El ‘teatro’ de Sánchez y el centro de Torrejón

Está muy bien que el Gobierno de España haya montado en la base aérea de Torrejón un centro de acogida europea para afganos repatriados, lo que ayer le agradecieron a Pedro Sánchez, en su visita al centro, los presidentes del Consejo y la Comisión de la UE, Charles Michel y Ursula Von der Leyen.

Y está última con bonitas palabras hablando de España como ejemplo del ‘alma europea’. Lo que esperemos no lo olvide la señora Leyen cuando las pateras marroquíes de inmigrantes ilegales lleguen a Canarias y Andalucía,  cargadas de inmigrantes que se quedan en la península ibérica.

Pero pasemos ‘de las musas al teatro’ porque Teatro es lo que ha montado Sánchez en Torrejón para intentar justificar su escandalosa ausencia durante la crisis de Afganistán, sobre la que sigue -con monólogos empalagosos aparte- sin dar explicaciones al Parlamento y ante los medios españoles de comunicación.

Porque Sánchez ha sido el único de los principales líderes europeos -sí salieron Merkel, Macron, Draghi y Johnson- que no dio la cara desde que estalló el derrumbe acelerado del régimen de Afganistán. El que ahora está en manos del Emirato de los talibanes y sumido a una creciente represión contra los afganos que colaboraron con los países occidentales aliados de los EEUU y la Administración del anterior y ahora caído gobierno de Kabul.

Sánchez no dio la cara cuando debió y ahora se camufla, con un ‘cameo’ fotográfico en él teatrillo que La Moncloa montó en Torrejón, sin aceptar el presidente preguntas sobre su gran ausencia, o sobre la otra repatriación de jóvenes en Ceuta, y el otro aeropuerto del Prat catalán, cuyo control de la gestión, y de esa frontera internacional de España, le exige ahora a Sánchez el presidente catalán Aragonés, lo que anuncia una tensa ‘mesa de diálogo’ con la Generalitat a finales de septiembre.

En el nuevo curso político donde UP, los socios del Gobierno de Sánchez, le aprietan, aunque no ahogan, en relación a la repatriación de los jóvenes de Marruecos que siguen en Ceuta, el precio de la luz que no cesa, el SMI que pretenden subir, los alquileres que esperan controlar y la reforma laboral que desean derogar.

Una lista de peticiones como las catalanas del Govern que son difíciles de atender y que Sánchez tendrá que sortear si pretende seguir en el poder y mantener la estabilidad de su Gobierno para lo que necesita aprobar en el otoño entrante los PGE de 2022.

Pero todavía quedan 10 días para el inicio del curso político y Sánchez aún tiene tiempo para pasarse unos días más de vacaciones en Doñana, aún a sabiendas del escándalo político que ello podría causar, aunque conocido es que esas cosas a Sánchez le resbalan con gran facilidad.

Fuente: Pablo Sebastián – República

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