Vox explotará su fuerza en la calle para capitalizar el desgaste al Gobierno y desmarcarse del PP

Los de Santiago Abascal se adelantan a Podemos y convocan una manifestación contra la subida de la luz el próximo 18 de septiembre.

El PP se desmarca de la presión en la calle y se centra en la “gestión”.

La estrategia de oposición de Vox no es sólo contra el Gobierno, sino también contra el PP. Ya sea en cuestiones como la inmigración, el ecologismo, el feminismo o las restricciones contra el Covid, Santiago Abascal ha empleado las vacaciones de verano para diseñar el rearme político de la formación que preside, en un momento en que las encuestas han frenado el optimismo del que gozaban hace tan sólo unos meses. Ahora, la hoja de ruta de Santiago Abascal tiene dos vías: desgastar a Sánchez y presentarse como alternativa real a Casado. «Son indistinguibles», subrayó en el discurso de arranque del nuevo curso político.

Y una vez más, la calle jugará un papel esencial para ganar foco mediático y recuperar brío en las encuestas. Llevaban días amagando con dar un paso al frente y, finalmente, han decidido no esperar. El sindicato «anticomunista» impulsado por Vox –Solidaridad– ha convocado una manifestación para el próximo 18 de septiembre «sólo» en Madrid para protestar por la subida histórica del precio de la luz, que rápidamente suscribió Santiago Abascal en redes sociales. «Este invierno millones de españoles van a sufrir los efectos de una factura de la luz que no pueden pagar. Hay que protegerles ya», escribía el dirigente. Fuentes del sindicato consultadas por El Independiente aseguran que la iniciativa «ha tenido una gran acogida» y no descartan fletar autobuses para trasladar a simpatizantes de otras partes de España a la capital.

Incluso antes de que pusiesen un pie en el Congreso de los Diputados, Vox ha tratado de desmontar el «mito» de que la calle pertenece a la izquierda y ha hecho de la movilización social una de sus principales bazas políticas. De hecho, la creación de su propio sindicato en mayo de este año tenía como objetivo luchar contra el «sindicalismo corrompido» de UGT y CCOO y dar a trabajadores y empresas una alternativa al «duopolio sindical» convertido en «un ministerio socialista más».

Ahora, Vox ha visto la oportunidad de abrirse un hueco y capitalizar el descontento social de la subida del precio de la luz, un problema que, como sugieren los convocantes, no entiende de color político. Lo hacen, dicen, ante la pasividad de las fuerzas sindicales, que llevan días amagando con movilizaciones si el Gobierno no ejecuta medidas urgentes para frenar el desbocado aumento de la factura energética. El movimiento de Abascal tiene una doble lectura: por un lado, desactiva a Unidas Podemos y se adelanta a su intención de presentarse como principal abanderado de esta causa social -la formación morada también había alentado a la ciudadanía a salir a la calle, aunque no había convocado oficialmente-; y por otro, vuelve a desmarcarse del PP.

Preguntados por si se plantean apoyar esta u otras movilizaciones sociales contra el precio récord de la luz, fuentes populares descartan dar ese paso y reivindican que el del PP es «el camino de la gestión» y no del «ruido». Fue el mismo argumento que trasladaron en las filas del primer partido de la oposición cuando Vox apretaba para protestar en calle contra los indultos, una movilización que finalmente convocó una plataforma civil y a la que asistieron todos los partidos del espectro político de la derecha.

‘Viva 21’, el contrapunto a Casado

La manifestación del 18 de septiembre será sólo la antesala del siguiente gran acto que Vox ha fijado para el 9 y 10 de octubre, tan sólo una semana después de la Convención Nacional que el Partido Popular lleva preparando desde hace meses por la importancia de un cónclave que debe servir para presentar la hoja de ruta de Pablo Casado en su camino hacia el Palacio de la Moncloa, según apuntan en el cuartel general de los populares. El evento, apodado como ‘Viva 21’, coincidirá en el calendario con el Congreso del PSOE, que se celebra en Valencia sólo siete días después. De nuevo, se repite la estrategia de Santiago Abascal y presente un «gran acto» de tintes patriótico y sociales con el objetivo de enfrentar el de Sánchez y eclipsar el de Casado.

