Desmontando la Operación Azur: un complot surrealista para dar un golpe de Estado en Francia

La justicia francesa investiga a Daillet y a otras 13 personas, por estar detrás de esta operación con la que se pretendía dar un golpe de Estado para tomar el Palacio del Elíseo.

Tono de voz marcial, traje de chaqueta y corbata, bigote perfilado y fondo negro. El gurú conspiranoico Remy Daillet lanzó en YouTube su llamamiento de golpe de Estado en octubre de 2020, tras el primer confinamiento por el coronavirus durante la primavera y con las medidas de toque de queda y control de desplazamiento todavía vigentes en Francia.

Acompañado de música medieval, Daillet afirmaba que Francia había “sufrido el equivalente de una guerra”, que hacía extensible a toda Europa, a manos de una “élite apátrida” que habría destruido la Justicia, la Salud y el Estado. El plan de ataque para hacerse con el poder, revelado por el periodista Jeremie Pham-Lê en las páginas del diario ‘Le Parisien’, estaba dividido en tres partes: una masa de personas crearía disturbios en las calles de París bloqueando a las fuerzas del orden, mientras otro grupo asaltaría el Palacio del Elíseo (residencia oficial del presidente de la República) y otros puntos neurálgicos de la capital. Un tercer grupo ocuparía una cadena de televisión o radio que debían defender durante tres o cuatro horas para poder difundir su propaganda antes de que les expulsase la policía. Entre las armas que se usarían: cócteles molotov, explosivos caseros, escudos antidisturbios, alabardas, mazas y pilums.

En la web renversementgouvernementfrançais (derrocamiento del gobierno francés), donde Daillet “reclutaba” adeptos para su causa, se proponían una serie de medidas de inspiración liberal y conservadora, trufadas de ideas conspiracionistas, que se implantarían inmediatamente en Francia para retomar el “orden moral”: acabar con el 5G, los ‘chemtrails’, la vacunación obligatoria, orientar la salud hacia la medicina natural, eliminar el 96% de los impuestos, prohibir la masonería, el matrimonio homosexual, expulsar a los inmigrantes que cometan delitos y quitarles la nacionalidad francesa (si la tuvieran). Daillet asume en su vídeo que él sería el Jefe de la Nación que pilotaría estas primeras políticas y, después, una asamblea nombraría a un monarca que pasaría a ser el Jefe del Estado.

Remy Daillet lanzó su proclama desde Malasia, donde vivía junto a su esposa y sus tres hijos desde 2016. Este antiguo miembro del partido centrista MoDem, de 55 años, empezó haciendo vídeos sobre la educación en casa con el seudónimo de Thibault la croisade (Thibault la cruzada), “pero empezó a hacerse conocido a partir de la pandemia” -explica Pham-Lê-, con vídeos conspiracionistas sobre el virus, y salió del anonimato con su solemne llamamiento a un golpe de estado en octubre de 2020.

Un Estado mayor formado por 36 personas

Detenido y extraditado a Francia en junio de 2021 por su participación en el Caso Mia, el secuestro en abril de una niña francesa de 8 años que había sido apartada de sus padres por decisión judicial, los investigadores de la DGSI (Dirección General de la Seguridad Interior) empezaron a tirar del hilo y descubrieron que los tres hombres que se llevaron a Mia formaban parte del entramado conspiracionista de Daillet.

A través de su página web, Daillet había creado “una especie de Estado mayor con una rama civil y otra militar”, detalla Pham-Lê. La rama civil sería la que estaría detrás del caso Mia, ya que se dedicaba a rescatar a los niños de las supuestas redes pedófilas estatales; mientras que la parte militar buscaba objetivos para posibles atentados, como centros de vacunación, logias masónicas, antenas de 5G… Y preparaba a las tropas para el asalto al Palacio del Elíseo, compartiendo recetas para fabricar explosivos caseros y consejos sobre los tipos de armas que había que utilizar.

Avenida de los Campos Elíseos. (EFE/Ludovic Marin)
Avenida de los Campos Elíseos. (EFE/Ludovic Marin)

Daillet habría nombrado a 36 responsables divididos por zonas geográficas y encargados de reclutar más voluntarios para el movimiento. Policías, gendarmes y militares en activo, un alcalde y un antiguo candidato del Frente Nacional a las elecciones legislativas, Francis Maginot (según reveló esta semana el medio StreetPress) formaban parte del núcleo duro. En total, el grupo reivindicaba unos 300 miembros.

Maginot era el encargado de formar a las tropas para el combate contra “un poder tiránico, criminal, liberticida y cómplice del Nuevo Orden Mundial”. El “Coronel Quinze”, como se hacía llamar, recomendaba el uso de armas medievales como mazas, manguales, alabardas y pilums en la lucha cuerpo a cuerpo con la policía durante la Operación Azur.

