Gervasio Sánchez: “El comportamiento del Estado español con los intérpretes ha sido vergonzoso”

El retorno de Afganistán al infierno talibán: “La comunidad internacional ha abandonado al país en manos de un régimen brutal”

Con la prensa internacional poniendo el foco en el aeropuerto de Kabul, donde las imágenes de miles de personas tratando de subir desesperadamente a un avión serán recordadas en las próximas décadas, son millones los afganos que desde hace días viven a las órdenes de un nuevo régimen: el talibán.

El futuro de estas personas está ahora en manos del grupo fundamentalista, que pese a la aparente moderación de su discurso, ya ha empezado a reportar escenas de violencia y venganza. Como ocurrió en esas misma calles hace ahora veinte años, la bandera blanca de los talibanes ondea en todo el país, mientras las mujeres y niñas regresan una vez más a la oscuridad de su destierro social.

El portavoz de los talibanes, Zabihulá Muyahid, ha asegurado este lunes que, tras diez días de ofensiva, la capital de Afganistán, y por tanto el país, “están bajo control”. El portavoz de los insurgentes también ha anunciado la detención de personas “involucradas” en actividades violentas registradas en Kabul. “No se permite a nadie entrar en las casas de los antiguos funcionarios, pedirles sus coches y amenazarles”, ha agregado, antes de advertir que este tipo de comportamientos se evaluarán “seriamente”.

El grupo también ha ofrecido en estos últimos días teóricas garantías de seguridad para quienes podrían ser sus víctimas, anunciando una amnistía para las personas que hubiesen podido ayudar al Gobierno afgano o a las tropas extranjeras. Asimismo, ha asegurado que no atacará objetivos diplomáticos, en plena desbandada de delegaciones oficiales.

Estos supuestos mensajes de concordia chocan con las actitudes que durante los últimos veinte años han tenido los talibanes, y con la forma de gobernar que implantaron entre el año 1996 y 2001, cuando los constantes atropellos a los derechos humanos convirtieron en buena parte del planeta la palabra ‘talibán’ en sinónimo de ‘cruel’.

“Cuando la gente lleva tantos años bajo la guerra, cualquier condición que lleve de la mano la pacificación, por muy extrema que sea, es rápidamente aceptada”

Gervasio Sánchez, periodista que ha cubierto el conflicto de Afganistán durante los últimos 25 años y que estuvo en Kabul cuando los talibanes gobernaban el país, reconoce a 20minutos no saber “hasta qué punto la propaganda de no imponer un régimen tan brutal como el de los noventa puede ser verdad o simplemente se usa para ganar tiempo. Lo que está claro es que ellos saben que la población afgana se ha duplicado, que las fronteras son más permeables que hace un cuarto de siglo y que con las redes sociales, la información fluye de una manera distinta e imponer un régimen brutal en todos los sentidos podría ser el inicio del fin”.

¿A qué se enfrentarán los afganos con un Gobierno talibán?

La rapidez con la que los talibanes han tomado el control del país ha cogido desprevenido hasta a la inteligencia estadounidense, que hace una semana aseguraba que Kabul sería tomada en tres meses. No obstante, la situación social y el desistimiento generalizado para evitar la guerra pueden ser algunas de las claves de lo ocurrido.

Según Gervasio Sánchez, la situación actual tiene claras similitudes con lo sucedido a finales de los noventa: “Cuando estuve en junio del 97, con los talibanes en el poder, lo sorprendente era que a pesar de que habían impuesto un régimen brutal, especialmente contra las mujeres y niñas, la población afgana y sobre todo todo la población pastún los aceptaban, porque habían impuesto también la paz. Vivían bajo un régimen feroz pero sin que les cayesen bombas en la cabeza”.

“Ningún afgano menor de cincuenta años recuerda su país en paz. Cuando la gente lleva tantos años bajo la guerra, cualquier condición que lleve de la mano la pacificación, por muy extrema que sea, es rápidamente aceptada“, explica el periodista y fotógrafo especializado en conflictos armados.

