Génova descarta compartir Gobierno como exige Vox y diseña un “plan de convivencia” con Abascal

La dirección nacional instruirá sobre que “sumar no es gobernar juntos” y “toma nota” de los que han “torpedeado” el partido desde dentro, en alusión a la pugna con Isabel Díaz Ayuso.

14-F. Vox ha pasado a ser el protagonista de la escena política tanto para el bloque de derechas como para la izquierda con sus 13 escaños. La lectura nacional de las elecciones de Castilla y León, que ayer ganó el PP al sumar 31 diputados, dos más que el PSOE, marcará las estrategias de Pedro Sánchez y Pablo Casado en los próximos meses. En la Moncloa hacen más que un balance de daños, que no han sido pocos después de perder siete diputados respecto a 2019. Un ‘de la necesidad virtud’. Se aferrarán a agitar el espantajo del crecimiento de la ultraderecha y la dependencia del PP del partido de Santiago Abascal tras certificarse la defunción de Ciudadanos, que solo logró un procurador. Podemos también está en la UCI, pero aún mantiene la respiración asistida en la esperanza de que Yolanda Díaz sea capaz de crear una alternativa de izquierdas que permita la remontada. La vicepresidenta ayer veía los toros desde la barrera. Ella no se fotografió con vacas, quizás en previsión de un más que posible revolcón de la marca morada. Las expectativas del ‘círculo virtuoso’ del cambio que hicieron los populares tampoco se cumplieron, pero la victoria pírrica permite mantener la promesa de “ganar todas las elecciones que se convoquen”.

Las próximas horas, días e incluso meses se centrarán en ver qué postura tomará el PP con respecto a Vox. Ayer hubo una primera declaración de intenciones en público. El presidente, Alfonso Fernández Mañueco, fijó postura y manifestó algo que lleva defendiendo toda la campaña: el Gobierno será del PP. En esta declaración la clave está en lo que no dijo, que es que no habrá coalición con Vox. Iniciará una ronda con todos los grupos de mayor a menor para “escuchar propuestas”. Por su parte, el líder de Vox, Santiago Abascal, traicionó su principio de no pedir sillones adelantando que quiere una vicepresidencia. Vox está fuerte y hará valer sus 210.000 votos. Está por ver si mantienen su exigencia ante el miedo a perder su discurso antisistema, que tan buen resultado les está dando. Incluso en Vox hay discrepancia interna entre los que abogan por llegar “vírgenes” a las generales y los que presionan para no ser una “muleta gratis” para el PP. El ejemplo del deterioro de Ciudadanos y Podemos tras su paso por las instituciones no ayuda.

Mañueco y Casado hablaron ya el sábado y se sentaron las bases de la postura que se fijaría en función del escenario. El líder del PP dio carta blanca para negociar, pero con una línea roja clara: no habrá coalición de gobierno con los de Abascal, solo apoyo externo. En Génova han diseñado un “plan de convivencia” con Vox que pasa por “instruir” al electorado del centro derecha en que se puede sumar y no pactar el Gobierno. La dirección del partido apostará por romper el discurso de la izquierda, que ya desde anoche agitaba el mantra de “viene la ultraderecha”. Los fontaneros de Casado saben que ceder consejerías a Vox penalizaría en las futuras citas electorales y no solo en Andalucía, donde ya se planteaban dudas sobre el posible adelanto electoral para junio. Hay tiempo para incluso irse a finales de año. Mañueco tiene de tope hasta el 10 de marzo para constituir las Cortes de Castilla y León y eso da margen a Juanma Moreno para hacer sus propios cálculos.

Por el contrario, en la dirección del PP se sigue defendiendo como un “acierto” haber llamado a las urnas, pese a que la mayoría absoluta fuese un espejismo. Mantienen intacta la teoría de que el PSOE les haría una moción de censura a partir de marzo aprovechando las fisuras en Ciudadanos, que ya se pusieron de manifiesto en la negociación de los presupuestos. En el partido, recuerdan que en el calendario estaban también los juicios de corrupción como el del llamado caso Perla Negra, en el que tendrá que declarar como testigo el expresidente Juan Vicente Herrera. “Ahora habrá un Gobierno con lo que ha salido de las urnas, no uno negociado en los despachos y a expensas de tránsfugas”, justificó Mañueco en su primera intervención.

Pese a lo que se ha especulado, la decisión de la convocatoria fue del presidente de la Junta, quien trasladó a Madrid que “no estaba dispuesto a vivir dos mociones de censura”. La relación con Francisco Igea era ya insostenible, pero el destino ha querido que tengan que seguir encontrándose en el Parlamento. Si Cs suma su único diputado al PP, está por ver. Esta vez les toca esperar, ya no son decisivos y dependerá de la suma por la que opten los populares. Inés Arrimadas tiene desde ayer un nuevo roto en el mapa territorial, donde la presencia naranja es menguante. El Ayuntamiento de Madrid queda como único bastión, con Begoña Villacís al frente, que ve cómo sus compañeros caen como un dominó en cada cita electoral. En un año, ella también tendrá que decidir su futuro.

