Útiles e inútiles

Hoy, el Tribunal Constitucional ha dado la razón —otra vez— a los servicios jurídicos de VOX y ha sentenciado la ilegalidad del cerrojazo del Parlamento que siguió de inmediato al primer Estado de Alarma —también ilegal— y que impidió el control parlamentario vulnerando los derechos de los diputados. Impedir ese derecho fue impedir que los españoles, en un momento crítico para la salud —física y mental— de cientos de miles de ellos y para la economía de millones de personas, pudieran ejercer a través de sus representantes el control a un Gobierno que por ideología permitió la celebración de un infectódromo como el 8-M; por ideología negó la expansión de la enfermedad («del que sólo habrá uno o dos casos») y que por afán totalitario logró que la Presidencia del Congreso en manos de Meritxell Batet cerrara la actividad parlamentaria para no rendir cuentas por su catastrófica e improvisada gestión ideológica de la pandemia.

En momentos de máxima gravedad es cuando hay que extremar el control del Gobierno, de cualquier gobierno, algo que es de sentido común y que lo entiende hasta el tertuliano sectario más desnortado al que habría que oír si la pandemia hubiera ocurrido con un Ejecutivo que no fuera de izquierdas.

Y si esto lo entiende hasta un adolescente con tik-tok, la pregunta pertinente es cómo es posible que el partido de Santiago Abascal fuera el único que recurrió ante el Constitucional el cerrojazo ilegal del Parlamento y la limitación absoluta de los derechos de los diputados, que son los derechos de los españoles.

En democracia, los partidos políticos son herramientas para la participación de los ciudadanos en la vida pública. Si una herramienta es inútil, si en tiempos de grave quebranto no cumple con su cometido esencial de trabajar, vigilar y oponerse lealmente a cualquier desviación totalitaria del poder, ¿de qué sirve? Y lo que es peor, ¿a quién le aprovecha su existencia pagada con el dinero de nuestros impuestos?

Son preguntas que tendrá que responder, entre otros, pero sobre todo, el líder formal de la Oposición, Pablo Casado, que se negó a recurrir el cerrojazo a todas luces ilegal. Por desgracia, la respuesta de Casado no llegará pronto. Habrá que esperar a que termine de consolidar su liderazgo reestructurando las baronías regionales, alimentando el arrinconamiento del español en Galicia y pactando ensayos presupuestarios con los socialistas. Vamos, el liderazgo de lo inútil.

Fuente: La Gaceta de la Iberosfera

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