Defender la unidad de España… y la Hispanidad

El presidente mexicano López Obrador es un indigenista que odia a España.

Estamos en octubre y sin duda es el paradigma que ha convertido a España en el país con más referencias históricas de todas las naciones de las que podrían hacer valer sus momentos más emblemáticos. Octubre se lleva la palma porque en este mes se da la circunstancia en que se dio el punto de inflexión más importante para nuestra era y todavía nada ha superado el descubrimiento del Nuevo Mundo.

Es lógico, por la envidia y la guerra de religiones, que España haya sido perseguida, arrinconada, maldecida y, hoy, mal tratada por sus propios políticos, que muy al contrario deberían venerar el recorrido a lo largo de los siglos, porque posiblemente sea el motivo más trascedente que explica su existencia como persona. Pero incluso en la actualidad, en la que la ciencia es sustituida por cientifismo, la historia por historietas y la razón por meros sentimientos, se la sigue vituperando por presidentes extranjeros, ignorantes sí, pero con un alto poder voltaico para hacer el mal como Andrés Manuel López Obrador -AMLO para los colegas-, un indigenista que odia a España y a los españoles como forma de hacer política. López Obrador, se ha convertido en el nuevo azote de la Leyenda Negra que confunde a sus votantes y que le da lo mismo churras que merinas a la hora de utilizar la historia como palanca demagógica. Como hace habitualmente la izquierda, se mantiene en el poder gracias a los comederos subvencionados. Ya saben que en la medida de que las carencias  intelectuales se agudizan, es más fácil y barato comprar a quienes te escuchan. Eso pasa en México, aquí, allá y acullá, lo que no justifica para nada que suceda de forma tan dramáticamente normalizada.

Si bien España conquistó lo que todavía no era México, salvando a sus hijos del canibalismo religioso de sus gurús aztecas, y que desde hace 300 años se libraron del yugo español, cómo es posible que México mantenga un sistema social tan empobrecido y una industria tan dependiente de Estados Unidos.

Pero me pregunto que, si bien España conquistó lo que todavía no era México, salvando a sus hijos del canibalismo religioso de sus gurús aztecas, y que desde hace 300 años se libraron del yugo español, cómo es posible que México mantenga un sistema social tan empobrecido y una industria tan dependiente de Estados Unidos y, especialmente, Canadá -que por cierto son los que actualmente explotan las minas de plata y oro que España inició, llevándose en cada año más del doble de riquezas que España en los dos siglos de Imperio-. Cómo es posible, me sigo preguntando, que países asolados por la Segunda Guerra Mundial como fueron Alemania o Japón, setenta y cinco años después sean fuerzas mundiales y México siga lastrados por su alto nivel de auto corrupción y que en vez de gobernar se dediquen a mirar al pasado, inventando la historia, para cubrir sus vergüenzas personales.

 También nos abofetea Marruecos, actuando como telonero de Estados Unidos, socio prioritario, y por lo que se siente protegido y fuerte.

No son los únicos que arremeten contra España, aunque quizá no tan zafiamente como el presidente actual mexicano. También nos abofetea Marruecos, actuando como telonero de Estados Unidos, socio prioritario, y por lo que se siente protegido y fuerte. Otro ejemplo son los Países Bajos. La familia Orange dejó impregnado el odio a lo español y a lo católico, que dura hasta nuestros días. Así, las bofetadas jurídicas a nuestra unidad española protegiendo y dando carta de libertad a Carles Puigdemon, insultando a nuestra Constitución y pasándose por el arco del triunfo los tratados tácitos con la Comunidad Europea.

Pero de todos, los peores son nuestros gobernantes, que no sélo replican las estupideces contra nuestro glorioso pasado, que ya no cree casi nadie que sea culto y verdaderamente interesado por la historia. Es que además dicta leyes contra nuestra historia para que sélo perdure una parte de ella, lo que sin duda es una verdad a medias que es la peor de las mentiras. La Ley de la Memoria Democrática, capricho de Carmen Calvo, que cierra las puertas a la libertad de expresión, libertad de opinión y al derecho al reconocimiento de una historia amplia. Es una aberración más que ayuda a que nos hundamos en el pozo negro de las dictaduras democráticas que no respeta las minorías y mucho menos a eso que dicen de la diversidad y pluralidad, que cacarean con tanto énfasis desde la ideología de género.

La Ley de Memoria Democrática es una aberración más que ayuda a que nos hundamos en el pozo negro de las dictaduras democráticas que no respeta las minorías y mucho menos a eso que dicen de la diversidad y pluralidad, que cacarean con tanto énfasis desde la ideología de género.

España tiene un calendario de efemérides histórico tan amplio, que no nos queda ni un solo día del año sin que nos recuerde lo grandes que fuimos. Tenemos un peso específico real, que perdura en el mundo actual, que va desde el idioma, hasta las rutas navegables descubiertas por marineros españoles y que todavía hoy se siguen usando; o que occidente sea hoy cristiana y no islamista, como pudo haber sucedido si la Batalla de Lepanto no se hubiera ganado contra el turco, empeñado en hacerse con la cristiandad de entonces.

La historia no se queda sólo en hechos pretéritos. La historia es lo que somos y define nuestra identidad como cultura, riega nuestras raíces y nos identifica con nuestro país. Sostiene el compromiso con nuestros antepasados y nos enorgullece como personas allá por donde vayamos. El pueblo español no está acomplejado, está maleado. Son los políticos y las instituciones las acomplejadas por el miedo al qué dirán.

Menos mal que todavía nos queda una Isabel Ayuso que va por el mundo con todos los posibles recursos, que defiende la unidad de España, la hispanidad y la buena fiscalidad para atraer inversiones americanas a Madrid. Saca pecho de una Comunidad donde la seguridad jurídica prevalece frente a los gestos violentos del independentismo que van como pollo sin cabeza. En una reciente entrevista Ayuso no se achicó y dejó clara la postura que tantos pensamos y que ningún dirigente dice: «Quiero potenciar la hispanidad y el legado de España en América» y añade que había que alejarse de «los populismos y los indigenismos» haciendo clara referencia a López Obrador o a Pedro Castillo desde Perú por sus discursos habituales.

Embajador en el infierno (Homolegens) Torcuato Luca de Tena. Esta obra que se ha convertido en un clásico imprescindible narra los años duros en los campos de concentración soviéticos de los supervivientes de la División Azul, contado en primera persona por el capitán Teodoro Palacios Cueto. Un libro que muestra la impronta de la nobleza y el orgullo de enfrentarse a un poderoso enemigo gracias a un espíritu patriótico que trasciende a todo lo demás.

Defensa de Hispanidad (Almuzara) Ramiro de Maeztu. Otro clásico del que todavía no han conseguido que pierda su total vigencia. Es el ensayo con más arraigo y principios que se convierte en imprescindible para conocer -y defender después- la unidad de España y la idea de hispanidad, que va mucho más allá del hecho de ser o no español.

Historia desconocida del descubrimiento de América (Sekotia) Luis Antequera. Nos encontramos ante un ensayo histórico que vamos a recomendar desde aquí a los indigenistas indignados, españoles e hispanoamericanos, porque les dará las luces que por lo visto no han sabido encontrar por su cuenta. Una magnífica obra que recoge puntos que han generado muchas dudas y con ellas el oscurantismo que a tantos les interesa para hacer ruido y aplaudir las falacias negras de la leyenda más famosa de la humanidad.

Fuente: Humberto Pérez-Tomé – Hispanidad

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