Durante su gobierno, los talibanes aplicaron una versión radical de la ‘sharía’ (ley islámica), donde las mujeres y las niñas pasaban a un segundo plano. “Estaba prohibido a las mujeres salir a la calle, salvo si iban acompañadas de un varón, aunque fuera un niño. No podían trabajar, las niñas no podían ir a la escuela y a las universidades. Prácticamente era raro ver a mujeres en las calles y las pocas que había eran las viudas que pedían en las esquinas para poder sobrevivir, que eran golpeadas permanentemente por la policía religiosa talibán“, explica Sánchez.

“Prácticamente no había coches propios, todos eran de los talibanes y de algunas organizaciones humanitarias, todo el mundo se desplazaba o andando o en burro o en carromato tirado por burro o en bicicletas. Todo eso en una ciudad que había sido destruida completamente”, añade.

Los talibanes han cambiado… pero no tanto como parece

Pese a que los talibanes abogan por acabar con “la modernidad impuesta por occidente”, en esta última ofensiva se ha visto como un elemento importante de su política se desarrollaba a través de canales como Twitter. De hecho, una de las primeras medidas adoptadas tras la caída de Kabul ha sido la toma de la televisión estatal.

“Evidentemente todo ha evolucionado, incluso el pensamiento conservador de los talibanes”, asegura Gervasio Sánchez. “Saben que imponer un régimen como el de los noventa no tiene ningún tipo de posibilidad en el tiempo actual, con las redes sociales la información fluye de una manera distinta. Cuando los talibanes impusieron el régimen brutal y feudal en los noventa no salía información de Afganistán, la única forma de saber lo que estaba pasando era yendo. De hecho no había periodistas internacionales, solo estaba el corresponsal de France Press. No había casi ni periodistas locales ya que habían huido porque sabían lo que les podían hacer”.

Los talibanes prometieron el pasado mes de junio no atacar a los ciudadanos afganos que hubieran prestado servicio a las fuerzas militares extranjeras: “Volver a sus vidas normales y, si son expertos en algún campo, servir a su país. No correrán ningún peligro”, señalaron en un comunicado. En ese sentido, el pasado viernes anunciaron una “amnistía” para estos colaboradores. No obstante, los talibanes añadieron también en otras declaraciones que estas personas han cometido “una traición contra el islam y el país” y deben “mostrar remordimiento por sus acciones”.

“Es lógico que la gente quiera huir, porque saben que las promesas de los talibanes se pueden incumplir en cualquier momento“, reconoce Sánchez, que añade que “una cosa es lo que diga la propaganda talibana en Qatar (lugar donde se han desarrollado las conversaciones de paz) o la cúpula de los talibanes, que son personajes conocidos y que pueden dar la impresión de ser unos religiosos barbudos, y otra cosa es lo que va a ocurrir sobre el terreno. Los talibanes no son una fuerza unívoca que obedece a un orden centralizado. Son muchos grupos distintos que se han ido unificando por una guerra contra el Estado afgano, para recomponerlo, cambiarlo y crear un emirato”.

“La comunidad internacional son unos cobardes”

Mientras todo esto ocurre, miles de afganos decidieron acudir desesperados al único reducto que todavía no está en manos de los talibanes, el aeropuerto. Durante el pasado fin de semana comenzaron las labores de repatriación de personal diplomático y militares extranjeros. A su vez, muchas familias afganas han tratado de encontrar un hueco en estos aviones, produciendo imágenes estremecedoras de personas que en su desesperación se subieron incluso a los aviones en marcha y acabaron cayendo al vació en mitad del vuelo.

