Juan Jesús Vivas (PP), un ‘casco azul’ para salvar a Marlaska de la quema en Ceuta

Desde el inicio de la crisis migratoria, el presidente ceutí se ha desmarcado de Génova defendiendo a Sánchez y a Marlaska. El PP ha pasado de pedir la dimisión del ministro al cierre de filas por “sentido de Estado” en pocas horas.

El presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, comparecía este miércoles desde la Moncloa como un funambulista caminando sobre el alambre. Tratando de mantener un equilibrio imposible en el discurso. Intentando contentar a los líderes de su partido, el PP, tapar las vergüenzas de un sistema insolidario y fijar su apoyo a un Pedro Sánchez en la controvertida gestión de la crisis migratoria de mediados de mayo provocada por Marruecos. En cuestión de horas, Génova pasó de pedir la dimisión del ministro del Interior al cierre de filas en Ceuta por “sentido de Estado”. Y, cosa rara en la política hoy, Vivas exculpó públicamente a Marlaska de la bochornosa gestión de los menores migrantes en la ciudad autónoma. Hizo de escudo humano.

“No veo motivos para polemizar con el señor Marlaska”, respondió cuando se le recordó que el ministro del Interior sí derivó hacia su persona la responsabilidad del cuestionado proceso de repatriación. “Sería injusto” culparlo porque reiteró que “estaba de acuerdo con el procedimiento” seguido, que explicó que se adaptará para cumplir con los preceptos legales que reclamaba el Juzgado de lo Contencioso-Administrativo número 1 de Ceuta.

Con tono afable, a veces entrañable, el dirigente popular fue abordando, una a una, las distintas cuestiones que se planteaban sobre el espinoso tema del “retorno asistido” o “expulsión irregular” —según se pregunte— de los adolescentes marroquíes que entraron en la ciudad autónoma hace tres meses. Fijó posición común con el presidente del Gobierno: la única vía posible es el “traslado a Marruecos” de los menores “en el menor tiempo posible”.

El contundente escrito del juez, avisando a su colega de togas y hoy ministro de las irregularidades cometidas en el proceso de evacuación de los menores, obligó a Sánchez a tomar la iniciativa para atajar la crisis de Ceuta. Vivas se personó en Moncloa y exoneró de toda responsabilidad al ministro del Interior a pesar del auto judicial que paralizaba el proceso de repatriación iniciado. Aunque en realidad Moncloa ha desautorizado a Marlaska obligándole a cumplir la Ley de Extranjería y ser más escrupuloso con la devolución de los menores migrantes, lo cierto es que el ministro sale vivo de la quema.

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El veterano dirigente popular, con 20 años en el ejercicio del cargo, actuó de ‘mediador’ con el Gobierno, arrancando el primer gran acuerdo político entre los dos partidos en mucho tiempo. Con su postura dialogante y sus apelaciones al sentido de Estado, Vivas ha ido aplacando la retórica excesiva de algunos de los responsables de su partido. Aunque ha alimentado a un Vox que tiene en la ciudad autónoma un potencial nicho electoral y que no dudó en dedicarle duros reproches tras su paso por Madrid.

 

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Cierto es que las relaciones con esta formación están muy deterioradas desde que, con la abstención de los populares a una iniciativa presentada por el Movimiento por la Dignidad y la Ciudadanía (MdyC), la Asamblea de Ceuta declarase ‘persona non grata’ a Santiago Abascal. Por eso no extrañó que su secretario provincial, Carlos Verdejo, calificase el encuentro de Vivas con Sánchez como un “viaje de propaganda” para “hacerse la foto”. “Ni una sola medida concreta y los menas —menores no acompañados— en Ceuta”, comentaba en sus redes sociales.

Mal asunto para el presidente ceutí, que se encuentra en un momento político complicado, gobernando en minoría tras una pérdida de votantes en los comicios de 2019 que previsiblemente han aupado a los seis diputados de Vox.

No obstante, ante esta situación, no ha sucumbido a soflamas populistas, intestinas, que probablemente le permitirían recuperar ese terreno electoral perdido frente a los de Abascal. Entendió que estaba ante una “cuestión de Estado” que reclamaba “honestidad” y un trabajo “transparente” y “leal” entre administraciones de distinto signo, como ayer explicó a los periodistas durante una intervención en la que no quiso dejar a nadie atrás.

Tampoco escatimó elogios hacia Pedro Sánchez por la “rapidez en su respuesta” al dictamen judicial y que en su opinión “indica que —para el presidente— se trata de un asunto prioritario” en el que “se ha implicado personalmente”. Esto debió de causar más de un sarpullido en su partido, y en Vox, pero sobre todo cuando le escucharon destacar que “tenemos con nosotros al Poder Ejecutivo del Estado” en una zona del país donde la españolidad es sacra.

Vivas se enfundaba el ‘casco azul’, compartía así una bandera política sujetada con fuerza por el centroderecha y revitalizaba la imagen de un presidente necesitado de un ‘chute patriótico’ tras el indulto a los golpistas catalanes, la próxima reunión de la mesa de diálogo entre el Gobierno y la Generalitat, sus coqueteos con un grupo ‘abertzale’ como Bildu y su coalición con una formación como Unidas Podemos que, entre otras cosas, aspira a cambiar la organización del Estado y acabar con el régimen del 78.

Por eso no faltan los que ven en este gesto el desenlace de la utilización por parte del líder socialista de uno de los barones con más trayectoria en las filas del PP y un intento por diluirse en la polémica cediéndole todo el protagonismo a Vivas. Quizás por eso Sánchez no compareció a su lado y así podría seguir disfrutando de las mieles de su internacionalmente aplaudida gestión de la crisis de Afganistán.

El presidente ceutí, a pesar de los callos que haya podido pisar entre los suyos, tendió puentes con el presidente de su partido, Pablo Casado, y aseguró que “ha hablado muchísimas veces conmigo y siempre me ha dicho algo muy importante: ‘Los intereses de Ceuta y España están por encima de los del PP”.

“No veo ninguna contradicción” en las posturas de ambos sobre la gestión del Gobierno central y aseguró que esta sensación es extensible a los diferentes líderes regionales de la formación porque también “han defendido que la solución está en el retorno de los menores a sus países de origen”. De esta forma, también quiso sacudirse cualquier polémica por la falta de solidaridad del resto de comunidades para acoger a estos inmigrantes, pero recordó que es un principio que “está en la Constitución” recogido en la “unidad de España como patria común e indivisible”.

“Si hacemos una apelación llegado el caso, esa solidaridad no tendrá colores —políticos—”, remarcó, no sin antes ejemplificar con cifras la situación “insostenible” de la ciudad autónoma: “Ceuta tiene 20 kilómetros cuadrados y 85.000 habitantes y está acogiendo al 10 por ciento de todos los menas de España. Es como si llegaran 40.000 a Madrid” de golpe.

Fuente: Pablo D. Almoguera – El Confidencial

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