La farmacéutica que envenenó Estados Unidos: la crisis de los opioides detrás de ‘Dopesick’

El analgésico OxyContin, comercializado por Purdue Pharma, provocó una epidemia de salud pública.

Tirones de bolsos, atracos a farmacias, chicas prostituyéndose para pillar una nueva dosis, adolescentes con la piel encostrada caminando como zombies y trabajadores cincuentones hinchándose a pastillas para acallar los dolores de la mina. Todos yonquis del OxyContin, un medicamento legal que provocó una grave crisis de salud pública en Estados Unidos, que ha ocasionado más de medio millón de muertos.

El engaño con el que decenas de comerciales farmacéuticos embaucaron en la década de 1990 a médicos norteamericanos tenía forma de porcentaje: “menos del 1% de los consumidores acaban siendo adictos”. Esta fórmula pasó a ser un mantra en las reuniones de los vendedores de la farmacéutica con los doctores locales que comenzaron a recetar este opioide para casi cualquier dolor, por leve que fuera.

Las autoridades sanitarias aprobaron la comercialización del OxyContin, y en 1995 salió al mercado de la mano de Purdue Pharma, la empresa de la familia Sackler, un multimillonario linaje que era conocido por sus donaciones filantrópicas en instituciones como las universidades de Harvard, y Oxford, o museos como el Louvre y el Metropolitan. En ‘El imperio del dolor’ (Reservoir Books), el periodista colaborador de ‘The New Yorker’ Patrick Radden Keefe analiza el auge multimillonario de la familia. Con medio siglo de experiencia en la comercialización de medicamentos para el dolor, a mitad de la década de 1990 descubrieron la gallina de los huevos de oro con el OxyContin.

Richard Sackler al frente de la compañía hizo del medicamento un superventas comprando a médicos, influyendo en la Agencia Reguladora de Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés), y mintiendo acerca de los efectos adictivos del producto.

Estas malas práxis fueron ocultadas durante años, según cuenta Radden Keefe, por la potente labor filantrópica de la familia, en ocasiones tratada como unos nuevos Medici. Las becas y las cátedras Sackler tapaban la “desalmada” actuación de sus dirigentes.

Quienes consumen de forma abusiva no son víctimas, sino gente victimizada”

Richard Sackler, presidente de Purdue Pharma

Uno de los edificios de Purdue Pharma

Medicina convertida en droga

Cuando las colas en los centros del dolor pasaron a ser filas de drogadictos y era palpable que el OxyContin se había convertido en una droga con miles de personas enganchados, Richard Sackler trasladó la responsabilidad a los consumidores: “eran unos criminales imprudentes”. “Quienes consumen de forma abusiva no son víctimas –decía Richard–, sino gente victimizada”.

La serie ‘Dopesick’ (Disney Plus) también indaga en la turbia historia de este medicamento. En la ficción, Michael Keaton encarna a un médico rural de una pequeña población minera que es convencido de recetar el OxyContin a sus doloridos paisanos mineros, a pesar de sus reticencias iniciales de prescribir un opioide para dolores leves. El personaje de Keaton sufre en sus carnes el calvario de millones de víctimas de los opioides: un leve accidente de tráfico tratado con OxyContin da paso a una adición vitalicia.

La serie muestra la agresiva estrategia de marketing que puso en marcha la farmacéutica, con decenas de comerciales seduciendo a médicos de varios estados asegurando que el producto ni era peligroso ni era adictivo. Las visitas de amables comerciales se completaban con encuentros médicos de fin de semana e invitaciones a cenas que se convertían en una auténtica compra de voluntades. Sackler como presidente de la compañía insistía en que los encuentros de fin de semana eran la mejor forma de convencer a los médicos, y escribía en un correo a otro directivo: “los médicos que han acudido a alguna cena o a algún encuentro de fin de semana han prescrito más del doble de Rx [recetas]  nuevas del OxyContin con respecto al grupo de control”.

Las píldoras rápidamente comenzaron a ser trituradas y esnifadas para acelerar el efecto. Y además de la propia adicción al medicamento, estos opioides sirvieron como puerta de acceso a otras drogas más duras como la heroína, como apuntan varios estudios.

No puede haber dos formas de justicia: una para los estadounidenses comunes y otra diferente para los multimillonarios

Bob Ferguson, fiscal general del estado de Washington

Crisis de opioides

Durante su primer año de mandato en 2017, el entonces presidente estadounidense, Donald Trump, definió la crisis de los opioides como una amenaza sin precedentes y declaró la emergencia sanitaria para luchar contra dicha adicción.

Las denuncias de los familiares de las víctimas del OxyContin empezaban a contarse por miles, mientras comenzaban las investigaciones judiciales. Tras años de litigios y anuncios de multas millonarias, Purdue se declaró en bancarrota en 2019 ante miles de demandas que la acusaban a ella y a los Sacklers de fomentar la epidemia de opiáceos a través de anuncios engañoso.

En diciembre del año pasado, una juez federal anuló un acuerdo de unos 4.500 millones de dólares por el que los Sacklers se habían asegurado la inmunidad frente a futuras demandas. La magistrada consideró que el tribunal de quiebras de Nueva York, que en septiembre había aprobado el arreglo que daba la inmunidad, no tenía autoridad para otorgar a los Sacklers la protección legal de futuros litigios por opioides.

“No puede haber dos formas de justicia: una para los estadounidenses comunes y otra diferente para los multimillonarios”, señaló el fiscal general del estado de Washington, Bob Ferguson. “Estoy preparado para llevar esta lucha hasta la Corte Suprema, si es necesario, para garantizar la verdadera responsabilidad de la familia Sackler”.

Se estima que el OxyContin reportó a los Sacklers unos ingresos de 35.000 millones de dólares, y que la familia llegó a retirar de la compañía más de 10.000 millones desde que comenzaron las investigaciones judiciales.

Fuente: Grego Casanova – VozPópuli

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