Locura por Los Tercios: cómo un cuerpo militar del siglo XVI triunfa entre los jóvenes

De foros a canales de Twitch, tiendas o librerías temáticas. La ‘terciomanía’ pisa fuerte entre historiadores y aficionados mientras la política intenta ya canalizar ese auge.

Es 31 de enero de 1578 y un ejército de 17.000 soldados de la Monarquía Hispánica comandados por Juan de Austria tiene en frente una difícil tarea en Gembloux, Bélgica. En medio de la Guerra de Flandes (o Guerra de los 80 años) y con la posición del imperio de los Austrias ahogada por las fuerzas de Guillermo de Orange, estas fuerzas tienen la misión de contraatacar y hacer retroceder a un ejército que les supera en número (25.000 hombres). Pero por el lado hispánico no pelean unos soldados cualquiera, la mayoría de ellos forman parte de los imbatibles Tercios que en un mes han conseguido viajar a pie de Milán a Flandes para la batalla. La victoria de las huestes de Felipe II es clara y agranda el mito de esos duros soldados de infantería armados con su pica, su mosquete y su arcabuz. Lo que no imaginaban es que cinco siglos después su hazaña volvería a ponerse de moda.

Ahora, pasados 440 años de aquella batalla, un grupo de asociaciones, editoriales, tiendas y aficionados pide que ese 31 de enero se celebre en toda España como el día de los Tercios y organizan eventos por todo el país, y fuera, para conseguirlo. De charlas a recreaciones históricas, pasando por desfiles, exposiciones, viajes o publicaciones, cada vez son más los que se animan a recuperar lo ocurrido en Gembloux, y no es un proyecto aislado, sino que responde a la recuperación de un cuerpo que, defienden, hizo historia en Europa y cayó en el olvido.

En los últimos años, un fervor por este cuerpo militar ha crecido a tal nivel que no paran de aparecer nuevas informaciones sobre ellos, libros dedicados a sus hazañas, cuentas en redes sociales con imaginería del cuerpo, merchandising centrado en esa simbología o hasta tatuajes. Incluso en los próximos meses va a abrir el primer museo dedicado a estos soldados y Madrid ha aprobado la colocación en sus calles la primera estatua en su honor. ¿Y quién lidera este movimiento? Una hueste de aficionados que no para de aumentar y liderado, en muchos casos, por jóvenes que adaptan el ‘mundo tercios’ a la sociedad actual.

El presidente de la asociación que más está peleando por conseguir que se recuerde esa batalla de Gembloux por todo lo alto y se haga un monumento a Los Tercios es buen ejemplo de ello. Juan Víctor Carboneras es historiador por la Universidad Complutense de Madrid, especializado en Monarquía Hispánica, lidera la asociación ‘31 de enero tercios‘ y a sus 28 años acaba de escribir su primer libro. Claro, va sobre Los Tercios: ‘España mi natura. Vida, honor y gloria en Los Tercios’. “Lo que queremos desde la asociación es poner en valor lo que hicieron estos hombres, recordarlos y acercar a todo el mundo a este cuerpo que dominó Europa durante más de un siglo. Obviamente con todas sus luces y sombras, pero lo que se busca es que no caiga en el olvido y se recupere una pieza clave de nuestra historia”, explica Carboneras en conversación con El Confidencial. Para conseguirlo ya tienen más de 300 socios apuntados que pagan una cuota anual de 10 euros por persona.

“Es la única financiación que tenemos y la verdad es que puedes ver que lo aprovechamos y que damos todo lo que tenemos por hacer actividades, charlas, recreaciones, viajes culturales. Ahora también hemos empujado para la colocación del monumento a Los Tercios en Madrid”, añade Carboneras. Con sus compañeros organizan el grueso de los eventos de este 31 de enero en Madrid (todo un fin de semana temático) y han movido actividades en otras ciudades como Sevilla, Valencia, Vigo, Guadalajara… Incluso en Quito, Cartagena de Indias o Escocia. “Tenemos colaboradores que nos ayudan mucho y sobre todo los que llevamos el núcleo duro de la asociación nos intentamos mover todo lo posible”, añade. “Hay mucho interés de la gente por saber cosas sobre un cuerpo del que no se ha hablado mucho”.

