La doble moral de ‘Londongrado’: armas para Ucrania, regalos para los oligarcas rusos

En el desafío de Rusia con Ucrania, Downing Street se vanagloria de ser el eje de la OTAN. Pero los oligarcas con vínculos con el Kremlin llevan años usando Londres para conseguir influencia.

En los círculos rusos, al primer ministro Boris Johnson se le conoce como ‘Sasha’, el diminutivo de su primer nombre de pila, Alexander. El Confidencial supo de esta anécdota mientras estaba frente a la gran mansión que Alexander Lebedev, un exagente de la KGB, tiene en la capital británica. El impresionante edificio se localiza en Cambridge Gate, una de las zonas más exclusivas de la ciudad, y tiene increíbles vistas a Regent’s Park. Un piso de cuatro habitaciones en esta zona supera fácilmente los 8,5 millones de euros.

Tras conseguir la aplastante mayoría absoluta en las elecciones de diciembre de 2019, Johnson y su pareja, Carrie, acudieron a la gran fiesta de Navidad que el magnate organizó en su humilde morada. La relación del primer ministro con los Lebedev es tan estrecha que ha llegado a dar a Evgeny (hijo del exagente de la KBG) el título de Lord, convirtiéndole así en el primer ruso en la historia en lograr entrar en la Cámara Alta de Westminster, cuyos miembros no son elegidos por el pueblo británico. Según el comunicado oficial que publicó en su momento Downing Street, el título fue concedido “por sus servicios a la industria de los medios de comunicación [es dueño del rotativo ‘Evening Estándar’] y su trabajo filantrópico, entre ellos, sus campañas, que recaudaron más de 80 millones de euros para organizaciones benéficas dedicadas a preservar la vida silvestre y ayudar a las personas sin hogar”.

Durante la actual crisis geopolítica en la frontera entre Ucrania y Rusia, Downing Street se ha vanagloriado de ser el eje de la Alianza Atlántica y el orden de seguridad internacional, enviando un gran arsenal de armas tanto a Kiev como a Estonia. Pero detrás de la grandilocuencia se esconde otro escenario. Los oligarcas con vínculos con el Kremlin llevan años usando Londres para lavar su reputación y conseguir influencia gracias a sus grandes fortunas de dudosos orígenes. Un ejército de banqueros y abogados británicos amasa a su vez grandes sumas de dinero a través de estas operaciones.

Downing Street —que tiene un régimen de sanciones independiente desde que el Reino Unido abandonara la UE— ha publicado esta semana un plan para “castigar a más personas y empresas rusas” si el Kremlin invade el país vecino. El Gobierno británico tiene ahora potestad para sancionar a cualquier empresa que esté vinculada al Estado ruso, que opere en un sector de importancia estratégica para Vladimir Putin o que se dedique a negocios de importancia económica para Rusia. Las personas que posean o controlen esas organizaciones también estarán dentro del radar. Las sanciones podrían incluir la congelación de activos en el Reino Unido, el impedimento de que los objetivos realicen transacciones con cualquier otra persona en el país o, directamente, la extradición si intentan ingresar en suelo británico.

“Esto equivaldrá al régimen de sanciones más duro contra Rusia que hemos tenido hasta ahora y marcará el mayor cambio en nuestro enfoque desde que abandonamos la Unión Europea”, recalcó este lunes Liz Truss, responsable de la democracia británica, en la Cámara de los Comunes. “Moscú debe tener claro que utilizaremos estos nuevos poderes con el máximo efecto si persigue su intención agresiva hacia Ucrania. Nada está fuera de la mesa”, agregó.

Mientras tanto, en Londres, la casa de los Lebedev es parada obligatoria del ‘cleptocracia tour’, las peculiares excursiones organizadas por Roman Borisovich, cofundador de ClampK. El que fuera banquero en Wall Street es hoy un comprometido activista dedicado a investigar cómo el mercado inmobiliario londinense se ha convertido en un lavadero mundial de “dinero turbio”, especialmente para los multimillonarios rusos. “Uno compra una exclusiva vivienda para establecerse en el país, comienza a patrocinar el arte o deporte, realiza jugosas donaciones a partidos políticos, gana influencia y reputación y acaba presionando al Gobierno para beneficio de intereses propios”, explicaba a este diario.

El camino hacia la respetabilidad de los magnates rusos implica una generosa filantropía deportiva, educativa y cultural. “El dinero fluye a través de redes impenetrables de compañías, fideicomisos y sociedades localizadas en el extranjero y en Reino Unido, que confieren anonimato e irresponsabilidad a prueba de balas”, escribía recientemente en ‘The Times’ Edward Lucas, especialista en seguridad que ha denunciado en varias ocasiones recibir amenazas. En el verano de 2018, el periodista fue el primer testigo de la investigación que realizó el Comité de Inteligencia y Seguridad sobre Rusia, proporcionando un expediente detallado sobre la amenaza que el dinero ruso y el tráfico de influencias representan para el sistema político británico.

Las investigaciones posteriores del comité fueron amplias y minuciosas. Sin embargo, Johnson intervino personalmente para evitar la publicación de su informe antes de las elecciones de 2019. Finalmente, se publicó una versión no clasificada del documento sobre injerencia rusa, criticando, entre otros, que Londres se había convertido en la capital del lavado de dinero. También realizaba numerosas recomendaciones, incluido el registro obligatorio para los ‘lobbies’ extranjeros. Pero dos años después, no se ha hecho absolutamente ningún cambio. Nada.