De futuro también se habla en Génova. El secretario general, Teodoro García Egea, ha tomado nota de lo que ha llevado a una curva descendente en la campaña que les ha situado en el 31,5% del voto con 371.600 papeletas, 60.000 menos que en las elecciones pasadas. El veredicto es claro. En la séptima, no se oculta que hay quienes en el PP “no han remado a favor” y habrá un “aviso”. Sin nombrar de manera explícita a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, no se oculta que las batallas de los últimos meses están lastrando la marca y socavando el liderazgo de Casado, sobre el que no hay duda de cara a las próximas elecciones generales. Hay sensación de alivio porque, pese a no cumplir las expectativas, se ha sorteado la debacle que el viernes predecían algunos sondeosDesde hoy habrá un giro en la estrategia para blindar al presidente de quienes “torpedean desde dentro”, en alusión a las críticas a la falta de proyecto o de experiencia que se han oído en los territorios y que el expresidente José María Aznar se atrevió a verbalizar en público. El balance es que ese ruido interno en el PP está engordando a Vox, que se convierte en la nueva amenaza tras lograr aniquilar a Ciudadanos, que hace apenas dos años soñaba con el sorpaso.

El entorno del presidente del PP ha perdido la paciencia y deja claro que la mirada está puesta en el ‘Plan Moncloa 2023’, que se centra en las municipales y autonómicas como trampolín para llevar a Casado a la presidencia. “Quien no esté en esto tendrá alfombra roja para dejar el PP”, se escuchaba ayer al preguntar cómo afectaban al liderazgo de Casado estas elecciones, en un claro toque de atención a los críticos. El calendario de congresos regionales se mantendrá intacto y no se cederá a las presiones de Madrid.

El próximo congreso será en Extremadura, donde se pondrá a un candidato del aparato en sustitución de José Antonio Monago. Aquí volverá el pulso con Ayuso. En la Puerta del Sol, la lectura de los resultados en Castilla y León no era tan optimista. “Claramente, es un desastre”, resumían al poner el acento en que “cambiamos a Ciudadanos por Vox”. Asimismo, destacan que ha sido un error plantear la campaña como un “combate” entre Casado y Ayuso. Desde mañana, empezarán a plantear que marzo es la fecha en que se tiene que celebrar el cónclave para que Ayuso pueda presidir el partido. Se sienten fuertes para el cara a cara con García Egea, que tampoco está dispuesto a “aguantar más”. La negociación con Vox y con Ayuso empezará mañana y promete ser larga y dura.

En el PSOE también habrá consecuencias, pero las aguas bajan más calmadas pese a que el resultado es malo. El candidato, Luis Tudanca, amagó ya anoche con ‘hacerse un Almunia’ y dimitir. No hay muchas opciones después del descalabro cosechado. Sánchez hará que no se inmuta, pero lo cierto es que es la segunda derrota autonómica que encaja, aunque aquí el revolcón ha sido menor. Los socialistas han visto cómo las plataformas de la España Vaciada les han robado el voto en territorios como Soria o León, donde las fuerzas regionalistas y localistas de Soria ¡Ya! y Unión del Pueblo Leonés les han arrebato los procuradores al hacerse con tres diputados cada una. En unas generales, esto podría acabar traduciéndose en pérdida de representación en el Congreso. Otro dato a tener en cuenta por los demiurgos de Ferraz es el desgaste que sufren sus socios. Unidas Podemos sigue la tendencia a la baja que ya se vio el 4-M y el PSOE tampoco recoge la fuga. La coalición ya no suma en los territorios y la amenaza de una lectura nacional está servida. Sánchez parece que se queda sin “un partido a la izquierda del PSOE” y eso le condenaría a la oposición, como está ocurriendo en las citas autonómicas.

Con todas las salvedades de que Mañueco no es Ayuso, de que el PP se ha quedado a 10 diputados de la mayoría absoluta y que el famoso cambio de ciclo no es un huracán, lo cierto es que la tendencia apunta a que PP y Vox sumen también una mayoría absoluta en las generales y, a partir de ahí, busquen cómo gobernar. Sánchez ve cómo el cuerpo del Frankenstein adelgaza. La derecha tiene que resolver su convivencia ante la nueva correlación de fuerzas, pero la izquierda tiene que rediseñarse. Podemos se desangra ante la posibilidad de que surja la esperanza de Yolanda Díaz y el PSOE también se siente amenazado, aunque lo esconda detrás de Vox. Además de Casado y Sánchez, hay otros dos nombres propios con papel secundario. El presidente del CIS, José Félix Tezanos, que volvió a dejar en evidencia la institución con el desatino en sus previsiones, en las que no acertó en ninguna de las horquillas que daba a cada partido, y el que fuera mano derecha de Sánchez, Iván Redondo, que podrá presumir de haber ganado seis de las siete campañas que diseñó. Hoy algunos recuerdan que al PSOE se le pone cara de 2014 cuando iba de “derrota en derrota”.

Fuente: Pilar Gómez – El Confidencial

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