Sobre qué lleva a un joven a interesarse por un cuerpo militar del siglo XVI y XVII, él cree que es un proceso de evolución, que empezó en los años 70 y que explota hoy con una nueva hornada de historiadores, escritores y aficionados que busca investigar más y más a un cuerpo “lleno de hombres con historias increíbles, muchos de ellos con una vida dedicada a las batallas y que mezclan unos aspectos de soldados románticos que defendían su honra y honor viajando y combatiendo por el mundo con la libertad de poder moverse de tercio si sus mandos no le convencían con la realidad de miseria y dureza de la época”, destaca Carboneras.

El joven historiador ve claro el proceso de desarrollo del resurgimiento de estos militares armados con picas, arcabuces y mosquetes, y lo que le llevo a él y a otros tantos jóvenes a interesarse por ellos. Da un peso clave a escritores como Arturo Pérez-Reverte o pintores como Augusto Ferrer-Dalmau. “Todo empezó en los años 70 y 80 con las investigaciones de Geoffrey Parker y René Quatrefages, historiadores extranjeros que se interesaron por desempolvar la historia de Los Tercios. Eso llevó a que todo tipo de autores, incluso escritores de novelas como Arturo Pérez-Reverte y pintores como Ferrer-Dalmau, se acercaran más a esos hombres y los popularizasen. Y ahora las nuevas hornadas de historiadores y demás, que crecimos con esas historias, cogemos el testigo de todo ese proceso para seguir descubriendo más y darlo a conocer”.

Su perfil se acerca al de tantos otros expertos de otros muchos campos de conocimiento que con el ‘boom’ de las redes sociales y la facilidad para la creación de comunidades y la explotación de nichos han comenzado una carrera que mezcla la investigación y la divulgación (tiene más de 11.000 seguidores solo en Twitter), aunque no para de decir que él es solo un historiador. “Yo me meto en el Archivo de Simancas y soy feliz investigando”. Más claro es el ejemplo de Alberto Calvo, otro joven historiador que acaba de publicar un libro sobre el origen de Los Tercios (esta misma semana) y que divulga en un canal en Twitch, también con ‘podcast’ en iVoox y a través de Twitter. Es más, Carboneras colabora en muchos de sus programas.

Ambos expertos son la punta del iceberg de un movimiento con miles de interesados que empieza a generar un nicho que va mucho más allá de asociaciones, peticiones o acciones concretas, y se acerca al interés que hay en otros países por temas como las recreaciones históricas, no demasiado populares en España hasta hace poco salvo en contadas excepciones. El siguiente punto, como ha pasado con otras muchas iniciativas que han crecido en la red, es saber si el núcleo es suficientemente grande para mantenerse solo e ir creciendo. Y ya hay iniciativas que así lo indican, aunque es pronto para saberlo.

Mito cultural con mucho por explotar

El descubrimiento del interés sostenido y creciente por Los Tercios es lo que llevó a David López (49 años) y a su asociación que lucha por la recuperación del llamado ‘Camino Español’ (el recorrido que hicieron Los Tercios, y otros tantos miembros de la Monarquía Hispánica para ir de Milán a Bruselas y unir los Países Bajos con el centro del imperio en Europa) como Itinerario Cultural Europeo, a crear una tienda especializada en este cuerpo militar. Una pequeña tienda “de momento ‘online'”, que aglutina todo tipo de prendas, figuras, banderas, libros o merchandising variado sobre este mundo. Incluso tienen polos al estilo Ralph Lauren que cambia al conocido caballero por un piquero. “Tenemos la idea de ofrecer productos dedicados a este mundo, pero que sean productos buenos y bien hechos, no cualquier cosa”.

López, dueño de ‘La tienda de los tercios‘ no da cifras, pero la evolución de la tienda da una idea del crecimiento del mito cultural. “La creamos en 2015 como un complemento a la asociación, una forma de intentar financiarnos todo lo que hacíamos por el ‘Camino Español’, pero desde hace un par de años lo desgajamos y creé una empresa para gestionar la empresa. Ya era muy difícil llevarla con la asociación”, comenta el empresario, que defiende el ‘boom’ de Los Tercios. “A veces se piensa en Los Tercios como algo solo militar, pero es que es mucho más, Lope de Vega o Calderón de la Barca pasaron por estos cuerpos, también tienen que ver con Cervantes… Son una imagen de todo lo que fue el siglo XVI y XVII en España que es inabarcable”.

