El fracaso de Biden abre camino a Rusia y China para ‘dominar’ en Oriente Medio

Tras la victoria talibán, Estados Unidos pierde gran parte de su poder en Oriente Medio con el abandono del país, mientras Rusia y China acercan posturas con el nuevo gobierno militar afgano.

El presidente demócrata Joe Biden se enfrenta a su primera gran crisis desde su llegada al poder en enero de este curso. Tras 20 años de misión de combate, la retirada de las tropas estadounidenses -decisión tomada por la administración Trump y asumida por Biden- estaba planeada al detalle. Comenzó en mayo con una vuelta paulatina de todas las tropas, para dejar un retén de diplomáticos en Kabul que volverían el 11 de septiembre, cerrando el ciclo en esta fecha tan simbólica para el conflicto. Sin embargo, el rápido e “imprevisible” avance de los talibanes ha hecho saltar por los aires los planes previstos, ha provocado una crisis humanitaria y ha agitado de forma considerable el tablero geopolítico, invitando a otras potencias a entrar en un país como Afganistán, cuyo futuro depende en estos momentos del nuevo Emirato Islámico -la denominación usada por los talibanes-.

“Las fuerzas armadas (afganas) no han sido capaces de defender el país, y ha sucedido mucho más rápido de lo que preveíamos”, declaró este lunes el propio Biden, quien también quiso echar balones fuera sobre la responsabilidad de EEUU en la situación actual: “La misión nunca fue instaurar una democracia en Afganistán. Les dimos todos los instrumentos para defenderse y crecer pero no han sido capaces. La idea de que se podría haber mantenido el status quo manteniendo nuestra presencia militar allí es errónea”. Poco importan ya los 83.000 millones de dólares (más de 70.000 millones de euros) invertidos en la formación de los 300.000 efectivos de las fuerzas armadas afganas, los más de 2.400 soldados estadounidenses muertos, las casi 40.000 bajas civiles o los 1,2 millones de desplazados que estima Amnistía Internacional. La decisión de salir de Afganistán está tomada y pensar en una vuelta de EEUU al país resulta muy improbable y dejaría a la administración Biden (más) tocada a nivel reputacional. Por ello, el resto de potencias planea sus siguientes movimientos sobre terreno afgano mientras se asumen y eluden responsabilidades a partes iguales en la comunidad internacional.

Desde Alemania, Angela Merkel ha calificado la toma del país por los talibanes de “un acontecimiento extremadamente amargo, dramático y terrible”, reconociendo que la misión internacional ha fracasado: “El plan no funcionó tan bien como habíamos planeado”, ha declarado, para después admitir que “la solución desafortunadamente ya no está en manos de las autoridades alemanas”. El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, por su parte, ha exigido este lunes el cese de la violencia en Afganistán, así como la creación de un nuevo gobierno “inclusivo” y “representativo”, con la participación “plena, igualitaria y significativa” de las mujeres. Mientras, en España el presidente Sánchez mantiene en secreto su análisis sobre el conflicto y se limita a tuitear acerca del envío de los dos primeros aviones para la repatriación de los españoles y los colaboradores.

Sin embargo, hay dos estados que ya han dado su primeros pasos en la dirección contraria a la del resto, China y Rusia. El país liderado por Putin ha emitido un comunicado donde señala que la embajada del país en Kabul “sigue funcionando con normalidad”, para después declarar que se han establecido “contactos de trabajo” con representantes de los talibán, con el objetivo de “garantizar la seguridad del servicio exterior ruso”. Además, el comunicado considera que “los talibán comenzaron a restablecer el orden público, confirmaron las garantías de seguridad de los civiles y de las misiones diplomáticas extranjeras”, por lo que desde el país euroasiático consideran que sus delegaciones en Afganistán no corren ningún peligro, mostrando cierta simpatía hacia los talibanes.

En la misma línea se ha mostrado China. El gigante asiático ha aclarado por medio de su portavoz en el Ministerio de Exteriores que su embajada en Afganistán sigue operando como de costumbre, limitándose a a decir que evalúan la situación y ofrecerán a los ciudadanos chinos la ayuda que sea necesaria durante este momento, para después añadir que Pekín “respeta la voluntad y las decisiones del pueblo afgano”. Estas declaraciones aportan una posible pista sobre cuáles serán los siguientes pasos que pueda tomar el país, ya que Wang Yi, ministro de Exteriores chino, se reunió a finales de julio con una delegación talibán, a la que ya entonces reclamó que el grupo rompiese cualquier relación con otras organizaciones terroristas en favor de la seguridad tanto de Afganistán como de la región. Tras la visita, declaró: “Los talibán nunca permitirían que ninguna fuerza utilizase territorio afgano para cometer actos en contra de China. Creen que Afganistán debería tener relaciones de amistad con los países vecinos y con la comunidad internacional”.

Por si no fuera suficiente, Rusia y China realizaron maniobras militares conjuntas el pasado viernes, donde 10.000 tropas participaron en ejercicios “antiterroristas” encaminados a demostrar la “determinación” de los dos ejércitos para afrontar “la cambiante situación de seguridad” en Asia Central, según la cartera de Defensa china. En los ensayos estuvieron presentes todo tipo de cazas, bombarderos y aviones militares, capaces de derribar “todo tipo de amenazas” que entren en su perímetro de defensa.

Los motivos que pueden impulsar a que alguna de estas superpotencias se anime a tomar el control de un país como Afganistán son diversas. En primer lugar, cuentan con una serie de recursos naturales importantes, con un gran numero de yacimientos de minerales como por ejemplo litio, utilizados para las baterías de dispositivos electrónicos. Por otro lado, cuenta con una posición geoestratégica importante, con vecinos clave en Oriente Medio como son Irán o Pakistán, -este último aliado de China- capaces de influir y desestabilizar la zona. Históricamente, era uno de los pasos clave de la ruta de la seda, aunque la realidad de la población antes de esta última ofensa era crítica, con el 72% de los ciudadanos viviendo bajo el umbral de la pobreza, según un informe de Fewsnet. Ahora, Rusia y China miden sus estrategias para ocupar la vacante de poder que ha dejado Estados Unidos, mientras los talibanes toman el control efectivo del país.

Fuente: Carlos de Barrón – La Información

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