“S’ha acabat”: herejes constitucionalistas en la universidad catalana

La verdad es que me caen muy bien, no lo oculto. Hablan como peperos moderados, como delfines educados, y eso en la universidad catalana es una bomba.

Hace unos añitos que en Cataluña se fundó un grupo de estudiantes constitucionalistas, “S’ha acabat”. En la facultad de Madrid donde yo estudié hubieran sido considerados unos pijos del grado de Economía y Derecho, pero en Cataluña los han convertido en rebeldes. A veces uno se vuelve contestatario por las contestaciones gratuitas que recibe y no por las que busca o provoca.

En Cataluña, “S’ha acabat” amenazó la unanimidad identitaria del mundillo estudiantil organizado. Ante las divisiones del sentimiento nacional, tan presentes en el alumnado como en el resto de la sociedad, la chavalería tenía tres opciones: participar en grupos independentistas, participar en grupos neutros o callarse.

Así que la creación de “S’ha acabat” cayó en la tranquila superficie de la balsa amarilla provocando una marejada. La verdad es que me caen muy bien, no lo oculto. Hablan como peperos moderados, como delfines educados, y eso en la universidad catalana es una bomba, porque el discurso político más frecuente entre los estudiantes organizados es el de la CUP. Viva la pluralidad.

El escándalo y la furia brotan cuando alguien dice lo que la gente no está acostumbrada a escuchar

Para saber hasta qué punto tenían motivos esos estudiantes para alzar la voz con un discurso abierto de defensa de la Constitución y la unidad de España, no hay más que ver cómo fueron recibidos en la vida universitaria: como si Elton John apareciera vestido de pedrerías en una taberna de Las Pedroñeras en 1967.

El escándalo y la furia brotan cuando alguien dice lo que la gente no está acostumbrada a escuchar. La reacción contra “S’ha acabat” fue alérgica, abierta e instantánea. La asociación encontró una intolerancia sin matices. Fue como si hubieran creado una diana para el “tiro al facha” y se la colocasen en los pantalones. Los tacharon de grupúsculo fascista y se pusieron a buscar conexiones.

Más allá de lo que piensen, la razón ampara a los chicos de “S’ha acabat” precisamente porque son hostigados por sus compañeros

Ya se sabe el adagio del independentismo: “fora feixistes dels nostres barris”. Pero los fascistas, claro, siempre son los otros. Por más que una muchedumbre de los tuyos se organice para expulsar del campus a un grupo de cinco o seis compañeros que han puesto un tenderete para promocionar otra idea del encaje de Cataluña en España, por más que no les dejéis ni respirar, no vaya a ser que alguien los escuche, los fascistas son ellos.

El debate identitario es un juego de suma cero. Más allá de lo que promuevan, la razón ampara a los chicos de “S’ha acabat” precisamente porque cuando hostigados por sus compañeros. Su mera existencia se ha tildado de “provocación” por los sindicatos estudiantiles independentistas, como se tildó la de Ciudadanos en las instituciones. También a Ciudadanos los tildaban de fascistas y de nazis antes de que apareciera Vox. Como digo, la acusación es gratis. También dice Putin que quiere desnacificar Ucrania.

He ido siguiendo las andanzas de “S’ha acabat” desde la distancia. De todas las protestas y escraches que les han montado, ninguna me ha parecido tan hermosa como la de la última semana. Y sí, digo hermosa, luego explicaré por qué. Mirad atentamente esta foto, previa a que la multitud empezara a conducirlos con amabilidad de jauría hasta la salida del campus.

Imagen hermosa porque, en ella, la jauría se retrata a sí misma y a su movimiento. Nos demuestra que la república con la que sueñan es un lugar oscuro e intransigente. Se agradecen las expresiones sinceras mucho más que las palabras edulcoradas de otros independentistas que disfrazan su proyecto de tolerancia. Hablamos de nacionalismo y el nacionalismo es esa foto. Hermosa también porque representa como un cuadro al óleo lo que significa formar parte de una minoría.

Será porque son pocos que las autoridades universitarias, laxas cuando se la injusticia se comete contra quien no puede armar mucho barullo, permiten el hostigamiento. En la prensa catalana he leído que hubo “choques entre estudiantes“, que es una curiosa forma de nombrar a lo que habéis visto: supongo que un camión hormigonera que atropella a una vieja en silla de ruedas será, entonces, el choque entre dos vehículos rodados.

También he ido a los perfiles de Twitter de las asociaciones que orgullosamente alardeaban de haber expulsado a los “fascistas” y he encontrado campañas para “una universidad sin españolismo”, quejas por carteles escritos en español y burlas hacia el “invasor” y el “colono“. La dialéctica de la dominación no se entiende sin victimismo.

Fuente: Juan Soto Ivars – El Confidencial

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