El ‘Gordo’ que le tocó a Sánchez con los PGE se devalúa con ‘la pedrea’ de la pandemia y las pésimas expectativas políticas y económicas

El Gobierno no se atreve a tomar medidas drásticas contra Ómicron y no tiene alternativas para el frenazo económico, la inflación y el coste de la luz.

Se repetirá, una y otra vez, el presidente Pedro Sánchez para sus adentros el refrán del poema de Luís de Góngora ‘ande yo caliente y ríase la gente’. Porque el martes 21 y cuando ya está dando vueltas el ‘bombo’ de la lotería nacional de Navidad el Senado aprobará los PGE de 2022 y Sánchez ganará el ‘Gordo’ de la política nacional y tendrá asegurada la presidencia y el resto de la legislatura hasta finales de 2023.

Pero luego viene ‘la pedrea’ y la pésimas noticias sobre: el serio deterioro sanitario impulsado por la variante Omicrón, ante el que el Gobierno no se atreve a tomar medidas drásticas -Sánchez siempre llega tarde-; y sobre las malas cifras de los indicadores económicos y energéticos a finales de 2021 y para el horizonte de 2022 que se verán empeoradas si crece la pandemia, lo que adorna a Sánchez como un político a la deriva y futuro perdedor.

Ello a pesar de que a Sánchez le ha tocado (o más bien ha comprado) ‘el Gordo’ de los PGE con la ayuda del ‘combo Frankenstein’ y tiene abierto y asegurado el horizonte político hasta 2023, aunque en ese horizonte el aire puede convertirse en irrespirable si los malos augurios para España, que anuncian el BE y el BCE se convierten en realidad y provocan un desastre económico y social que ni siquiera los fondos de la UE podrían subsanar para el año entrante de 2022.

Tal y como se lo teme la vicepresidenta Nadia Calviño, que está asustada y puede que por ello perdiera los nervios y los papeles hasta insultar al líder de la oposición Pablo Casado al que llamó ‘desequilibrado’ y a atacar al niño acosado y amenazado de Canet de Mar diciendo que el Parlamento no debe debatir semejante y fascistoide aberración política del nacionalismo catalán, los socios de Sánchez, o presuntos ‘niños de San Ildefonso’ que cantarán el martes el Gordo de los PGE.

La Oposición en tres minutos y medio

El Presidente ya tiene los PGE y cuenta como regalo añadido la bronca que Isabel Ayuso ha creado en el seno del PP con su ambición desmedida y su deslealtad a Pablo Casado. Lo que Miguel Ángel Rodríguez -el instigador a pachas con Cayetana, Aguirre y Aznar- está jaleando y ahora dice que lo puede arreglar en ‘tres minutos y medio’ en una sentada con Teodoro García Egea. La que el secretario general del PP no debe aceptar porque la solución es muy sencilla y duraría medio minuto si Ayuso pide perdón a Casado y le promete la lealtad rota que le debe política y personalmente.

Una Ayuso triunfalista y populista que ahora sufre en Madrid el hundimiento de su política sanitaria y el deterioro económico de esta Comunidad porque ella se dedica a la política nacional y a pelearse con Sánchez, y que ahora anda -como Calviño- desconcertada y recogiendo velas.

Porque una cosa es la propaganda sobre sus buenos resultados durante las elecciones del 4-M en Madrid (por el estallido de Cs y aparición de Iglesias) y otra cosa es dar trigo y gobernar y de eso Ayuso no sabe absolutamente nada por más que le griten ‘presidenta, presidenta’.

Y pánico da el imaginar a esta Ayuso en La Moncloa y debatiendo en la UE con Draghi, Macron y Scholz la política económica e internacional europea. Cuando probado está en Madrid que no sabe hacer la ‘O’ con un canuto y basta ver el caos que impera en la CAM en los ambulatorios de la asistencia primaria en la Sanidad, que presumiblemente era su política estrella a pesar de los miles de ancianos muertos en las residencias madrileñas y muchos de ellos por culpa de sus errores.

Y ahora, y tras denunciar el veto de Casado a las cenas de Navidad del PP madrileño, la tal Ayuso empieza a rectificar. Y dice que vienen semanas muy malas en la expansión del Covid -la variante Omicrón ya es mayoritaria en Madrid- y ella, a fuer de liberal, se niega a tomar medidas restrictivas hasta que los contagios acaben alcanzando al relojero de la Puerta del Sol, y las campanadas de fin de año acaben doblando en vez de repicar.

Fuente: Rafael Halcón – República

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