Sánchez entre la espada europea y la pared de UP

En España, donde los problemas políticos, institucionales, económicos y sociales (pandemia incluida) se acumulan sin cesar y sin visos de solución nos vendría muy bien una ‘gran coalición’ al estilo de la de Alemania, o un ‘gobierno de unidad nacional’ como el que preside Mario Draghi en Italia.

Pero en España no hay alemanes ni existe una figura como la de Draghi, ni se aprecian en la vida pública la presencia de ‘políticos de Estado’ capaces de aunar voluntades y lograr acuerdos, porque vivimos en la confrontación y en permanente campaña electoral. Mientras que en los países de nuestro entorno europeo los grandes problemas nacionales se abordan de manera unitaria, con visión de Estado y gran generosidad.

Es tal el vacío de liderazgo unitario del país que la impresionante victoria del joven tenista Carlos Alcaraz en la tercera ronda del Open USA, frente al número tres del mundo el griego Stefanos Tsitsipas, se convirtió el sábado en la gran noticia nacional, hasta el punto de señalar varios medios al joven (18 años) Alcaraz como el futuro y el posible sucesor del inigualable Rafael Nadal.

Al presidente Sánchez los problemas nacionales le resbalan y su soberbia y autobombo sin pudor parece que le han hecho creer que ha sido él y no los talibanes quien ganó la guerra de Afganistán.

Una ingente hazaña de quien no puede controlar el precio de la luz ni apaciguar sus tensas relaciones con sus socios de UP en el Gobierno.

Pero ayer Sánchez estaba eufórico y se fue a Sevilla de campaña electoral para reanimar a sus militantes en Andalucía (tras fulminar a Susana Díaz) y para repetir eso de que el PP ‘solo sabe gritar’. Lo que no parece que sea ser un argumento que justifique el deterioro general y creciente que vivimos en la España que Gobierna Pedro Sánchez.

Al Presidente lo que ocurre en España no le importa salvo si ello afecta a la estabilidad de su enorme poder personal. Y no parecen interesarle las crisis económica, sanitaria, social e institucional que afectan a la convivencia y al deterioro de la Justicia y de La Corona, como lo hemos visto en el reciente episodio de la fiscalía y el Rey emérito. Como si todo eso, o incluso las muy pintorescas andanzas rusas de Puigdemont -sobre las que Sánchez no dijo nada- ocurriera en otro país y no en España.

Pero las tensiones con UP en el seno de su gobierno crecen y aunque su vicepresidenta Yolanda Díaz intenta apaciguar los ánimos en la coalición lo del precio de la luz ha hecho ‘saltar los plomos’ de la cohabitación en el seno del nuevo Gobierno. Donde su ministro de la Presidencia Felix Bolaños va de error en error, y su nueva Portavoz, Isabel Rodríguez, ya no sabe qué hacer con sus sonrisas forzadas en la sala de prensa de La Moncloa.

Y, de momento, no hay encuesta electoral que anuncie una recuperación del PSOE frente a la notable ventaja que les lleva el PP. Lo que obliga a Sánchez a templar gaitas y hacer concesiones a UP y ERC, para poder aprobar en el otoño los presupuestos generales de 2022, conjurando con ello el riesgo de un adelanto electoral para antes de 2023.

Y esos Presupuestos de 2022 son su primera y única obsesión porque en ellos Sánchez se juega la Presidencia. Y en UP lo saben y por eso han empezado a ligar sus exigencias sobre el precio de la luz a los PGE. Lo que coloca a Sánchez entre la espada vigilante de los fondos europeos y la pared eléctrica de UP. Pero, no lo duden, cederá y engañará -es su mayor habilidad- a unos y otros con tal de seguir en el poder.

Fuente: Pablo Sebastián – República

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