Por tanto, parte del crecimiento en la contratación indefinida sigue teniendo, en realidad, un componente temporal. De hecho, sólo 8.241 de los contratos fijos-discontinuos registrados en febrero eran convertidos desde otra modalidad temporal (no se especifica cuál), mientras que los iniciales o creados ascendían a 39.347.

Los contratos por obra y servicio, muy habituales en el sector de la agricultura y de en la construcción, y con los que la reforma laboral pretende acabar, se redujeron un 19% si se comparan con el mes anterior y un 31% respecto a febrero de 2020. De esta forma, representan todavía el 34% del total de los contratos temporales, seis puntos menos que antes de la pandemia.

Los otros contratos más masivos son los eventuales por circunstancias de la producción, que en febrero representaban el 52% de los temporales con 583.963 contratos registrados. En el mismo mes de 2020, la cifra ascendía a 710.723, con un peso en la totalidad de los contratos eventuales del 50%. Por tanto, la variación interanual en esta modalidad es del 18%.

La reforma laboral abre lo fijos discontinuos a las contratas

El Gobierno destacó este miércoles, tras la presentación de los datos, que por primera vez los contratos indefinidos representan el 22% de los registrados en el SEPE. «Estamos en unas cifras de contratación indefinida que carecen de precedentes, que se suman a las del mes anterior y que demuestran un cambio cultural en nuestro mercado de trabajo por el impulso de la reforma laboral», señaló Joaquín Pérez Rey, secretario de Estado de Trabajo.

Como caso de éxito, Pérez Rey destacó el sector agrícola, donde los contratos fijos crecen un 153% respecto a febrero de 2021, «una cifra sin precedentes y que demuestra que la opción de la reforma laboral que se puede hacer frente a las actividades estacionales y cíclicas sin poner en peligro la estabilidad en el empleo está empezando a dar sus frutos». Sin embargo, la nueva regulación amplía los casos en lo que se puede aplicar la figura del fijo discontinuo, pudiendo acogerse ahora los trabajos en contratas administrativas o mercantiles.

En diciembre de 2020 el Tribunal Supremo tumbó los contratos temporales ligados a subcontratas, dando carpetazo a la jurisprudencia que mantenía desde finales de los años 90. El Alto Tribunal señaló que quienes ofrecen servicios a terceros desarrollan su actividad esencial a través de la contratación con éstos y, por tanto, resulta ilógico sostener que el grueso de aquella actividad tiene el carácter excepcional al que el contrato para obra o servicio debe atender.

En cualquier caso, Florentino Felgueroso, investigador asociado de Fedea, destaca que «el empleo indefinido ha aumentado en sus tres vertientes (la normal, la de conversiones y la de fijos discontinuos) como consecuencia de la reforma», y valora positivamente el traspaso de contratos eventuales a fijos discontinuos, reduciendo la incertidumbre del empleado, aunque advierte que aún está por ver el impacto real de la misma.

«La experiencia con las reformas en el mercado de trabajo desde principios de los noventa nos dice que siempre hay un impacto instantáneo en la contratación indefinida, que crece más que la temporal, pero luego retorna a la situación previa. Esta reforma parece algo distinta y hace pensar que permanecerá más tiempo el empleo fijo, pero siempre hay algún hueco que no contempla la ley», sentencia Felgueroso.

Fuente: Beatriz Triguero – VozPópuli

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