Rusia tiene agallas

Los socialistas de hoy atacan a Estados Unidos, España y la Unión Europea, con una ferocidad asombrosa y nunca antes vista. En el pasado disimulaban pero ahora atacan a muerte.

1936, los Partidos Comunistas nos espiaron para Rusia y trabajaron para destruir España y Europa.  Sin embargo, en los últimos 3 años, hemos visto el surgimiento de una cultura de cancelación que busca a los conservadores y creyentes religiosos con el objetivo de despedirlos o matarlos. 

Los fiscales de izquierda socialista han permitido que criminales peligrosos y endurecidos permanezcan en las calles, quemando, robando, matando y violando a mujeres. Y en nuestras ciudades liberales, el saqueo se ha aceptado como una forma de justicia social.

Vladímir Putin se ha dado cuenta de que en Occidente no hay hombres y mujeres con agallas para defender su tierra y su vida…

Y a igual que China, los rusos, se lo van a llevar todo porque son valientes, patriotas,  y con agallas para el combate.

“Invadir lo que ya estaba invadido y ocupado es una de las más grandes genialidades del Kremlin; y Vladímir Putin es el gran artífice de una maniobra diplomática nunca vista: certificar lo que ya estaba ocupado mientras Joe biden y sus secuaces de la Unión Europea alardeaban de sanciones  apocalípticas y amenazas de salón para la galería de analistas de pacotilla en Bruselas que han visto el “cielo abierto” para entretener  a los súbditos europeos y se olviden de los nazis de Canadá, Washington y Londres.

Los lazos bilaterales entre Rusia e Irán, negociados y firmados por Vladimir Putin de Moscú y Ebrahim Raisi de Teherán,  fueron la última advertencia a Occidente de una Rusia a la que no han dejado otro camino que aliarse con los futuros ganadores en la competencia mundial por la hegemonía.

La geopolítica como asignatura ya ha declarado y señalado el liderazgo indiscutible de China en nuevas tecnologías y en el inmenso poder económico adquirido por el Partido Comunista Chino para poder conformar, por sí solo, el más grande aparato militar de la historia humana.

En Moscú tienen muy claro que Rusia sería un socio menor de Beijing, y para corregir las enormes diferencias económicas entre los dos aliados principales  del continente euroasiáticos, Vladímir Putin se ha embarcado en una carrera peligrosa y compleja, pero muy inteligente,  para recuperar los naipes  estratégicos que Rusia perdió con el dramático colapso de la URSS.

Cualquier persona con una mínima preparación en estrategia diplomática y alguna maestría en geopolítica, debería darse cuenta de que en Ucrania no pasa nada que no sepamos desde hace 10 años y la contabilidad de muertos en combate en el Dombás sigue en torno a los 15.000 si queremos redondear los soldados que caen bajo las balas o morteros en la primera línea de fuego…

China necesita territorio, y dado su poderío emergente, ha llegado a un acuerdo con Putin para que alrededor de un millón de chinos se ganen la vida en los territorios del oriente ruso y para que industrialicen un inmenso territorio mínimamente habitado por la etnia rusa.

Los apaciguadores transgender del Pentágono han dado muestras, una vez más, de que cuando las fuerzas armadas más poderosas del planeta se ocupan de las aberraciones de género y de la nueva Teoría woke de la Raza  y el consiguiente racismo Sistémico, bien poco puede hacer cuando los intrépidos y valientes soldados rusos comienzan a recuperar su imperio soviético en las narices de todo el planeta.

Que el problema más grande del Pentágono sea el universo «LGBTQ+» en el U.S. Army, dice todo sobre la podrida América de Joe Biden y su banda de asesinos pandémicos en la Casa Blanca.

Partiendo de esta base aclaratoria, el lector debe saber que el Kremlin ni siquiera puede creer lo que está ocurriendo en el Pentágono, pero cuando vieron al jefe del Estado Mayor Conjunto, el general Mark Milley, declarando ante el Senado, creyeron que era negro con alma blanca, aunque fuera al revés…

Era todo un general descerebrado mirando angustiosamente a todos sitios; argumentando que ya era hora de que los tanques y los aviones y todo lo que se mueva, debería ser eléctrico.

Ese militar, al que todos quisieran muerto en los Estados Unidos, ha dedicado a dirigir cursos de millones de horas a los soldados sobre el cambio climático y la diversidad, en vez de entrenar o prepararse para la guerra.

Así que al comprobar con sus ojitos que el majadero de la Casa Blanca ha convertido Estados Unidos en un manicomio, Vladimir Putin, solo necesitó dos minutos para declarar que el reconocimiento por Rusia de la independencia de las repúblicas populares de Donetsk y Lugansk es simplemente recobrar un territorio que siempre fue ruso. El Donbás vuelve a casa…

Berlín contento, Washington contento y Moscú, más contento todavía.

Ha sido desplegar el concepto de “ganar-ganar” de la Harvard Law School y darle un corte de manga a la Unión Europea y a las tropas de la NATO acantonadas en suelo europeo.

En realidad, Vladímir Putin, es un genio de la política y a partir de aquí, solo tiene que estudiar con los chinos,  cómo y de qué manera adueñarse de todo el continente euroasiático.

Artículo-opinión de Alfonso M. Becker © copyright  (Todos los derechos reservados)

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