Colón, el barranco de Sánchez

El 13 a las 12, con mascarilla, en el barranco de Iván. ¿No queríais Colón? Pues toma dos plazas.

Dice Iván Redondo que él pertenece a la especie de los asesores políticos, que debe de ser como una variante absurda del homo sapiens, y que eso tiene sus consecuencias. Según la tesis del jefe de gabinete superstar de Pedro Sánchez, si cae el asesorado cae el asesor, cosa que sabemos falsa porque no lo hizo con Basagoiti ni con Monago, antaño clientes del magnífico.

Durante una comparecencia ante la Comisión Mixta de Seguridad Nacional y en respuesta a las críticas del PP, Iván el asesor, dijo:

Lo primero que tiene que hacer un asesor es tirarse por el barranco por su presidente y yo lo hago aquí, ahora y mañana y se lo voy a dejar clarito: ahí voy a estar con él hasta el final, con el presidente Pedro Sánchez (…) Para mí es un orgullo trabajar con el presidente de España, pero no sólo un orgullo como ciudadano español… un orgullo por su determinación. Y le diré algo: en estos tres años… usted habla de elecciones pero no sé si quiere que le dé un consejo…, una moción de censura, cinco elecciones ganadas, una pandemia, una crisis económica, Cataluña, Madrid… [exclamaciones lógicas de asombro cuando hace referencia a Madrid] Así está corriendo España. ¿España sabe lo que necesita? Un poquito de estabilidad desde hace muchísimos años, y el presidente se la va a dar porque será bueno para España y bueno para todos, también para ustedes, créame…”.

Suponemos que es mejor asesor que orador, o que necesitaría un asesor en oratoria, pero lo que realmente importa ahora es el barranco. Ya se atisba. Está cerca. Si cae Pedro, ya no nos quedaremos a mirar si le acompaña Iván como presume. Pero si cae primero Iván, que todo puede ser con esto de los indultos, habrá que coger sitio en tribuna. Hay barranco, profundísimo barranco y los miembros del Gobierno y el PSOE ya miden los pasos que faltan mirándose de reojo por si hay que soltar la cuerda y dejar que la sujete solo Iván o solo Sánchez. Eso sí que es una desescalada.

Pedro Sánchez va a indultar, contra el criterio del Tribunal Supremo, a unos delincuentes que todavía no han terminado la faena y que presumen de que la acabarán en cuanto puedan. Dijimos que el juicio por el golpe acabó antes que el propio golpe, que no se contuvo como es debido para llevarlo al banquillo y que por eso salió lo que salió en la sentencia. Después trataron de llevarnos a discusiones sobre tipos de delito para no decir que aquel delito era el mayor que cabía cometer en el ejercicio de sus funciones.

Fue un golpe de Estado y hubo violencia, física y social, la misma que ha echado de Cataluña a las personas necesarias para que el nacionalismo no sea dominante. Llevan muchos años violando la Ley sin rodeos pero tienen otra chaqueta para votar presupuestos, mociones e investiduras, así que son delincuentes ma non troppo. Esa será la exposición de motivos que, mal traducida, hablará de diálogo frente a venganza como si la Justicia fuera vengativa, negación de su esencia.

Y como el golpismo —también el terrorismo y el comunismo— es necesario para gobernar hay que corresponderles con medidas de gracia porque además, España necesita, como dice Redondo, “un poquito de estabilidad”. En eso tiene razón porque desde que llegó a La Moncloa Zapatero, el patriarca del nacionalismo golpista, todo ha sido inestabilidad nacional. Puso en discusión el término nación y a partir de ahí todo ha sido rodar. Naturalmente, el PP aprovechó sus mayorías absolutas para descansar y llevarse bien con los enemigos que le cortarían la cabeza al menor síntoma de debilidad. Génova siempre quiso un ministro de CiU para aparentar una normalidad que no ha existido jamás. Inasequible al desaliento, el PP se ha empeñado en perseguir la contradicción: la integración del separatismo. Y de ahí las muestras de cariño incluso hacia Oriol Junqueras, que ni siquiera comparte con el PP la orientación conservadora.

El nuevo PP de Pablo Casado y Teodoro García Egea va a protestar contra los más que posibles indultos promoviendo mociones en Ayuntamientos y recogiendo firmas. En el año 2006 el PP consiguió cuatro millones de firmas contra la reforma del Estatuto catalán que alentó Zapatero. En concreto fueron 4.028.000 firmas las que depositaron en el Congreso de los Diputados Mariano Rajoy, Josep Piqué, Ángel Acebes y Eduardo Zaplana, entre otros. 876 cajas en 10 furgonetas. Lo que pedían las firmas era un referéndum nacional con la siguiente pregunta:

“¿Considera conveniente que España siga siendo una única nación en la que todos sus ciudadanos sean iguales en derechos, obligaciones, así como en el acceso a las prestaciones públicas?”.

Sospecho que 15 años después no hará falta tanta furgoneta. Sobre todo porque después de esta gesta llegaron al poder y se ve que no encontraron las cajas, igual que no veían las urnas o los coches patrulla convertidos en pedestal golpista.

Colón 2.0. La última oportunidad. Cobardes abstenerse

Unión 78 es el enésimo nombre de la pacientísima sociedad civil española que periódicamente sale a la calle sin quemar cajeros para protestar contra políticas del PSOE. Si hacemos memoria, todas las convocatorias han tenido que ver con la claudicación ante el nacionalismo, primero el vasco y después el catalán, los dos caballos de Troya que PP y PSOE han querido tener siempre aparcados en los jardines de La Moncloa. El chantaje se ha cultivado con esmero durante demasiados años.

El caso es que la sociedad vuelve a responder y Sánchez lo teme de veras. Será el domingo 13 de junio, a las 12 de la mañana en la plaza de Colón, escenario de éxitos y complejos. Por eso tenía que ser en Colón, plaza de la verdadera resistencia por más que algunos quisieran salirse de la foto. Tiene razón Cayetana Álvarez de Toledo cuando dice que si un partido te sirve para gobernar también puede sujetar a tu lado una pancarta. Pero claro, habla desde la libertad de la expulsada. ¡Qué pena, Teodoro, qué tremenda estupidez veraniega!

En Colón se pueden ajustar muchas cuentas, no sólo las de Cataluña. No debemos acudir sin recordar que cada viernes desde hace varios meses el Gobierno acerca a presos etarras a cárceles del País Vasco. Cuando todos estén cerca de su casa los veremos salir a la calle. El gobierno vasco tendrá la capacidad legal para hacerlo porque así lo ha querido el gobierno central. Y cada fin de semana tendremos que soportar un homenaje a un asesino, probablemente bajo el balcón de una víctima.

En Colón nos encontraremos a los de siempre: a los que van sin ambages y a los habituales “ciudadanos a título individual” sin la chaqueta institucional. Y hablaremos de los ausentes que no van porque su partido ya estaba sobradamente representado y había que dar el verdadero protagonismo a la sociedad…

Espero de corazón equivocarme y que podamos ver lo que todos deseamos ver, que es lo que más acercaría a Sánchez al barranco que ya menciona Iván: mucha gente con mascarilla en todo momento y con ejemplar comportamiento como de costumbre. Y muchas caras conocidas de los partidos que antes sumaban en uno solo más de 10 millones de votos. No hay otra manera.

El 13 a las 12, con mascarilla, en el barranco de Iván. ¿No queríais Colón? Pues toma dos plazas.

Fuente: Javier Somalo – Libertad Digital

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