Moncloa cambia de estrategia y ultima un plan para que Pedro Sánchez pise más la calle

El nuevo gabinete que lidera Óscar López considera que un presidente que aspira a la reelección no puede permanecer aislado en su despacho, debe acercarse a la gente y ‘cuidar’ a la prensa.

Pedro Sánchez ha reestructurado la Presidencia del Gobierno tras la remodelación del Ejecutivo. Su nuevo jefe de gabinete, Óscar López, mantiene las competencias que tenía Iván Redondo, aunque se ha aligerado la estructura para “hacerla más operativa”. Además, se ha diseñado un cambio de estrategia de fondo.

Presidencia del Gobierno mantiene su forma piramidal con el director de gabinete de la presidencia en la cúspide. De él dependen directamente la Secretaría General de la Presidencia del Gobierno, cuyo nuevo titular es Fran Martín Aguirre; la directora adjunta del Gabinete del presidente del Gobierno, Llanos Castellanos, y la Secretaría General de Asuntos Económicos y G-20, que sigue ocupando Manuel de la Rocha. Estas tres personas tienen rango de subsecretario de Estado.

De Óscar López dependen, además, el departamento de Seguridad Nacional, la Oficina Nacional de Prospectiva y Estrategia de País a Largo Plazo y el Departamento de Análisis y Estudios. Es decir, se mantiene intacto el proyecto de ‘España 2050’ de Redondo, a través de esa oficina de prospectiva.

Se han producido también reajustes en los segundos y terceros niveles. Por ejemplo, aunque, por prevalencia, la Secretaría de Estado de Comunicación que ocupa Francesc Vallès no puede articularse en dependencia directa del director de Gabinete, porque tienen el mismo rango, de facto es así.

Se mantiene un comité de dirección de la presidencia del Gobierno que dirige López, y en el que se inserta Vallès, que mantiene al director de gabinete como referente principal de la Presidencia del Gobierno.

Hay que pisar más la calle

Más allá del organigrama, según explican a Confidencial Digital fuentes con acceso a La Moncloa, el nuevo jefe de gabinete de Sánchez ha dictado instrucciones precisas sobre cómo quiere que sea la estrategia en el inicio del curso político, en septiembre. Y la conclusión a la que se ha llegado es clara: “Menos comparecencias y más pisar la calle”.

El argumento es que un presidente que aspira a la reelección no puede dedicarse únicamente a realizar comparecencias en televisión. Debe estar cerca de la gente, en los actos de partido, para transmitir lo logrado por el Gobierno en los últimos años y que el electorado vuelva a confiar en él la próxima legislatura.

Menos comparecencias televisivas

En lugar de atender a las necesidades de los sectores más castigados, los españoles se han encontrado –explican en el nuevo equipo- ante repetidas ruedas de prensa del presidente “huecas, enlatadas, plagadas de contradicciones y anuncios” que, según critican también ahora en algunos de los ministerios más molestos, “luego no eramos capaces de cumplir o rectificábamos tres veces”.

La improvisación y los errores en algunas comparecencias de Pedro Sánchez han terminado por desesperar también a buena parte del Consejo de Ministros. “No se trata de salir por salir, para colgarse medallas, es necesario aportar novedades. Si no, la gente desconecta y se empieza a dar síntomas de agotamiento”, añaden.

El PP las ha llamado “homilías” y se ha referido a ellas con ese “Aló, presidente”, en clara alusión a las larguísimas intervenciones de Hugo Chávez y Nicolás Maduro en la televisión venezolana.

En Moncloa, en cambio, defendían entonces que era “absolutamente necesario”, e incluso “obligado”, que Pedro Sánchez compareciese una vez a la semana para dar cuenta de las medidas que se toman.

Ha perdido el contacto con la gente

El nuevo equipo de Moncloa asume ahora que, en los últimos meses, cada vez que Pedro Sánchez sale a la calle, que se deja ver en vivo y en directo y no en plasma, ha de escuchar gritos y abucheos. Se está convirtiendo en norma.

Quizá eso, reflexionan en Moncloa, explica por qué las encuestas insisten en registrar una caída en la intención de voto. Se concluye que el presidente ha perdido el contacto con la realidad y con la gente.