“Desde un punto de vista operacional, Azur es un proyecto surrealista”, afirma el periodista de Le Parisien, Jeremie Pham-Lê, a El Confidencial. Para él, el riesgo no estaba tanto en un complot colectivo difícilmente operativo como la Operación Azur, sino en el hecho de que “entre esas personas, haya una que pueda pasar al acto de forma aislada”. Porque, como afirma: “la pandemia ha radicalizado las ideas complotistas de este tipo de perfiles”.

Personaje “narcisista”

Un riesgo real porque lo que dejan entrever las conversaciones a través del servicio encriptado de mensajería ProtonMail a las que Jeremie Pham-Lê tuvo acceso es que los miembros del grupúsculo terrorista de Daillet se empezaban a impacientar desde principios de 2021.

“Hay muchas quejas por la lentitud del plan. Y cuando alguno afirma estar listo para pasar a la acción, siempre surgen problemas de dinero, de planificación, miedos”, cuenta Pham-Lê. Algunos de los detenidos, como un miembro con pasado en grupos neonazis en Alsacia, tenían proyectos muy avanzados, y habían localizado logias masónicas donde llevar a cabo sus primeros atentados. Pero la acción no llegaba: “Creo que había mucho charlatán, por no haber, no había ni una fecha para la Operación Azur”, resume este periodista.

En las conversaciones desveladas por StreetPress esta semana, se observa cómo Francis Maginot empieza a desconfiar de su líder, Daillet, al que trata, en un mensaje enviado a otros miembros de la dirección de personaje “narcisista a la altura de Macron”. Maginot dejó a mediados de enero sus responsabilidades en la formación de las tropas a Christophe F. un teniente coronel retirado del ejército francés.

A partir del desmantelamiento del grupo en junio tras el secuestro de Mia, que provocó la detención de Daillet y de los tres hombres que se llevaron a la niña, la Justicia imputa a 14 personas el delito de “pertenencia a organización terrorista” por la Operación Azur.

En declaraciones a Le Parisien, el abogado de Rémy Daillet, Jean-Christophe Basson-Larbi afirmó que su cliente solo hizo un llamamiento “en el marco de su libertad de expresión” para acabar con el poder político en Francia a través de medios pacíficos y populares. En un comunicado, Basson-Larbi también explicó que “no existen indicios graves o concordantes que hagan pensar que estuviera implicado en un proyecto de atentado”.

Una contestación social más violenta

Las motivaciones y objetivos del plan de Daillet retomaban algunas de las reivindicaciones de los chalecos amarillos, como atacar a las figuras del Estado o reclamar un poder popular. Para Jeremie Pham-Lê, los chalecos amarillos no eran más que una fuente de inspiración y, en menor medida, una herramienta indirecta para su golpe de estado: “Tenían un nombre en clave para ellos: los canarios, y contaban con su presencia para obstaculizar la acción de las fuerzas del orden”.

Entre los 14 detenidos figura un miembro muy activo de los chalecos amarillos, Sylvain P. lugarteniente de Daillet en la región de París, que estuvo presente durante la invasión de los chalecos amarillos de la sede de la cadena de televisión BFMTV en septiembre de 2020. Un plan de acción que formaba parte del proyecto Azur. “Sería tramposo relacionarlos con la Operación Azur, sí vemos entre los encausados perfiles próximos a las reivindicaciones de los chalecos amarillos, pero a un nivel superior de radicalización”, matiza Pham-Lê.

Ante el descenso de la amenaza terrorista que suponían los grupos yihadistas tras la derrota del Estado Islámico en 2017, y el ascenso de una contestación social más violenta en Francia (que vivió sus horas más negras en 2018-2019, con los chalecos amarillos, pero empezó en 2016 con las protestas por la ley del trabajo), la DGSI habría aumentado sus efectivos dedicados a vigilar a los grupos de extrema izquierda y de extrema derecha, confirma Pham-Lê. Así, desde 2017 hasta octubre de 2021, se habrían desbaratado al menos nueve proyectos de atentados de grupos de extrema derecha en Francia.

A todo esto habría que sumar el contexto internacional y nacional en torno a la inmigración después de la crisis de los migrantes en 2015, que han provocado una mayor presencia de los discursos racistas y anti inmigración en los medios de comunicación en Francia.

Una de las organizaciones disuelta por planear atentados terroristas es la OAS (Organización de los Ejércitos Sociales), nombre inspirado por la antigua Organización del Ejército Secreto, grupo terrorista de principios de los 60 que defendía la presencia francesa en Argelia y asesinó a cerca de 2000 personas. La nueva OAS pretendía atentar contra la presencia musulmana en Francia, atacando kebabs, mezquitas, pero también a políticos de izquierda como el líder de la France Insoumise, Jean-Luc Melenchon. Disuelta en 2017, sus seis responsables fueron condenados este octubre a penas de hasta nueve años de cárcel por “pertenencia a organización terrorista”.

Fuente: Guillermo Rivas Pacheco – El Confidencial

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