«Sánchez, la próxima en Moncloa». Clamor en Colón con Abascal y Ayuso de ‘rock stars’

La manifestación convocada en la plaza de Colón atrae a miles de manifestantes de distintas partes de España para clamar contra los indultos.

«Sánchez, a prisión. La próxima vamos a por ti a Moncloa«. Ni el calor frena el rechazo al presidente del Gobierno en Colón. Con Santiago Abascal e Isabel Díaz Ayuso copando los focos y los cánticos, la manifestación contra los indultos a los presos del ‘procés’ escenifica la oposición a Pedro Sánchez, al que se le reclama mediante distintas fórmulas que deje el poder. Los más madrugadores aguantan casi cuatro horas sentados al sol, esperando a que Rosa Díez y otras figuras clamen contra la gestión de la crisis catalana.

Pasan las horas, y las frentes y las calvas comienzan a mimetizarse con las banderas. «Que se vaya Sánchez, pero que se vaya el sol ya, por Dios. Que nos morimos aquí», comenta Antonio, que ha llegado poco antes de las 10 horas de la mañana. Las botellas de agua se van vaciando y, para colmo, pasado el mediodía, la organización informa de que los más de 30 grados que marca el termómetro han reventado el generador de energía. Los discursos no empiezan hasta una hora después. Muchos de los presentes buscan las escasas sombras del enclave, mientras otros se resignan a aguardar entre goterones de sudor.

Los cánticos van todos contra Sánchez, el sanchismo, el socialismo y todo lo que tenga que ver con el mandatario. En el mar de rojigualdas dominan estos mensajes, pero bajo esa primera capa superficial muchos no olvidan los últimos años de Maria Rajoy. «Esto es todo culpa de Zapatero y de Sánchez, pero es que Rajoy fue un cobarde que nos dejó vendidos». Habla José Luis, militante de Vox llegado de Barcelona para la concentración. A Abascal, dice, «lo abrazaba si pudiera». Envuelto en la bandera nacional, relata su amor por la patria junto con Alfonso, que también vive en la Ciudad Condal pero que es originario de Andalucía como delata su acento. 30 años lleva viviendo en Cataluña y en las últimas elecciones generales votó a Sánchez porque siempre ha votado al PSOE, «pero ya es la última». Lleva una medalla de la Virgen de la Cabeza que intenta colocar a este periodista. «Toma, que da suerte».

Yolanda viene de Alicante. Ha dormido en un piso que tiene en la capital y posa con una pancarta en la que sugiere que el tiempo del Gobierno se acaba. «Presimiente’, tic, tac». Soledad viene de más lejos, de París, aunque reconoce que sigue empadronada en Madrid y que votó a Isabel Díaz Ayuso. Junto con su tía Concha acusa a PP y PSOE de habernos llevado «hasta donde estamos hoy». La mayor de las dos cree que España no se puede permitir que ningún territorio se independice y recuerda «lo que pasó con Yugoslavia», que eran «buenísimos en baloncesto, y luego, mira».

Los colores dominantes son los de la bandera, alguna preconstitucional, y en las cercanías Andrés intenta vender todas las que puede. Salen a euro, pero admite que la gente ya viene con las suyas de casa y que no es como hace dos años, cuando muchos todavía no tenían una y Casado, Abascal y Rivera protagonizaron la famosa ‘foto de Colón’. «Es lo que hay. Lo que podamos sacar, bueno será». En la plaza, el público es mayoritariamente de derechas y los más activos, de Vox. No escasean las pulseras y las banderolas con los colores y el logo del partido, mientras que de PP y Cs no se deja ver nadie.

Las mejores imágenes de la manifestación

  • Las mejores imágenes de la concentración en Colón contra los indultos

Cocido, pese al calor

El furor con la formación que viste de verde queda claro con la llegada de sus líderes. Al borde del mediodía, a tan solo unos pasos del escenario, una ovación cerrada interrumpe los cánticos contra el «traidor» de Sánchez. Llega Santiago Abascal, aclamado por una primera línea de manifestantes copada abrumadoramente por sus votantes. Los selfis del líder de Vox con sus seguidores dan paso a los corrillos de estos últimos comentando cómo cambian sus ídolos políticos en persona. Alguno más guapo. Otros más bajitos y rechonchos de lo esperado.

Y si los de Vox habían entrado entre aplausos a Colón, algo parecido sucede en el PP. También se les jalea como estrellas de rock, pero no, Pablo Casado no es el protagonista. Entre los populares, las aclamaciones caen para Isabel Díaz Ayuso, que acompaña al líder de la oposición desde su sede en Génova. «Viva presidenta, y viva la madre que te parió«, exclaman sus fans. Los dirigentes del PP se quedan a cientos de metros del escenario, donde lleva desde antes de las 11.00 horas Cayetana Álvarez de Toledo junto con su hija y Mario Vargas Llosa. La exportavoz parlamentaria sigue levantando pasiones entre los fieles de la derecha nacional. «Eres la mejor del PP», le gritan. La diputada protagoniza, casi sin querer, lo más parecido a una foto de Colón entre PP y Vox cuando ella e Iván Espinosa de los Monteros chocan sus espaldas mientras cada uno posa para sus respectivos selfis.

A Casado se le corea poco. Entre quienes le rodean en las calles aledañas se encuentra un chaval portando una pancarta en la que se recuerda que el referéndum del 1-O se lo hicieron a su partido. «El PP dejó que se fugara Puigdemont», recoge el cartel del joven, que ve como antes de darse cuenta un par de hombres se le acercan para arrebatarle el letrero a la fuerza. A unos cientos de metros tampoco sale mejor parada Inés Arrimadas, a la que le gritan «traidora» cuando se encuentra en los alrededores de Colón. Populares y naranjas consiguen salir airosos con sus intentos de mostrar un perfil bajo. Solo algún cargo despistado se acerca al escenario como Eugenia Carballedo, presidenta de la Asamblea de Madrid, que rápidamente recula para ir en busca de sus compañeros.

Mientras la exconsejera del Gobierno de Díaz Ayuso da media vuelta, un grupo de jóvenes seguidores de Vox tratan de animar la espera. «Separata el que no bote, eh», corean poco antes de que comience, al fin, el acto con el discurso del escritor Andrés Trapiello. Los vivas a España se extienden. Y antes de las 14.00 horas, el mitin finaliza y los presentes se repliegan como pueden para huir de las garras del sol. Alguno, pese al sofocante calor, apuesta por un cocido en el histórico bar capitalino Malacatín. Tras el evento, la tradicional guerra de cifras: para Delegación del Gobierno no llegan a 25.000 y para el Ayuntamiento de Madrid son 126.000.

Fuente: Javier Bocanegra/Paloma Esteban – El Confidencial

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