Le ocurrió por última vez en Salamanca, donde acudió hace unos días para asistir a la conferencia de presidentes. decenas de personas, congregadas junto a la Plaza Mayor, abuchearon al presidente del Gobierno, con gritos de “traidor”, “dimisión” o “no te queremos en España”. Los asesores del jefe del Ejecutivo tomaron buena nota ese día.

Cuidar el trato con la prensa

Por si esto fuera poco, el cambio de aires también quiere trasladarse a las formas y al trato con la prensa. Prueba de ello, según relatan periodistas que cubren habitualmente la información de La Moncloa, es el último viaje del presidente a Estados Unidos, al que acudió ya con su nuevo equipo.

Sánchez se mostró mucho más cercano a la prensa, con comparecencias y corrillos nada habituales en la época de Iván Redondo.

Los nuevos asesores han aconsejado a Sánchez enterrar esa etapa de presidente con poco contacto con la prensa, que rehuía las preguntas y los focos y que evitaba los corrillos con los periodistas.

En la gira por EEUU, algunos de los presentes aseguran que se detuvo con los informadores en tres ocasiones para charlar de manera informal con ellos, y permitió una comparecencia amplia, con siete turnos -más incluso de los que su equipo quería- y 16 preguntas.

Concluyen que el presidente se esforzó por evidenciar que esta “nueva etapa” lo es de verdad, y que ha de acercar el Gobierno a los ciudadanos

Los periodistas consultados explican que los contenidos y la coreografía de este viaje pusieron de manifiesto que la Moncloa está reenfocando claramente su estrategia, en consonancia con el cambio acometido en su propio Gabinete y con el objetivo de frenar el desgaste en las encuestas.

En el entorno del jefe del Ejecutivo admiten a ECD que Sánchez pretende así borrar la huella de su ex mano derecha, Iván Redondo. Se trata de aplicar una política “más ortodoxa” y volcada “más en la gestión” y menos en los fuegos de artificio.

Pedro Sánchez también ha buscado aprovechar la ventana del verano, sin el Parlamento funcionando a pleno rendimiento y con más facilidad para colocar su mensaje y sobreponerse a los golpes de la oposición.

Cortafuegos entre Sánchez y el partido

Este cambio de guión cuenta con el respaldo del PSOE, donde se ya se conocen algunos detalles. Dirigentes del partido consultados por ECD admiten ahora abiertamente que la estrategia desarrollada por Redondo durante su estancia en La Moncloa “tensaba demasiado y no ofrecía garantías”. Consideran, además, que caía en el “cortoplacismo”.

A Redondo se le atribuyen muchas culpas, como el fracaso del PSOE en las elecciones del 4 de mayo en Madrid. Pero la principal crítica es que había creado “un cortafuegos entre Pedro Sánchez y el partido”.

“España afronta ahora un momento histórico. Sánchez propicia el giro más importante desde la Transición y lo venía haciendo sin descolgar el teléfono para hablar con nadie”, se queja un destacado miembro de la Ejecutiva socialista.

Todas las decisiones se cocinaban en Moncloa

“Todo se cocinaba en La Moncloa, en un círculo muy restringido, en el que la máxima imperante era actuar a una semana vista”. “Los órganos del PSOE no tenían ningún papel”, se añade.

Critican que Pedro Sánchez depositara en su principal asesor toda la confianza, mientras en Ferraz aseguran que “no han visto el brillo de los supuestos éxitos que se atribuían a Redondo”. Algunos consideran, de hecho, que “los fracasos han sido más que sonados”.

No olvidan que el actual Gobierno “depende de todo el mundo”: de Unidas Podemos, de los independentistas, de Bildu, y “hasta de partidos que sólo tienen un diputado. No puede hablarse precisamente de éxito”, concluyen los dirigentes socialistas, que con Redondo han echado en falta “más visión de país, de futuro y de proyecto común”.

Fuente: José Antonio Frauca – El Confidencial Digital

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RODOLFATO
1 Mes Hace

Sanchinflas no pisa la calle, ni borracho …..porque sabe la que le espera. su mera presencia provoca en el ciudadano : Abucheos, silbidos, descalificaciones y rechazo social.