Adiós a Jack, el jefe que nunca estaba: qué hay detrás de la dimisión del CEO de Twitter

“Quiero que todos sepáis que esta ha sido mi decisión y me pertenece”. Así se ha despedido Jack Dorsey en su carta de dimisión de Twitter tras seis años al frente. ¿Qué ha ocurrido?

Hace casi tres años, a Jack Dorsey (45) le hicieron la siguiente pregunta. “¿Que qué nota te pondrías a ti mismo?” “Un aprobado raspado [C]. Hemos progresado, pero en demasiados frentes. No ha sido suficiente. Tratamos de hacer demasiadas cosas a la vez”. Ocurrió en febrero de 2019, en una entrevista por Twitter con la periodista Kara Swisher, aunque, en realidad, no importa mucho la fecha. Dorsey podría haber dado esa misma respuesta día tras día desde marzo de 2015, momento en el que regresó al frente de la red social para tomar el testigo de Dick Costolo. Con Dorsey a los mandos, Twitter ha experimentado sus años más irregulares (en ingresos, usuarios y beneficios) y caóticos. Varios accionistas habían pedido su cabeza en repetidas ocasiones. Ahora él mismo se la ha servido en bandeja.

Jack Dorsey ha anunciado su dimisión en un comunicado en el que nombra sucesor, el ingeniero de origen indio Parag Agrawal, y en el que deja muy claro que él ha tomado la decisión de irse, nadie le ha forzado. “Quiero que todos sepáis que esta ha sido mi decisión y me pertenece. Ha sido una opción muy dura, por supuesto. Amo a esta compañía… y a todos vosotros. Estoy muy triste… y a la vez muy contento”, asegura Dorsey en su comunicado. ¿El motivo de su adiós? “Cambiar el curso de esta compañía a mejor”, asegura. Entre líneas, la evidencia de que él ha fracasado en su intento de conseguirlo.

Hay una gran similitud entre Mark Zuckerberg y Jack Dorsey al frente de sus respectivas empresas durante los cuatro últimos años: el número de veces que ambos han tenido que pedir perdón por clamorosos fallos de gestión. Poco después de arrancar de nuevo al frente de la compañía como consejero delegado (CEO), Dorsey se embarcó en lo que se acabó denominando el “tour de las disculpas”. Pidió perdón por la forma en la que se abusó de la plataforma en las elecciones presidenciales de EEUU de 2016, perdón por la desinformación, perdón por la apología del nazismo o del odio que se producía en su plataforma…

Jack Dorsey. (Reuters)
Jack Dorsey. (Reuters)

La sensación por aquel entonces la resumió muy bien Chris Anderson, jefe de las charlas TED, al entrevistar a Dorsey en uno de sus eventos. “Me da la sensación de que estamos todos en este gran viaje contigo en tu… Twittanic” (risas entre el público). “La gente te está diciendo: ¡nos preocupa ese iceberg que se nos viene encima! Y tú les hablas con una calma extraordinaria, les dices, “nuestro barco no está diseñado para chocar contra icebergs, estamos esperando”, mientras todo el mundo grita, “¡Jack, gira el jodido timón!” (aplausos entre los asistentes). Jack esquivó el dardo como pudo (lo puedes ver en el vídeo debajo, a partir del minuto 21:45), pero la metáfora resume bastante bien su periodo al frente de la compañía.

El enorme obstáculo al que se ha enfrentado Dorsey estos últimos seis años es el de Twitter como una modesta máquina de hacer dinero (en realidad de perderlo, con más de 1.100 millones de dólares de pérdidas en 2020 y medio millón en lo que va de año), pero un enorme imán para atraer lodazales. Exactamente igual que Facebook en esto último, pero con una gran diferencia: Facebook ingresa casi 30 veces más que Twitter cada trimestre y genera un beneficio casi 25 veces superior. Facebook es una máquina brutalmente rentable de generar problemas. Twitter se ha quedado solo en los problemas.

La manipulación de la plataforma por parte del expresidente de EEUU Donald Trump, la eliminación de enlaces a noticias sobre la supuesta corrupción de Joe Biden sin ningún tipo de explicación, su papel de ventilador de historias falsas sobre el coronavirus o la frustrante incapacidad para frenar los discursos de odio y las amenazas entre usuarios son solo algunos de los grandes escollos que han acompañado a Twitter durante los últimos años. Dorsey no supo ni atajarlos ni frenarlos. Es más, casi nunca estuvo en el día a día para combatirlos.

