Putin saca la artillería pesada para aplastar la resistencia ucraniana con “una tormenta a gran escala”

El objetivo de una operación rápida y eficiente se aleja, por lo que Putin está dispuesto a subir las revoluciones para aplastar al enemigo.

Alas 3.00 am del domingo 27 de febrero (una hora menos en España), a punto de cumplirse 72 horas de la invasión rusa, Kiev todavía contiene los embates del invasor ruso. No se sabe cuánto más podrá aguantar la capital, donde a estas horas se libran intensos combates urbanos. Ante la feroz resistencia ucraniana, el Kremlin ha ordenado redoblar la ofensiva y “avanzar en todos los frentes”. El objetivo de una operación rápida y eficiente se aleja, por lo que Vladímir Putin está dispuesto a subir las revoluciones para aplastar al enemigo, como muestra la creciente intensidad del fuego de artillería con el que se está castigando a la capital, cuya defensa se ha convertido en símbolo y llave de esta guerra.

Los primeros compases de la ocupación seguían el modelo ‘deep strike’, doctrina militar soviética donde la velocidad es la piedra angular. Las columnas militares avanzan a rápidamente en diferentes ejes para rodear a las fuerzas enemigas; destruir, sobrepasar y desorganizar la resistencia con múltiples frentes mientras se mantiene la logística protegida. La superioridad numérica y tecnológica del Ejército ruso hacía pensar que veríamos un ataque relámpago y potente que desmoralizaría a unas sobrepasadas tropas ucranianas que acabarían rindiéndose o huyendo. Por el momento, no ha sido así.

“Hemos hecho descarrilar su plan”, dijo el sábado desafiante el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, quien asegura estar todavía en Kiev al frente de su defensa. Poco antes, volvía a llamar a los ciudadanos a combatir la ocupación. “El destino de Ucrania se está decidiendo ahora”, dijo en un mensaje publicado en sus redes. “Atención especial a Kiev — no debemos perder la capital. El enemigo utilizará todas las fuerzas posibles para romper nuestra resistencia. Serán malvados y duros. Esta noche comenzará una tormenta a gran escala”, avisó.

Mientras, los socios occidentales también ampliaron su ofensiva económica contra Rusia expulsando a varios bancos del sistema Swift y congelando los activos del Banco Central Ruso. “Nos comprometemos a garantizar que un cierto número de bancos rusos se eliminen de SWIFT. Esto asegurará que estos bancos están desconectados del sistema financiero internacional y perjudicará su capacidad para operar globalmente”, ha asegurado la presidenta de la Comisión europea, Ursula von der Leyen.

Una pausa táctica

Rusia asegura que la demora en avanzar se debía a una “una pausa” en los esfuerzos militares del viernes ordenada por Putin, a la espera de dar la oportunidad al Gobierno de “drogadictos y nazis” de Zelenski para rendirse o a los generales ucranianos de rebelarse. El más reciente informe de la inteligencia británica asegura que el avance militar ruso perdió velocidad “como resultado de agudas dificultades logísticas y una fuerte resistencia ucraniana”. En cualquier caso, el Moscú anunció un cambio de táctica y esa “pausa” acabó el sábado por la noche.

El foco de la ofensiva rusa se centra ahora en tres ciudades clave: Kiev, en el norte, Járkov, en el este y Jersón, en el sur. En este último frente, los rusos avanzan con mayor rapidez y, tras hacerse el sábado con la localidad de Melitopol, ya están a pocos kilómetros de la estratégica ciudad portuaria de Mariúpol, que ha quedado rodeada. Con sus conquistas territoriales en el sur, Rusia controla ya un “puente de tierra” hacia Ucrania desde Crimea -territorio que se anexionó Rusia en 2014-.

Según el Pentágono, el 50% de los hasta 190.000 efectivos rusos acumulados en la frontera ucraniana están ya desplegadas dentro del país, desde el 30% que se estimaba el viernes. Incluso se están movilizando tropas adicionales en otras zonas de Rusia, como los soldados comandados por el líder checheno Ramzan Kadyrov, tristemente célebres por su brutalidad. Imágenes de satélite sugieren el desplazamiento hacia Ucrania de equipos de artillería y blindajes pesados, en la retaguardia hasta el momento. Los informes de inteligencia apuntan, precisamente, a que Rusia no ha utilizado artillería y bombardeos tan intensa y masivamente como podría esperarse, quizá para evitar imágenes de una masacre de población civil. Convoyes militares rusos estarían “inundando” continuamente la frontera, según reporta Al Jazeera desde la ciudad rusa de Volgogrado.

Con la operación militar entrando ya en su cuarta jornada, el despliegue militar también estaría pasando factura a Rusia: 20.000 millones de dólares al día, según un informe de inteligencia ucraniano difundido por el exjefe de Defensa de Estonia, Riho Terras. En dicho informe, la inteligencia ucraniana sostiene que Rusia había calculado que duraría 3 o 4 días. El costo humano también sería inesperado. Ucrania asegura que habría acabado con 2.800 soldados rusos, una cifra drásticamente rebajada por la inteligencia británica a 450. Rusia, por el momento, no ha admitido ni una muerte, pese a las imágenes de soldados rusos inertes junto a tanques destrozados.

Objetivo Kiev

Ante la renovada ofensiva rusa, cada vez más gobiernos occidentales están superando sus reticencias al envío de armas a Ucrania. Tras una conversación telefónica con el presidente francés, Emmanuel Macron, Zelensky anunciaba el sábado que “armas y equipos de nuestros socios están de camino a Ucrania”. Incluso Berlín ha aceptado permitir los envíos de armas letales al país -un lote neerlandés de 1.000 lanzacohetes antitanque y 500 misiles tierra aire construidos por Alemania-, una decisión que llevaba meses bloqueando ante la consternación de socios europeos más combativos, como Polonia o los países Bálticos.

No está claro si esta ayuda tardía servirá para la asediada Kiev. El destino de la ciudad pende de un hilo y su defensa es crucial. Si cae la capital, y con ella Zelenski y su Estado Mayor, las tropas ucranianas quedarán descoordinadas y descabezadas. “Cualquier cosa que no sea la captura de Kiev no conseguirá los objetivos de Rusia”, asegura el analista del centro RUSI Ed Arnold a la BBC.

Por tercera noche consecutiva, sus casi tres millones de habitantes se acostaron con el incesante sonido de las sirenas antiaéreas y las advertencias fuertes bombardeos rusos en las próximas horas. La lucha se ha vuelto urbana, con reportes de ráfagas de disparos y explosiones casi en el centro de la ciudad. El alcalde Vitali Klitschko ha ordenado un toque de queda desde las 17:00 hora local hasta las 06:00 de la mañana del lunes (“todo civil que no lo cumpla será considerado un saboteador ruso”) y el Ministerio de Interior ha distribuido 25.000 armas automáticas y más de 10 millones de cartuchos de munición entre la población. El Ejército de Ucrania ha llamado a la población de Kiev a resistir “por todos los medios”.

Fuente: A. Alamillos – El Confidencial

 

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