Los datos ‘inquietantes’ de pobreza en España: “Me cuesta llegar a fin de mes”

La última encuesta del INE sostiene que el riesgo de pobreza o exclusión social y la carencia material severa han aumentado en España. Además, los comedores sociales afirman que su afluencia se ha doblado.

La desigualdad que se vivió en España en la década de los setenta se refleja en el ‘cine quinqui’ de aquellos años. Así, durante los últimos coletazos del franquismo, el régimen, que se encontraba muy debilitado, rehuyó de cualquier medida económica que pudiera hacerle frente a la crisis mundial del petróleo. La razón de esta inacción fue por “miedo” a que se generase un descontento social motivado por reformas de gran calado. Durante esos años, cientos de miles de personas se asentaron en los suburbios de las ciudades. Muchos no tenían trabajo, y los que sí tenían lo hacían a cambio de salarios muy bajos. Los más jóvenes, por tal de conseguir algo de dinero, se dedicaron durante aquellos años a delinquir.

Medio siglo después, ‘el fantasma de los setenta’ vuelve a sobrevolar España: la crisis de la Covid -de mayor envergadura que la de 1973- ha traído consigo unos datos pesimistas por parte del Instituto Nacional de Estadística (INE). Así, el pasado jueves se presentó, como cada año, la Encuesta de Condiciones de Vida (ECV) que asegura que el riesgo de pobreza o exclusión social-un indicador que mide el grado de desigualdad- pasó del 25,3% en 2019 al 26,4% en 2020, más de un punto porcentual. Además, el 7,0% de la población se encuentra en situación de carencia material severa, frente al 4,7% del año anterior. Esto último implica que una unidad familiar vive en un hogar donde tiene ‘carencia’ de cuatro de los siguientes nueve elementos: lavadora, coche, televisor, teléfono, vacaciones (al menos una semana), consumir pollo, carne o pescado (al menos cada dos días), capacidad para afrontar gastos imprevistos y para pagar la vivienda.

Uno de los datos que más llama la atención de la encuesta de este año es que ha aumentado el número de personas -del 3,8% al 5,4%- que no pueden permitirse, al menos cada dos días, una comida de carne, pollo o pescado. “A partir de la pandemia del coronavirus el número de personas que vinieron aquí se incremento muchísimo“, dice una trabajadora del comedor social Siervas de Jesús de la Caridad, que prosigue, “hay muchas familias -tanto de inmigrantes como de españoles- que vienen, sobre todo, a recoger  alimentos”. La mujer, que está al otro lado del teléfono, calcula que vienen a su centro una media diaria de “350 personas”. Un número que contrasta con el de antes de la Covid, que era en torno a “200”.

La tasa de riesgo de pobreza se situó en el 21,0% de la población residente en España, frente al 20,7% del año anterior. Además, por grupo de edad, la tasa de riesgo de pobreza aumentó 4,3 puntos para los mayores de 65 años. “Si no tenemos dinero, pues no podemos gastar”, dice una jubilada que sostiene una bolsa con frutas y verduras en su interior, “yo vivo en arreglo a lo que tengo, si no llego, pues nada”. En una calle estrecha hay, en la esquina, una zapatería. En su interior se encuentra un hombre, que rozará los sesenta años, que trabaja en ese momento arreglando la suela de un zapato. “Mis  ingresos han caído por la pandemia“, afirma mientras su mirada se mantiene fija en la suela y, tras un breve inciso, sentencia, “me cuesta llegar a fin de mes”.

Entre unas telas verdes que se sujetan con los troncos de dos árboles hay una tienda que se dedica a la venta de melones y sandías. Le pertenece a un hombre que antes de la pandemia trabajaba “de diseñador gráfico y, también, en un taller de neopreno” donde se  “confeccionaban trajes de electroestimulación”. Como este tipo de trajes se reutilizaban -algo que empezó a ser mal visto a raíz de la crisis de la Covid- la empresa “cayó” y él fue despedido. Desde entonces, “he estado buscando trabajo, pero tengo 56 años y con esa edad, por mucho que cumplas unos perfiles, las puertas las tienes totalmente cerradas”.

“Yo podría estar pensando todo el día y quejándome de cómo estoy y de la edad que tengo, pero yo no soy de esos”, continúa el trabajador, que, aunque asegura que llega a “vivir” gracias al trabajo de su mujer, reconoce que “hoy hay mucha gente que trabaja y es pobre”. Uno de los ejemplos de cómo la actual crisis ha incrementado la pobreza está en el caso de una mujer, que está esperando al autobús, y que fue despedida como “cuidadora de  discapacitados”. “Yo tenía un contrato temporal, pero llegó el coronavirus y me despidieron”, afirma la mujer, que prosigue, “ahora he encontrado un nuevo trabajo en lo mismo, pero el salario es mucho más bajo que el de antes y trabajo mucho más, he vuelto a empezar de nuevo“.

El sociólogo, Artemio Baigorri, asegura que “la pandemia, por su impacto económico en determinados sectores débiles y que viven al día, ha generado situaciones de escasez imprevistas“. Sin embargo, Baigorri se muestra optimista, “las colas del hambre son muy impactantes mediáticamente, pero precisamente son la expresión de esa solidaridad, pues se alcanza a atender esas necesidades”. El sociólogo sentencia haciendo un retrato positivo de España y aleja la peor consecuencia de la pobreza: “Vivimos en una sociedad sin hambre“.

Fuente: Javier Leal – La Información

Comparte esta página:
0 0 votos
Calificación del post
Suscribirse
Notificar de
guest
0 Comentarios
Comentarios en línea
Ver todos lo comentarios