Sánchez bajo el síndrome de Metternich

A los presidentes del Gobierno de España, especialmente a Felipe González y a José María Aznar (y este último con peor fortuna por su implicación en la segunda Guerra de Irak) siempre les ha tentado la proyección internacional en algún momento de su mandato, a pesar de que nuestro país no pasa de ser un mediana potencia europea con ‘proyección’ en Latinoamérica.

Y esa tentación de protagonismo internacional, que podríamos llamar con ironía ‘el síndrome de Metternich’, es la que ahora invade la nueva y recién estrenada pasión internacional de Pedro Sánchez porque cree haber logrado  un gran éxito en la crisis de Afganistán con la repatriación de 2.200 afganos, y el agradecimiento recibido de la UE y EEUU.

Y con ese escaso y temporal bagaje ya se ha lanzado Sánchez el estrellato europeo e internacional y a proponer iniciativas a la UE y a la ONU, como lo acaba de hacer en una Tribuna que ayer ‘firmó’ -lo que no garantiza que la escribiera- en el diario El País, titulada ‘El alma de Europa con Afganistán’, utilizando lo del ‘alma de Europa’ que días atrás citó la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen en Madrid.

En su artículo Sánchez no nos aporta nada nuevo, ni concreto, y repite una y otra vez lo de los ‘éxitos de España’ la repatriación, al tiempo que subraya la obviedad de que hace falta una Europa más fuerte y unida -Metternich habló de reconstruir ‘la Europa de Hierro’ tras la caída de Napoleón- para afrontar desafíos como los de Afganistán.

Sánchez, en un abrir y cerrar de ojos, ha pasado de ser ninguneado por el presidente Joe Biden, que solo le dedicó 30 segundos en la cumbre de la OTAN, a creerse un portento y un líder poderoso e influyente en la UE, lo que  nos acerca a la imagen del ‘suflé’ que primero sube y luego se desinfla.

Y si tanto le preocupa al Presidente Sánchez la unidad europea, más vale que empiece por buscar la unidad política y territorial de España donde hay tanto por hacer como muy pronto y en pocas semanas lo comprobará en la ‘mesa de diálogo’ catalana. Y en otros foros del debate político nacional, como los de la gestión pandemia y los fondos europeos donde la cohesión nacional brilla por su ausencia.

Pero ahora Sánchez está ‘inflando el perro’ de la repatriación de los afganos con un llamativo auto bombo de su gestión, que casi le hace levitar, en lugar de ‘exprimir el limón’ de los muchos problemas reales de España que a la espera están de la acción del Gobierno y de una especial apertura al diálogo nacional con la Oposición.

Fuente: Pablo Sebastián – República

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