Pedro Casado, presidente

Resulta imposible orillar la ideología sin menospreciar algo tan importante e irrenunciable como es la libertad.

Lo más parecido a la convención de un partido es una congregación de pelotas y aplaudidores a los que no les queda otra que hacer acto de presencia para mantener sus opciones a un carguito o dádiva. El dedo divino del líder únicamente señala a quien haya hecho pública ostentación de un alto grado de servilismo, y qué mejor lugar para hacerse notar que este tipo de eventos. Así que, si alguien creyó que de la convención de los populares iba a salir algún tipo de armazón ideológico, estaba en el lugar y en el momento equivocado, incluidas todas aquéllas que intentaron visibilizarse por razón de sus vaginas.

Pero aun siendo consciente de que una convención no es un congreso, algunos discursos e intervenciones sí que llamaron poderosamente mi atención, no por su brillantez en cuanto al planteamiento o al contenido, sino por la idea subyacente: dejar de lado la ideología y centrarse en la economía. Éstas fueron las dos líneas maestras de la ponencia del exvicepresidente Mariano Rajoy, replicadas en los medios por sus colaboradores y periodistas afines. Algo así como que la derecha encuentra su legitimación en la contabilidad y en las finanzas, mientras que la de la izquierda reside en todo lo demás.

No hay nada más aberrante y peligroso que un político carente de ideología, ya que en ella residen los principios. Y sin ellos el hombre se convierte en un fin en sí mismo, en un ser amoral

Pues me van a permitir recordarle al señor Casado algo que seguramente sabe pero que nadie le dijo cuando se puso ante uno de los micros de la convención: no hay nada más aberrante y peligroso que un político carente de ideología, ya que en ella residen los principios. Y sin ellos el hombre se convierte en un fin en sí mismo, en un ser amoral carente de ética que sólo persigue su propio beneficio. En un enemigo de la democracia.

Defender el Estado de derecho es ideología. Defender la separación de poderes y la independencia judicial es ideología. Defender la presunción de inocencia es ideología. Hasta en la economía, ese campo del saber que pretenden convertir en una tarea limitada a cuadrar balances, hay ideología: bajar los impuestos, el libre mercado, el recorte del gasto superfluo… Resulta imposible orillar la ideología sin menospreciar algo tan importante e irrenunciable como es la libertad, señor Casado. Y quien le diga que tiene que hacerlo para llegar a Moncloa, miente. No abrace esa falsa dicotomía que pretende convertirlo en un Pedro Sánchez de garrafón, en la personificación de la patraña y de la impostura. En el presidente Pedro Casado.

Se marcharon a Ciudadanos y Vox

Ensanchar la base electoral del partido no sólo es perfectamente compatible con un sustrato ideológico sólido y reconocible, sino que es hasta necesario. Puede que a Rajoy le saliera bien en su momento el centrarse exclusivamente en los números, pero esa ubre ya se ordeñó. La gente no quiere a un líder inane, sino a uno genuino, cercano y sencillo al que poder confiar la ardua tarea de recomponer todo lo que el sanchismo ha roto o infectado, que no es sólo la economía. Y hacer gala del rajoyismo como respuesta a estas demandas es mala cosa, porque muchos de quienes votaron a Mariano recuerdan bien lo que hizo con el arsenal legislativo antiliberal de Zapatero: nada, absolutamente nada. Cero. Por eso muchos marcharon a Ciudadanos o a Vox, o incluso regresaron al socialismo creyendo en los cantos de sirena moderados de Sánchez. Identificarse con Rajoy es hacerlo con la mentira, con la parsimonia y con la inacción.

Buscar la legitimación en la gestión económica resulta tentador, no lo dudo, pero convierte la política en un sindicato de contables que exprimen al ciudadano mientras miran hacia el otro lado cuando la izquierda impone su agenda adoctrinadora. Es asumir que las únicas carteras ministeriales que el Partido Popular aspira a ocupar son las económicas, mientras que las restantes bien podrían encabezarlas quienes hacen ideología, tanto a izquierda como a derecha.

Hacer una enmienda a la totalidad de las políticas de Sánchez y desparasitar todo aquello que ha colonizado precisa de recursos ideológicos firmes

Frente al desastre y las mentiras del Gobierno, el votante priorizará la gestión, pero no despojada de ilusión. El sanchismo ha obligado a los españoles a ser conscientes de la importancia de defender los cimientos en los que se sostiene nuestra joven democracia, que no son sólo económicos. Hacer una enmienda a la totalidad de las políticas de Sánchez y desparasitar todo aquello que ha colonizado precisa de recursos ideológicos firmes.

Isabel Díaz Ayuso triunfó en Madrid porque era la chica vestida de un azul vibrante en un salón atestado de damas anodinas ataviadas de gris, cuya cabeza visible fue Ángel Gabilondo, que hizo las veces de Mariano Rajoy. Y todos sabemos cómo terminó la historia. Que tome nota quien corresponda.

Fuente: Guadalupe Sánchez – VozPópuli

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