Cristóbal Colón: el enemigo público del chavismo en la Iberosfera

Si tumba estatuas de Colón, es chavista. No hay mucho más que decir.

Matices puede haber, pero dudas, no. Sobre todo, si contamos que la primera piedra contra Colón, la lanzó Chávez con la mano izquierda, desde su púlpito y en cadena nacional. Torciendo la historia y manipulando resentimiento se llegó a la conclusión: caigan las estatuas, mueran los conquistadores.

Todo eso, quinientos años después. Todo eso, en perfecto español, con apellidos españoles y con el puño en alto de las ideas marxistas, indubitablemente europeas, eurocentristas y antibolivarianas.

Porque ahí el chavismo tiene uno de sus grandes problemas: declararse bolivarianos y socialistas, choca de frente con la opinión de Karl Marx, expresada en su reseña biográfica de Simón Bolívar, publicada en la Enciclopedia Americana. Allí, el padre del marxismo tacha al héroe de los bolivarianos como “cobarde y traidor, manipulador político, cruel y rapaz, inconstante y con ínfulas monárquicas”. Después de semejante juicio y condena, debe ser muy difícil eso de declararse socialista y bolivariano.

Contra natura, como apellidarse Chávez Frías o López Obrador o Duque Márquez y arremeter contra las estatuas de Colón en nombre de la “herencia indígena”.

De Caracas, con amor

Como ya he dicho, todo empezó en Caracas con Chávez. Después de sus encendidas arengas contra los conquistadores españoles lo que vino fue una orgía de mandarrias contra las estatuas de Colón. Luego vendría una fiebre onomástica donde se cambiaron todos los nombres “incómodos” por nombres indígenas. Así, a la Avenida Francisco Fajardo se le renombró como Avenida Cacique Guaicaipuro. De nada valió el hecho de que Fajardo sí fuese un descendiente de indígenas, siendo hijo de la Cacica Isabel, casada con un español de donde se procreó a Fajardo, héroe de la conquista de Venezuela.

¿No es Fajardo el epítome del mestizaje en Venezuela?Sí. Pero el chavismo es segregacionista y supremacista. Por eso solo vale el indígena, aunque no se tenga como ancestro. Ah, por supuesto, también se invocará al esclavo negro entre los ancestros. Pero, siendo bolivarianos, siempre se negará que Bolívar no abolió la esclavitud, fue criado y amamantado por esclavos y además expresó públicamente su temor a una “República de colores” como Haití, donde los blancos vieran rodar sus cabezas por el piso y teñir con su sangre los cadalsos.

Nada de eso importa. Lo que importa es insuflar los ánimos.

No importa que solo dos indígenas hayan formado parte del gobierno de Hugo Chávez y ninguno del gobierno de Maduro. Poco importa que al único gobernador indígena, Liborio Guaruya, se haya declarado enemigo público de la revolución. Lo importante es que el chavismo es dueño de la raza aborigen y abajo Colón.

Teníamos en Caracas un “Paseo Colón”. Pues allá fueron a tener los vándalos del chavismo y echaron abajo la estatua de Colón. En su lugar, colocaron una estatua de un anodino Cacique Guaicaipuro, cuya existencia es aún debatida por los historiadores. Ante la ausencia siquiera de una descripción real del supuesto héroe aborigen, algún escultor se basó en los héroes de Marvel y se inventó una estatua donde no se sabe si estamos frente a un cacique indígena o ante una versión sin uniforme del capitán América. Pero allí está el Guaicaipuro progre y marveliano. Acompañado de otros dos caciques, que quizás existieron, quizás no, pero nadie los reivindica como ancestros –la verdad sea dicha–.

Pero derribar estatuas es solo un síntoma. No es la enfermedad.

La enfermedad es la alienación cultural y la negación de la historia.

Mestizos, incluyendo al español

¿Qué tiene de indígena el presidente Iván Duque? No lo sabemos. Aunque quizás, el solo hecho de haber sido nacido y criado en un país mestizo como lo es Colombia, lo hace un poco aborigen también.

En sus costumbres, su alimentación, sus cuentos de la infancia o su comprensión del entorno, quizás tenga algo de timotocuica o wayúu o yanomami.

Pero ¿No tiene también algo de español? ¿No es de España que llegaron su idioma, su religión y su visión del mundo? ¿Escogían “presidentes” y nombraban gobiernos por elección los aborígenes pobladores del territorio hoy colombiano?

He ahí el gran problema que afronta Duque cuando decide acudir al llamado de unos “insurgentes indígenas” que en medio de las protestas que se registran en ese país, han encontrado las estatuas de Colón como nuevo fetiche al cual oponerse. Faltaba más. Si son chavistas, odian a Colón.

Y por supuesto, Duque ha decidido actuar con la cobardía de los que una vez que ceden ante la infamia, no pueden dejar de ceder. Inventa una tal “reivindicación necesaria” para permitir semejante despropósito, pasando así al bando de los desconocedores de la historia, de los negadores de la verdad.

Colón existió. Colón llego a las tierras de lo que hoy conocemos como América en unas expediciones financiadas por la corona española. Dichas tierras fueron conquistadas, como ha ocurrido mil veces en la historia de la humanidad, por el imperio español. Allí quedaron costumbres, idioma, religión, cultura y, lo más importante: Historia. Esa que pretenden torcer, con su mano izquierda, los perdedores eternos de las batallas culturales, que con apellidos españoles condenan a España, pero a la hora de casar a sus hijas pondrán el grito en el cielo si aparece un indio o un mestizo. Los mismos que claman por la “reivindicación racial” serían incapaces de mudarse a un vecindario donde viva más de un negro. Así son, aquí, allá y más allá.

Revisen cuántos negros hubo en la revolución cubana, por ejemplo. Eso nos dará una idea.

Archivo – 10 de junio de 2020, EE.UU: un hombre patea la estatua de Cristóbal Colón cuando yace en el suelo después de ser derribada por activistas nativos americanos.

Pero “si el norte fuera el sur”, quizás podríamos, los que sentimos la herencia hispana, actuar igual. Iríamos a derribar las estatuas de los aborígenes que asesinaron a otros aborígenes, pues nos sentimos parte de una etnia y no de otra. O la emprenderíamos contra los aborígenes por no ayudar a los negros esclavos a liberarse.  Más aún, condenaríamos a los indígenas por ser protegidos de los conquistadores, gracias a Bartolomé de Las Casas que recomendó la llegada de esclavos negros para ocuparlos en el trabajo y así permitir que las “nobles almas” indígenas se salvarán del trabajo rudo.

¿Serviría de algo? Seguramente no. Pero para lo que sí sirven hoy en día las torceduras de la historia es para rendir una vez más ante la división y el resentimiento a las sociedades democráticas hispanoamericanas, llenas de mestizos, de aborígenes, de blancos y de negros.

Lo más importante: el derribo de las estatuas de Colón no sacará de la pobreza a los pobres. Pero al final, parece que a todos se les olvidó el combate a la pobreza.

Solo les queda la pobreza cultural, la que les mueve finalmente.

Y así, Colombia va caminando rendida al oscuro sendero donde el socialismo hunde naciones.

Fuente: Daniel Lara Farías – La Gaceta de la Iberosfera

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