Los populares han apuntado alto con un acto que se celebrará en la icónica plaza de toros de Valencia, según adelantó ABC. Los de Casado confían en que el buen pulso en las encuestas y el empuje del que gozan tras el triunfo de Ayuso en Madrid les permita volver a colgar el cartel de ‘completo’ en un acto multitudinario, una asignatura en la que Vox sí les lleva bastante ventaja, y califican de «éxito» los tres ‘Vistalegre’ previos al que se celebrará este mes de octubre en un espacio que esta vez será al aire libre.

El debate de la inmigración

La estrategia de marcaje a Sánchez y de presión al PP también se ha visto reflejada en otras cuestiones de actualidad con las que Vox ha pretendido marcar agenda, aunque el foco se ha situado muy especialmente en el debate migratorio.

El discurso contra la «inseguridad», contra las «mafias marroquíes», contra la «inmigración ilegal» y contra el «efecto llamada» ha sido la bandera dominante de Vox en las últimas campañas electorales para explotar sus diferencias con el PP y para presentarse como una alternativa viable a la moderación que ahora profesa Pablo Casado. En líneas generales, a Santiago Abascal no le ha ido mal con esta estrategia. Por eso en Cataluña se dio incluso más peso a este discurso que al del rechazo a independentismo, y dio sus frutos: Ignacio Garriga adelantó por la derecha al PP y también arrebató a Ciudadanos el bastón de mando de la oposición en el Parlament.

En Vox son conscientes de la fuerza que la cuestión migratoria tiene entre sus votantes. Blinda a los suyos y atrae las miradas del sector más conservador que aún guarda lealtad al PP. Pero en su camino para destronar al primer partido de la oposición como intentó Albert Rivera en su día, Santiago Abascal se encontró con un obstáculo inesperado alejado de las lindes del Congreso de los Diputados. Isabel Díaz Ayuso pulsó el botón rojo en Madrid y provocó un auténtico terremoto en el tablero político nacional. El PP destronó por primera vez en tres años al PSOE en las encuestas, y la tendencia ascendente de Vox se frenó en seco. Con Ciudadanos prácticamente fuera de juego, los populares se lanzan ahora a asestar un bocado decisivo a la bolsa de votos de sus rivales directos en la derecha española.

Pero Vox está decidido a plantar batalla explotando las diferencias en determinadas cuestiones que, a su juicio, posicionan a los de Casado con el «consenso progre». Y la inmigración es sin duda un tema clave. La grave crisis diplomática entre España y Marruecos que explotó justo antes de verano; las repatriaciones de los menores marroquíes instalados en Ceuta que investiga la Justicia; y la incipiente oleada de refugiados por la caída de Afganistán en manos de los talibanes enciende un discurso en que Vox vuelve a situarse en las antípodas del PP. Incluso condiciona sus gobiernos autonómicos para mostrar a sus potenciales votantes que la única ‘mano dura’ contra la inmigración irregular y sus consecuencias es la de Vox.

Para explotar esta estrategia, y ante el período de sequía electoral que limita la cantidad de actos públicos del partido, las redes sociales se han convertido en el gran aliado de los de Santiago Abascal. Raro es el día en que no publican en sus cuentas oficiales algún mensaje denunciando el «silencio cómplice» del Gobierno y la oposición «frente a la amenaza migratoria», advierten sobre posibles «invasiones» y lanzan alegatos en contra de la multiculturalidad que enarbolan el resto de partidos. Esta posición les ha costado ya más de un veto por parte de Twitter por «incitar al odio», según alegó la red social.

De hecho, el arranque del curso político ha servido a Abascal para radicalizar su discurso migratorio, evidenciar su ruptura con Casado y equiparar al PP con el PSOE. «El viejo bipartidismo colabora y tolera esa invasión», aseveró el líder de Vox en su primer discurso tras el verano, en que trazó una línea diferencial entre su partido y el resto del espectro político español en la cuestión de Afganistán: ayudar a los solicitantes de asilo a que abandonen el país, pero que se queden en los países musulmanes limítrofes y no en España o Europa. «Pretenden ofrecer a miles de refugiados lo que no podemos dar a los ciudadanos españoles», sentenció.

Fuente: Ana Belén Ramos – El Independiente

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