De momento no vive solo de esto, pero confiesa que el trabajo ya empieza a ser difícil de asumir. “Para que te hagas una idea, estas Navidades hemos alucinado con la cantidad de gente que pedía cosas como regalo. Sobre todo muy llamativo ha sido la cantidad de mujeres que nos compraban cosas como regalo para sus novios o maridos. Nuestro público es mayoritariamente masculino, pero hacemos piezas que también les gusten a ellas porque sino no las van a querer regalar”.

Sobre los productos más vendidos habla de los Playmobil hechos a mano, de las muchas figuras que se asemejan a las de juegos de mesa estilo Warhammer, camisetas conmemorativas, banderas de la época con la Cruz de Borgoña y las señas de cada Tercio, cómics, revistas… Y también ropa para recreaciones. “Intentamos que todo sea hecho en España, por logística y también por lógica, solo compramos fuera lo que no se puede producir aquí, como las cosas metálicas. Y tenemos varios públicos a los que intentamos acercarnos como los aficionados, la gente que hace recreaciones, los regalos de parejas o los de padres a hijos, de ahí que apostemos por los cómics también. Lo que está claro es que hay un nicho muy importante y que está todavía por explotar, nosotros solo lo hemos rozado”.

Su tienda es quizá la más especializada de las que hay ahora mismo sobre Los Tercios, pero no la única. En Madrid está la librería Tercios Viejos, un pequeño espacio dedicado a este mundo y que explota principalmente el que quizá siga siendo el mercado más lucrativo o explotado sobre Los Tercios: el literario. Además de todos los títulos ya mencionados, y del siempre presente Alatriste, una de las sagas españolas más exitosas de las últimas décadas, hay casos tan curiosos como el del libro ‘De Pavía a Rocroi: Los Tercios españoles’, del diplomático y escritor Julio Albi de la Cuesta. La primera publicación data de 1999, pero tras un tiempo en el mercado desapareció y se reeditó en 2018 por la editorial Desperta Ferro. Esa nueva edición lleva en 3 años 8 ediciones.

Para un perfil más joven, como lo que mencionaba López, está el caso de los cómics. Algunos con historias tan rocambolescas como el de ‘Espadas en el fin del mundo’ de Ángel Miranda y Juan Aguilera que cuenta la historia de unos soldados que en plena expansión del imperio se enfrentan a unos grupos de piratas samuráis en Filipinas. Una historia real cuya primera tirada se financió en 2016 con un ‘crowdfunding’ en Verkami de 779 mecenas que pusieron más de 20.000 euros para la edición. En 2021 iba por su tercera edición y su autor, otro joven que tira de este resurgimiento histórico, levantó otros 55.000 euros con un nuevo libro, Carrión, sobre uno de los protagonistas de la pelea con los samuráis, que ya es el mayor ‘crowdfunding’ de un libro en España. “Hay mil historias alucinantes en la España de esos años y es normal que a la gente le interese”, señala López.

El equilibrismo de la política

Aunque si hay una pregunta que corta a todos los defensores de la recuperación de la historia de Los Tercios es, ¿cómo ven el uso político de este mundo? Partidos como Vox han engullido símbolos de la época como la bandera de la Cruz de Borgoña o de San Andrés, también ha jugado con otros símbolos como el casco de los ejércitos mandados a América e incluso han utilizado himnos como el Brindis de tercios en algunos mítines. Además, la citada cruz roja sobre fondo blanco se ha convertido en uno de los símbolos preferidos por muchos de los movimientos de extrema derecha que apuestan por el nacionalismo y la recuperación ‘imperial’, incluso en Perú. Esto también tiene su contraparte en los partidos de izquierdas que rechazan estos resurgimientos por un intento de recuperación de un nacionalismo español.

Tanto Carboneras como López miden sus palabras porque dicen, cualquier declaración en este sentido puede “meterte en un problema”, pero dejan claro que huyen de la política sin miramientos. “No tenemos ningún interés en mezclar esto con la política, es más, esos usos políticos nos perjudican y hay tensión en ese sentido”, confiesa el primero. López no desmiente la utilización, pero por un lado le parece triste y por otro señala un problema como sociedad. “Creo que a los políticos les importa poco todo esto, solo lo usan porque les viene bien y el problema es que al utilizar los símbolos pues ya hace casi imposible que no lo relacionen automáticamente con ello. Nosotros hemos ampliado el espectro de temas que cubrimos justo para evitar encasillarnos y ahora tratamos desde el siglo XV al XVIII. España tiene historias interesantes de sobra en todas las épocas de su historia y que interesan también fuera, a nosotros nos compran desde México, Chile o Italia”, señala López.