“La comunidad internacional, es decir Estados Unidos, la OTAN, España, la ONU… han dado una lección de cobardía escandalosa, han actuado de manera vergonzosa, son unos cobardes que han dejado empantanado a un país en manos de un régimen brutal“, dice Sánchez, que recuerda que no es la primera vez que ocurre, “cuando los talibanes entraron en Kabul en 1996, las Naciones Unidas huyeron y dejaron en manos de los insurgente al expresidente afgano, que fue sacado del edificio de la Naciones Unidas y ahorcado públicamente junto a su hermano”.

Durante todos los años en los que las tropas internacionales han estado en Afganistán, han sido miles de millones los euros invertidos en el país asiático, donde la corrupción de sus estamentos políticos y militares eran un secreto a voces. “La comunidad internacional en los últimos 20 años ha cometido muchísimos errores, entre ellos el ser permisivos con la corrupción generalizada. Ahora mismo aparecen informaciones diciendo que el Ejército afgano estaba inflado con batallones fantasma para sacar más dinero, y evidentemente lo sabían”, afirma el fotoperiodista.

Además, a esta crítica se le suma la actuación estadounidense, cuya imagen ha quedado dañada por lo ocurrido los últimos días, donde se han desmentido las afirmaciones de Joe Biden sobre la capacidad del Estado afgano de defenderse. “Biden ha dado una lección absoluta de falta de estrategia y de ni siquiera saber cómo evacuar una ciudad, porque el caos es absoluto”, añade Gervasio Sánchez, “una cosa es que anuncies la retirada y otra es que te vayas como te has ido. Lo han hecho tan mal que han bloqueado el aeropuerto de Kabul. Tienen cinco mil marines para organizar la evacuación de sus funcionarios, ciudadanos y soldados y son incapaces de mantener el orden de un aeropuerto asaltado por los civiles. Esto da una idea del desastre que ha sido”.

La lucha de los intérpretes afganos: ocho años solicitando asilo a España

Uno de lo problemas a los que se ha enfrentado esta evacuación de urgencia es decidir qué hacer con todos lo trabajadores locales que con la llegada de los talibanes pueden ver su vida peligrar. En el caso de España, desde que las tropas españolas comenzaron su retirada de Afganistán, en el año 2013, los trabajadores afganos que habían colaborado con los españoles, sobre todo interpretes, solicitaron al Gobierno de España asilo, por la amenazas que conllevaba seguir en Afganistán habiendo trabajado para extranjeros. Pese a ello, muchas de estas solicitudes quedaron en el olvido y hoy algunos de ellos recorren el país con la esperanza de llegar a Kabul y ser evacuados.

“Uno de los traductores que tuve está yendo desde Herat hasta Kabul con su familia por carreteras que están bajo control talibán, y ellos no son pastunes, son hazaras y son chiíes, y los talibanes los odian a muerte. Se están jugando la vida por culpa del Ministerio de Defensa y el Ministerio de Asuntos exteriores, que en ocho años no han sido capaces de montar una operación de evacuación“, cuenta Gervasio Sánchez, que agrega que “el comportamiento del Estado español con los intérpretes ha sido vergonzoso. Han tenido ocho años para hacerlo y han esperado hasta el último minuto”.

Países como Alemania y Reino Unido ya han confirmado que posiblemente no puedan evacuar a todas las personas que colaboraron con ellos, dada la situación de inseguridad que hay en el aeropuerto de Kabul. Por el momento el Gobierno español mantiene que todos serán evacuados a España con sus familias. En estos momentos dos aviones de las Fuerzas Armadas han salido ya rumbo a Dubai, desde donde pretenden volar hacía Kabul.

Más allá de si podrán salir o no, el futuro de los afganos queda veinte años después en manos de los talibanes. La vida y los derechos retrocederán en Afganistán para muchas personas, que volverán a ver la vida tras una tela. Muchos otros tratarán de huir, como lo hicieron este lunes aquellos que prefirieron subirse al ala de un avión antes que quedarse en un país que cuarenta años después continúa en una eterna batalla. Los afganos hoy son menos libres; y las afganas, serán desde mañana, invisibles.

Fuente: Carlos Pérez Palomino – 20 Minutos

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