Según denuncia Edward Lucas, algo particularmente importante es la falta de reforma de Companies House, la puerta de entrada al sistema de registro corporativo en el Reino Unido, que, según el periodista, “sigue estando escandalosamente abierta al abuso”. “En el tiempo que ha dedicado a leer este artículo, podría conectarse y crear una empresa utilizando un nombre y una dirección falsos (o robados). Nadie lo verificaría y no correría el riesgo de ser descubierto, y mucho menos de ser procesado”, explicaba en su artículo en ‘The Times‘.

Fuentes diplomáticas expresaron la semana pasada a los medios británicos la “consternación y frustración” del Departamento de Estado de EEUU por el hecho de que Downing Street no estaba tomando medidas duras contra el flujo de fondos rusos, particularmente en ‘Londongrado’. “El temor es que el dinero ruso esté ahora tan arraigado en Londres que podría perderse la oportunidad de usarlo como palanca contra Putin”, aseguraba una fuente en Washington. “Biden está hablando de sancionar al propio Putin, pero eso solo puede ser simbólico. Putin no tiene su dinero en el extranjero, todo está a nombre de los cleptócratas y una gran parte está en casas en Knightsbridge y Belgravia justo debajo de las narices del Gobierno británico”, señalaba.

Dentro de las propias filas ‘tories’ son muchas las voces, como las de Tom Tugendhat o John Penrose, que han pedido al Ejecutivo de Johnson que tome medidas contra los cleptócratas rusos que ocultan su riqueza en la capital británica. La semana pasada, cuando Lord Theodore Agnew, secretario de Estado del Tesoro responsable de la eficiencia intergubernamental, presentó su dimisión por el “lamentable historial” del Gobierno ante su gestión por los casos de fraude con los préstamos que se concedieron en pandemia a las empresas afectadas por el covid, también criticó la decisión del primer ministro de bloquear el llamado Proyecto de Ley de Delitos Económicos, que habría implementado una serie de medidas para evitar que los actores de Estados hostiles, incluidos los oligarcas de Putin, oculten riquezas detrás de empresas ficticias.

La Agencia Nacional contra el Crimen estima que el lavado de dinero le cuesta al Reino Unido 100.000 millones de libras al año, mientras que otras pérdidas por fraude suponen 190.000 millones de libras más. La gran cantidad de organismos que intentan hacer frente a este problema están fragmentados, carecen de personal y fondos, están mal dirigidos y son ineficaces. Los procesamientos por lavado de dinero se han reducido en un tercio en los últimos cinco años.

En su libro ‘Butler to the World: cómo Gran Bretaña se convirtió en el sirviente de magnates, evasores de impuestos, cleptócratas y criminales’, el periodista Oliver Bullough describe la facilidad pasmosa con que los oligarcas de todos los países son capaces de traer a Londres sus fortunas de dudoso origen, lavando su imagen con generosas donaciones filántropas y políticas que les dan acceso a representantes del Gobierno e incluso de la realeza.

Una de las mayores donantes del Reino Unido es Lubov Chernukina. En 2020, en la fiesta de donantes del Partido Conservador, pagó 45.000 libras para jugar un partido de tenis con Johnson y el copresidente de la formación, Ben Elliot. En 2018, desembolsó 30.000 libras por una cena privada con el entonces ministro de Defensa, Gavin Williamson. Y en 2019 pujó con 135.000 libras para conseguir una cena privada con la entonces primera ministra, Theresa May. Una cantidad que debió resultar entonces irrisoria, ya que decidió invitar a cenar en el Goring Hotel —con estrella Michelin— a otros seis miembros del Gabinete.

Chernukina se presenta como “banquera”, “directora de inversiones” y “consultora de gestión”. Pero cuando su figura empezó a tomar relevancia fue en 2007, cuando se casó con Vladimir Chernukhin, un hombre con estrechos vínculos con el servicio de Inteligencia exterior de Rusia, el SVR. Cuando solo tenía 32 años, Putin le nombró viceministro de Finanzas, poco después de que se convirtiera en presidente. En 2004, le otorgó la Orden de Honor, uno de los premios civiles más importantes de Rusia.

Para realizar donaciones a los partidos políticos del Reino Unido, se debe ser británico. Pero los que tienen dinero pueden conseguir la nacionalidad británica de una manera bastante rápida y fácil. Pagando un mínimo de un millón de libras, uno puede acceder a las conocidas como ‘Golden Visas’. Según Transparency Internacional UK —un ‘lobby’ que lucha contra la corrupción global—, entre 2008 y 2015, alrededor de 3.000 personas consiguieron el pasaporte británico por esta vía. El 23% de ellos eran rusos. Downing Street se ha comprometido ahora a que este tipo de ‘visas doradas’ se revisarán antes del 5 de abril. Está por ver si cumple su promesa o es una más que se queda en el olvido.

Ante la amenaza que plantea ahora Moscú en Kiev, tal y como especificaba recientemente Defense Express, web de una de las consultoras militares más importantes de Ucrania, “el Reino Unido ha proporcionado en los últimos días más armas que todos los países de la OTAN desde 2014”. En cualquier caso, si Londres realmente se plantea lanzar una advertencia al Kremlin, quizá debería empezar por hacer los deberes en casa.

Fuente: Celia Maza – El Confidencial

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