El ‘asalto’ al Capitolio, una trampa de los servicios de inteligencia de Biden

Cuanto más se rasca, más confirma la realidad que el célebre ‘asalto’ de los partidarios de Trump al Capitolio, un incidente que Biden juzgó “más grave” que el ataque de Pearl Harbour y que el 11-S y que les ha permitido iniciar una caza de brujas contra sus opositores, fue una trampa tendida por los servicios de inteligencia dominado por los demócratas.

Ya resultaba sospechoso que hablaran de cinco muertos cuando en realidad solo hubo una, Ashli Babbit, a manos de un policía del Capitolio contra quien no se han presentado cargos; que hablara la ‘speaker’ Nancy Pelosi de “insurrección armada” y no se encontrara una sola arma entre los ‘insurrectos’, mucho menos que se usase alguna; que en la causa abierta se eximiesen a algunos de los detenidos más implicados en la acción, algunos entre los más violentos, y se ocultasen sus nombres; o que los vídeos que circulan ya por las redes hagan evidente que los agentes que guardaban las sedes de la soberanía nacional invitaron a entrar a los presuntos asaltantes. Pero lo último que se ha sabido echa por tierra definitivamente la credibilidad de la versión oficial.

Quédense con este nombre: Stewart Rhodes. Rhodes es el fundador de los Oath Keepers, considerada la más activa, peligrosa y numerosa de las milicias trumpistas, protagonista y organizadora del asalto, la organización con más acusados en la causa del 6 de enero y la mayor amenaza derechista a nivel nacional.

Elmer Stewart Rhodes III, exparacaidista, exabogado formado en Yale, entusiasta de las armas y estrella de la extrema derecha, fundó los Oath Keepers en 2009 y, desde entonces, es el alma y la inspiración del grupo, su líder indiscutido y carismático. Si realmente Biden y sus servicios de inteligencia creen que el ‘terrorismo derechista’ es, como han dicho repetidas veces, la mayor amenaza a la seguridad nacional, están de suerte: detener a Rhodes y descabezar su movimiento es haber hecho ya tres cuartas partes del trabajo.

Y la causa del 6-E se lo pone en bandeja: el Departamento de Justicia sostiene que Stewart Rhodes organizó sustancialmente y activó un plan para usar la violencia el 1-E mediante mensajes encriptados enviados a la 1:38 p.m., mientras Trump concluía su discurso de la manifestación en el National Mall, y 62 minutos antes de que sus hombres formaran supuestamente un cuadro para precipitarse contra las puertas del Capitolio.

Blanco y en botella, ¿no? Rhodes debería estar en la cárcel en este momento, como tantos otros insurrectos de medio pelo. Solo que no lo está. No está detenido. Ni siquiera parece que haya una orden para registrar el domicilio de Rhodes e incautarle todos sus dispositivos electrónicos.

¿Por qué? ¿Qué razón podrían tener el Departamento de Justicia y el FBI para dejar en paz a quien definen como principal organizador del asalto? Si el 1-E fue como el 11-S, es el equivalente de dejar en paz a Osama bin Laden.

Lo que lleva a una sospecha evidente: que Rhodes sea, en realidad, el hombre encargado por el FBI para tender la trampa a quienes protestaban contra el fraude electoral; que, en definitiva, la mayor organización paramilitar derechista de Estados Unidos sea, quizá desde el primer momento, un montaje de los servicios secretos. Y el 1-E no sería, como afirman la prensa, el Senado y el director del FBI, Christopher Wray, un fallo de la comunidad de inteligencia, sino el resultado de un plan bien trazado por los propios servidores públicos.

Fuente: Carlos Esteban – La Gaceta de la Iberosfera

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