Jack Dorsey (izquierda) junto a a Biz Stone, Evan Williams y Dick Costolo el día del estreno en Bolsa de Twitter, en noviembre de 2013. (Reuters)
Jack Dorsey (izquierda) junto a a Biz Stone, Evan Williams y Dick Costolo el día del estreno en Bolsa de Twitter, en noviembre de 2013. (Reuters)

Múltiples empleados tanto de Twitter como de Square, su otra compañía, han asegurado que su estilo de gestión era el de delegar por completo todas las decisiones delicadas para perseguir, en gran parte, sus pasiones personales. Era el jefe que nunca estaba cuando se le necesitaba y, cuando aparecía, solo se podía hacer una cosa: pedir perdón. Muchos accionistas llevaban tiempo reclamando a Dorsey que escogiera: “¿Cuándo vamos a tener un CEO a tiempo completo?“, le espetaron durante una de las últimas juntas. No les faltaba razón: mientras la acción de Square se ha disparado un 1.500% desde su creación, la de Twitter apenas ha crecido un 11%.

Despedido a los dos años

Dorsey cofundó Twitter con tan solo 30 años, allá por el 2006. Poco antes se había juntado con Evan Williams, que acababa de vender Blogger a Google, y le pidió trabajo para la ‘startup’ de podcast Odeo. Aunque lo consiguió, la empresa se vino abajo cuando Apple también apostó por los podcasts en iTunes.

Ahí fue donde la semilla de Twitter comenzó a ver la luz como una red de mensajería instantánea y textos reducidos, proyecto al que luego se uniría Biz Stone y Noah Glass. Twitter se abrió al público en julio de 2006 y un año después Dorsey acabó de CEO. No duró mucho. En 2008 le echaron por no considerarlo apto para estar al frente de la empresa, ya que no era capaz de resolver una serie de problemas técnicos, como que no hubiera una copia de seguridad del sistema en el que se basaba Twitter. Y había más: era habitual que acabara su jornada laboral antes de tiempo para ir a clase de diseño de moda y yoga. “Puedes ser modista o CEO de Twitter. No puedes ser las dos cosas a la vez”, le espetó Williams, que acabó ayudando a que lo echaran y se quedó con su puesto.

Al año, Dorsey montó otra empresa por su cuenta: Square, una tecnológica para realizar pagos a través de teléfonos móviles con la que desarrollaron un lector de tarjetas de crédito. La empresa, que llegó a comprar la española Verse, vale hoy más del doble que Twitter.

Jack Dorsey (Reuters)
Jack Dorsey (Reuters)

Crear Square no fue la única ‘distracción’ que ha lastrado a Dorsey. Entre sus principales obsesiones de los últimos años, destaca el mundo de las criptomonedas y, en especial, el bitcoin. De hecho, #bitcoin es lo único que aparece en su biografía de Twitter. Además, hace unos meses puso a la venta el NFT del que fue el primer tuit de la Historia, que se publicó el 21 de marzo de 2006. Lo hizo a través de Valuables, una empresa para vender NFT de tuits. En septiembre, Twitter incluyó la opción de pagar propinas con bitcoins y, según anunciaron, estaban trabajando en adoptar NFT en Twitter.

También ha llamado la atención por ciertas excentricidades. En 2017, decidió celebrar su cumpleaños, que coincide con la temporada navideña, pasando diez días de meditación completamente aislado en Myanmar. Según dijo, consiguió “hackear la capa más profunda de su mente y reprogramarla”. Hablaba de Vipassana, una técnica de meditación milenaria, que implica “un trabajo físico y mental extremadamente doloroso y exigente”. Pasó allí 17 horas al día meditando y se alojó en una habitación que solo tenía una almohada. Tampoco tenía ningún aparato electrónico, libro ni forma de escribir o escuchar música. De la hiperconexión a la máxima soledad. Cuatro años después de ese episodio, se despide ahora de la compañía que ayudó a crear. Asegura que echará de menos Twitter. Sus accionistas, y muchos de los empleados y usuarios de la red social, no dirán lo mismo.

Fuente: M.A. Méndez/M. Escribano – El Confidencial

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