Del 2021 de Chávez al 2050 de Sánchez: la búsqueda de la eternidad del régimen

El presidente español imita la estrategia de Fidel y Chávez.

Uno de los grandes fetiches de las revoluciones y a la vez uno de sus grandes problemas, es enfrentar, cuando se disfrazan de “procesos democráticos de cambio”, el pesado fardo de la alternabilidad en el poder. La sucesión, el relevo y el recambio, son problemas asociados al mismo problema.

En resumen, a lo que de verdad temen las revoluciones es al paso del tiempo. Al futuro, que siempre es ingobernable. Y cuando notan que deben hacer “algo” para conjurar al paso de los años, normalmente se lanzan a lo declarativo, a la planificación de lo insondable y al ridículo por adelantado.

El futuro y la revolución

Le pasó a Fidel Castro cuando en medio de una crisis de balseros huyendo del infierno creado por el comunismo, se inventó una reforma constitucional para declarar la “irreversibilidad” de la revolución. Nada menos. El hijo de aquel hacendado gallego veterano de la guerra hispano-americana, decidió que podía determinar, incluso hasta después de su muerte, lo que los cubanos podían hacer con su futuro. Socialismo irreversible. Es decir, que si en el futuro a los cubanos se les ocurriese decidir que las libertades económicas e individuales serán reinstauradas, lo impediría un designio de Fidel desde el más allá, planteado en la constitución del país: la revolución es irreversible.

Es casi un chiste, pues todos sabemos que al momento de una rebelión, se alzan los pueblos, se revocan constituciones y se toma el camino que la sociedad decide. Los designios como el de Fidel, son inútiles.

Lo de Chávez fue un poco más tragicómico. Al chafarote llanero se le ocurrió un día jugar con el futuro. Así, cuando aún no existía la reelección indefinida presidencial que se haría aprobar a posteriori, empezó a repetir en sus interminables discursos, que iba a gobernar hasta el 2021. Una provocación inicial, para enervar a opositores y hacer reír a las hordas que lo acompañaban en sus discursos. 

Pero con el tiempo, se pasó del chiste a la consigna: hasta el 2021, decían en la publicidad oficial. Chávez hasta el 2021 decían en las campañas electorales. Nadie parecía entender por qué se usaba la frase, pues la constitución indicaba que un presidente es electo por seis años, reelegible solo en una ocasión por seis años más.  Siendo así, Chávez solo podía aspirar a gobernar desde el 2000 hasta el 2006 y luego, de ser reelecto, del 2006 al 2012.

Pero he aquí el escollo de la revolución: El Comandante no tiene relevo, la Revolución no se puede detener. Se lanza la modificación de la constitución y finalmente, en 2009, la propia revolución cambió la constitución que ya habían hecho a la medida de Chávez, haciéndose entonces realidad lo que la consigna planteaba: Chávez hasta el 2021.

Fiel a su carácter, Chávez cambió entonces el lema. Ya no sería hasta el 2021 sino hasta el “dos mil siempre”.

Y pues ya conocemos el final de la historia. El año siguiente de la modificación de la constitución, Chávez enfermó de cáncer. La enfermedad lo detendría en seco en su afán de perpetuidad. La revolución caía, otra vez, víctima de la naturaleza. No hubo “dos mil siempre”, ni siquiera 2021. 

Otra vez, el futuro imaginado desde el poder, chocaba con la realidad caprichosa.

El 2050 de Sánchez

Ese aplicador de ideas fracasadas que es el modelo sanchopodemita, tiene la fiebre del futurismo inoculada. Por tal razón, hemos visto que el jefe de gobierno ha decidido hablarle al país del 2050, sin haber solucionado aún los problemas que arrastra desde 2019. 

Es lo de siempre: poner al tonto a mirar al cielo para robarle el bocadillo. Lanzar una bomba de humo, una nueva temporada de teleserie de fantasía o cualquier cosa que sirva para simular que piensan, que hacen algo, que gobiernan.

Pues no. Hablar del maravilloso futuro que nos espera si los dejamos gobernar, no es en absoluto una muestra de planificación estratégica. Lo que está haciendo Sánchez es lo mismo que hicieron ya Fidel y Chávez: enseñarnos de una vez que las intenciones son hegemónicas de verdad, que aspiran a la perpetuidad y además a la unanimidad.

Exageraciones, podrán pensar algunos. Yo también creí que era gracioso y pueril el grito de “Chávez hasta el 2021” hasta que vi su enmienda constitucional y sus repetidos y consecutivos fraudes electorales. Yo también creí que era suficiente esperar hasta las próximas elecciones para salir de la pandilla criminal que asaltó el poder en mi país. 

Y me equivoqué. Hoy pago mi equivocación con el exilio.

No se qué más es necesario demostrarle a los escépticos para calibrar debidamente los afanes de Sánchez. Yo siento grandes temores cuando veo las avanzadas, porque siento que todo esto va encaminado hacia graves derroteros. Hacia escenarios donde provoquen conmociones internas e incluso externas para usarlo como excusa: Como están pasando estas cosas, no es bueno para España cambiar de gobierno. Y ya está. Hasta el 2050, sin escalas.

¿No sirve la historia venezolana y las características del plan chavista para demostrarlo? Pues refiérase solo a la propia historia de España. Desde la actuación del PSOE que llevó a la guerra en el pasado, hasta los turbios temas asociados al 11-M. 

Son lo suficientemente criminales. Por eso hacen lo que hacen. Por eso harán lo que se les provoque, si se les permite.

¿Lo permitirá España? Eso quisiera yo saber.

Fuente: Daniel Lara Farías – La Gaceta de la Iberosfera

Comparte esta página:
4 1 voto
Calificación del post
Suscribirse
Notificar de
guest
1 Comentario
el más antiguo
El más reciente Más votado
Comentarios en línea
Ver todos lo comentarios
trackback

[…] Del 2021 de Chávez al 2050 de Sánchez: la búsqueda de la eternidad del régimen […]