Un manifestante con una bandera con la Cruz de Borgoña en una de las manifestaciones contra el Gobierno realizadas en la Plaza de Colón de Madrid. (P. G.)
Un manifestante con una bandera con la Cruz de Borgoña en una de las manifestaciones contra el Gobierno realizadas en la Plaza de Colón de Madrid. (P. G.)

El también historiador y divulgador Daniel Aquillué lo analiza de una forma diferente. “Lo que veo es que hace años, cuando era adolescente, Los Tercios se conocían a nivel popular por las aventuras del capitán Alatriste. Ahora hay, como ha escrito Pablo Batalla en su libro una auténtica “terciomanía”. Eso se ha visto hasta en eventos de recreación histórica y derivados, que en 2015 en tema Tercios éramos 4 gatos y ahora aparecen 200 o 300 personas. Hay gente que llega por la historia, que es compleja y fascinante en su complejidad. Y siempre llena de matices. Y hay otra gente que… bueno, llega por otros intereses, identitarios, nacionalistas y que a veces acaban enlazados con abusos políticos, en este tema, generalmente desde la derecha”.

Él se ha especializado en siglos XVIII y XIX, y aunque ve la utilización desde el lado político de forma clara no termina de entenderlo. “No hay que ser un lince para entender que ese resurgir de los Tercios tiene que ver con el del nacionalismo español de los últimos años, por las propias dinámicas políticas actuales, o mejor dicho, cierto tipo de nacionalismo, porque el nacionalismo español también es variado. Como todo. ¿Por qué se busca lo español en un ejército plurinacional al servicio de la Casa de Habsburgo? ¿Por qué no en otros episodios históricos del XVIII o del XIX?”, se pregunta Aquillué.

Una posible respuesta la da el propio Pablo Batalla, también historiador, cuyo último libro, ‘Los nuevos odres del nacionalismo español’, analiza justo esta cuestión. “El cuadro más famoso de Ferrer-Dalmau, ‘El último tercio’, representa un instante final de la batalla de Rocroi: el tercio superviviente que, bajo un cielo atardecido, se dispone a resistir la última acometida francesa rodeado de los cadáveres de sus compañeros. De pie, en un mundo en ruinas. Varios de los mitos que hoy más gustan al nacionalismo español remiten a eso”, señala Batalla en una entrevista en la revista ‘La Soga‘, en la que cita otros ejemplos como Los Últimos de Filipinas, Blas de Lezo o el Regimiento de Alcántara en el Desastre de Annual. “La ultraderecha de hoy convoca a los Tercios, Lepanto, Mühlberg, para auxiliarla en la nueva Mühlberg y la nueva Lepanto que quiere librar contra los ‘progres’, los musulmanes, Bruselas…”.

'Rocroi, el último Tercio', un cuadro de Augusto Ferrer-Damalu. (Wikipedia)
‘Rocroi, el último Tercio’, un cuadro de Augusto Ferrer-Dalmau. (Wikipedia)

Sobre el asunto de la estatua, aprobada por el Ayuntamiento de Madrid y que está a la espera de encontrar el lugar definitivo donde colocar a los cuatro soldados, y un podenco, diseñados de Ferrer-Dalmau, Carboneras vuelve a insistir en huir de la política. “Es una forma de recordar esta época, nada más, no queremos tener nada que ver con políticos, ideologías ni nada parecido, porque de verdad que nos genera más problemas que otra cosa y nosotros estamos abiertos a todo el mundo, hasta lo tenemos establecido en nuestros estatutos. Debemos separar la historia de la política porque sino es imposible avanzar”.

López termina con una reflexión que intenta girar el foco. “Esto puede sonar raro, pero quizá la culpa de que la política use estos símbolos, parte de nuestra historia, es porque los ciudadanos les hemos dejado. Tiene narices que encima la culpa sea nuestra, pero es verdad que como sociedad hemos dejado de lado todo esto y no hemos castigado a los que han intentado aprovecharse de cosas que son de todos, es más, hemos dejado que se lo apropiaran“.

Fuente: Guillermo Cid – El Confidencial

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