Pato cojo en La Moncloa

La crisis de gobierno será después del verano, con la inmunidad de los españoles y de los golpistas encauzada, morenos todos.

Pinta mal el otoño para Pedro Sánchez. Este pasado jueves por la noche los amanuenses monclovitas se vieron obligados a trasladar un comunicado-excusa a la prensa ante el más que escandaloso runrún sobre una crisis de Gobierno, o sea sobre ceses, dimisiones y nombramientos de ministros.

Cuenta Ketty Garat —luego lo aclarará— lo que dicen en Palacio: que, de momento, no. Que hay mucho que hacer en materia de inmunidades varias, la de españoles por la pandemia y la de golpistas catalanes por el 1-O.

«El presidente del Gobierno está centrado en la salida de la pandemia y en la superación de la crisis económica y la agenda del reencuentro en Cataluña. La vacunación es la gran prioridad en este momento y será la que permita una rápida recuperación de nuestro país».

Llamar «agenda del reencuentro en Cataluña» a los indultos da una idea de cómo andan las cosas. No sabemos si habrá más agendas del reencuentro, por ejemplo con Marruecos después del desastre diplomático de Ghali, o con Madrid después de intentar hundirla tantas veces sin éxito. Desde luego, el próximo fin de semana le esperamos unos cuantos en Colón, como parte esencial de la agenda del reencuentro con España, por si se le olvidara de quién es presidente.

Así que, oficialmente, la crisis de gobierno será después del verano, con la inmunidad de los españoles y de los golpistas encauzada, morenos todos.

Calviño suspira, Robles resopla, Ribera centrifuga a deshoras, González «ganga» Laya pregunta por Biden. Carolina Darias quiere cerrar Madrid pero llora por los semáforos británicos. ¿Se irá Celaá, que ya solo puede confesar directamente su odio a los colegios concertados católicos quizá por alguna mala experiencia suya o de su prole? ¿Se marchará Irene Montero, ministra sin currículum pero con Ley? ¿Saldrá Alberto Garzón, el de la camiseta de la DDR, de la Stasi? Menudo fin de curso.

Fernando Grande Marlaska tiene más casos encima de la mesa que cuando era juez de la Audiencia Nacional. Persigue a Vox, se le aparece Pérez de los Cobos, se abre la valla del sur, esconde a Ghali… Y suelta a los etarras que un día encerró. Menudo precio estamos pagando por fingir el final de ETA con el socialismo a cuestas. Todavía se atrevió el presidente del Gobierno a fotografiarse esta semana en la reproducción del zulo en el que la banda torturó durante 532 días a José Antonio Ortega Lara, un tipo contrario a la democracia y a la Constitución española, según suele decir el indigno visitante. ¿Se irá Marlaska?

José Luis Ábalos no sale de su papel de señalero de aeronaves a pie de pista, en sentido literal y figurado. Se le dio bien con Delcy y con Ghali. Esperemos que no nos traiga a Daniel Ortega por nostalgia guerrillera. Porque Ábalos es Marlaska y González Laya juntos si hay que echar el resto. Porque Ábalos es el principio de esa mezcla perfecta entre Ferraz y Moncloa que reviste de poder y que tanto quiere para sí, quizá hasta para Sánchez, Iván Redondo.

En el mundo de los asesores la batalla se juega en otra liga. Aquí es donde ya aclara Ketty Garat los cuentos oficialesFerraz quiere controlar a La Moncloa y La Moncloa quiere controlar a Ferraz. Ninguno de los dos tiene interés alguno en los problemas de los demás, de los españoles. Por eso los tiempos se marcan para que esos controles se hagan efectivos o se neutralicen. Tal es el ejercicio del poder que nos brindan: lo que quede tras destilar odios, afectos y metas personales. Así es como empiezan casi todos los finales.

Iván Redondo, cuenta Garat, querría apartar a Ábalos de Ferraz por elevación haciéndole vicepresidente. No son los que peor se llevan y la patada real sería a la actual vicepresidenta. Porque Iván Redondo y Carmen Calvo no se soportan y el asesor prefiere a Ábalos alejado del PSOE para colocar en su lugar a un buen informador propio. Félix Bolaños hacía esa labor para Ferraz en el Gobierno y parece que Redondo quiere el balance de topos a su favor, lo que llevaría esa crisis de Gobierno a la «sangría» final en el PSOE de la que habla Ketty. Intolerable injerencia: un tipo llegado de la estratosfera, ex asesor de Monago y de Basagoiti, pretende también sentarse en la cabina de mando del PSOE.

Pero, ¿es tan intocable Redondo como parece? Eso sostienen los que conocen bien las tripas del Gobierno y el PSOE, o del PSOE cuando gobierna, que es siempre a fin de cuentas. La operación murciana que acabó en el gran triunfo de Ayuso fue un clarísimo directo al mentón de Redondo pero cuando los críticos empezaron a cantar la cuenta, Sánchez lo levantó de la lona y miró amenazante a los carroñeros. Después vino todo aquello del barranco.

¿Son Sánchez y Redondo uña y carne? Pues cuántas uñas encarnadas se han infectado hasta desprenderse. Dedo por un lado y uña por otro; ayer juntos, hoy despojos. Algo así parece oírse desde las profundidades del barranco. Sánchez empieza a fiarlo todo al verano, a las vacunas y a que el paréntesis vacacional atonte al populacho, si no hay más sustos como el de Marruecos o si no se pone estupenda Susana Díaz. Pero lo cierto es que la debilidad socialista y el desgaste de la compañía comunista y separatista son ya un hecho que no remedia Iván Redondo alguno. Son ya muchas las señales de que Sánchez está en las últimas, eso sí, quemando tierra a destajo.

Llega, pues, el mejor momento para la derecha. Estamos ante el «márchese, señor Sánchez» más claro del mandato. Si se echa a perder lo vamos a ver el día 13 de junio en Colón, donde nadie quiere salir en la foto porque todos quieren acaparar el encuadre.

Pablo Casado ya ha pedido el voto para el PP como «única alternativa» ante Sánchez. Alternativa es, sin duda, pero o mucho cambian las cosas o de única, nada. Así que Santiago Abascal responderá con alguna «derechita cobarde», o con la derecha indecisa o con un derechazo, entiéndase político, como respuesta a aquella ofensa pública que sigue pendiente y que perseguirá a Casado hasta que no se decida a afrontarla.

La izquierda mediática también perseguirá a Casado hasta la sima más profunda por el caso Kitchen, que es cloaca pura y, por tanto, idioma universal en política. Si de veras cree que podrá seguir al margen porque él «no estaba» cuando pasaban cosas feas en Génova, es que ha perdido facultades o que su Iván Redondo, llamado Teodoro, también anda cerca del barranco.

De la presumible crisis de gobierno que nos quieren postergar hasta el otoño no merece la pena hacer cuentas detalladas. Lo importante es que puede llevarse por delante al propio Sánchez, que presenta ya todos los síntomas de un pato cojo, esa característica soberbia previa al fracaso final. En esos momentos, no hay nombre, apellido o presumible lealtad que resista. Sucede siempre. A ver si al otro lado hay alguien tomando nota.

Fuente: Javier Somalo – Libertad Digital

Comparte esta página:
0 0 votos
Calificación del post
Suscribirse
Notificar de
guest
1 Comentario
el más antiguo
El más reciente Más votado
Comentarios en línea
Ver todos lo comentarios
trackback

[…] Pato cojo en La Moncloa […]