Sexo y extorsiones: así actuaba Joe Kennedy, el padre mafioso de la saga

Organizó chantajes para hacerse con las salas de cine Pantages por un precio irrisorio.

Poco antes de morir, Eunice Pringle, la menor que acusó de violación al magnate de los cine Pantages, que abarcaban toda la Costa Oeste desde Los Ángeles hasta Canadá, confesó que la extorsión para obtener ese circuito de salas a precio de saldo lo organizó Joe Kennedy. Le prometió convertirla en estrella de cine, pero el «trato» se saldó con 10.000 dólares por acusar falsamente de abusos al magnate griego. Joe Kennedy pasó de banquero a propietario de un estudio al comprar en 1928 una pequeña compañía inglesa en bancarrota por 1,1 millón de dólares. Para pagar el estudio inglés FBO, Kennedy recurrió a tres gángsteres de Chicago con quienes mantenía una fluida relación: Ricca, Humphreys y Frank Nitti, este último jefe sucesor de la banda de Al Capone. Las relaciones de Kennedy con la mafia databan de la Ley Seca, cuando junto a Frank Costello como asociado importaban whisky a Nueva York.

FBO estaba especializado en películas de vaqueros de bajo presupuesto que solo se estrenaban en el circuito rural. Su actor más taquillero era Fred Thompson, el primer cowboy que hizo de su caballo una estrella: Silver King. Kennedy convenció a la sala Roxy de Nueva York, la catedral del cine, de que estrenara una de las pelis de Thompson y fue tal éxito que puso de moda el género en EE UU. Un año después lo despediría para contratar a Tom Mix, que conquistó el mundo. A continuación llegó a un ventajoso acuerdo con el circuito de salas de cine y variedades Orpheum para exhibir sus cintas de bajo presupuesto de vaqueros en 300 de la Costa Este. Pero para consolidar su expansión en el oeste necesitaba la cadena de cines de Alexander Pantages, al que hizo una oferta de 8 millones de dólares, muy por debajo de los 30 millones en los que se valoraban sus 84 teatros, oferta que el magnate rechazó. Ante la negativa, Joe Kennedy le hizo una opa hostil enviando a una bailarina menor de edad, que, ni corta ni perezosa, fue a verlo, se metió en el despacho de Alexander Pantages, de 54 años, y le mostró sus dotes de gimnasta y bailarina de vodevil.

No debió mostrarse muy entusiasmado el magnate griego porque la menor de diecisiete años salió dando alaridos del despacho con la ropa desgarrada y las bragas en la mano gritando por Hollywood Boulevard que el viejo lascivo la había violado en el armario de las escobas del teatro. La maquinaria legal y el periodismo basura se pusieron en marcha. Kennedy, que frecuentaba el castillo de San Simeón de W. R. Hearst, amigo de su amante Marion Davis, a quien servía licor de extranjis, se puso del lado de la menor y su cadena de periódicos logró hundir la reputación de Pantages, un emigrante griego analfabeto que no había aprendido a hablar inglés, y que fue deshumanizado en «Los Angeles Examiner» de Hearst tildado de «vieja cabra loca», cuando en Hollywood se lo conocía como «Alejandro el grande». En 1929 el jurado lo condenó a 50 años de prisión por violación de una menor.

Mientras su abogado recurría a la Corte Suprema, Kennedy se fusionó con la RCA, fundando la RKO, el primer estudio creado para producir cine sonoro, y compró la cadena de cines Pantages por una cifra irrisoria. Finalmente, su abogado Jerry Giesler logró la absolución de Pantages en 1931, pero quedó desprestigiado y arruinado por los juicios y murió cinco años después de su excarcelación. El gran logro de Giesler fue que la Corte Suprema admitiera juzgar la vida privada de la menor, consiguiendo demostrar que había sido un montaje al reproducir en el diminuto armario de las escobas la imposibilidad de que un viejales violara a una gimnasta consumada.

Además, la menor vivía con su apoderado, el bailarín ruso Nick Dunave, que fue quien recibió el pago de 10.000 dólares de manos de Joseph P. Kennedy. Durante tres años, Joe Kennedy mantuvo un romance con la más grande de las divas del cine mudo, la mujer fatal Gloria Swanson, con quien produjo la fracasada «Queen Kelly» (1929), de V. Stroheim, que nunca llegó a estrenarse ni triunfar en los cines Pantages. En la biografía de Ronald Kessler «The Sins of the Father», Eunice Pringle le confesó a su madre en su lecho de muerte que detrás del descrédito y chantaje de Pantages estaba Johnny P. Kennedy. La menor murió de repente a los 21 años, envenenada con cianuro.

Fuente: Lluis Fernández – La Razón

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