Asedian en su puesto de trabajo al joven que robó la placa de la casa de Puigdemont

Los independentistas han difundido en las redes los datos del supuesto ladrón de Waterloo, un analista del Deutsche Bank con estudios en Esade. Presión para que le despidan.

El independentismo ha puesto en el punto de mira al joven que el pasado jueves 13 de mayo robó la placa en la casa que ocupa el fugado ‘expresident’ de la Generalitat Carles Puigdemont en Waterloo (Bélgica). Fue el propio político huido de la Justicia el que dio la voz de alarma y publicó en las redes sociales una foto del supuesto ‘ladrón’ con una frase sobreimpresionada: “Este individuo sale del coche, arranca la placa de la casa, se la lleva y sale corriendo”.

Puigdemont denunció ese día: “Un grupo de seis personas con bandera española arrancó ayer la placa de la casa que decía ‘Casa de la República’ y huyeron. No aceptaré ninguna violencia ni ninguna intimidación a mi compromiso político. Lo he denunciado a la policía belga y lo he puesto en conocimiento del presidente del Parlamento Europeo”.

En un vídeo, el hoy eurodiputado catalán mezcla diversas fotos realizadas en momentos diferentes. Entre otras cosas, se ve un vehículo blanco aparcado a cierta distancia de la casa y un grupo de seis personas que se fotografían frente al coche. En otra foto, un solo joven enarbola una bandera española. En el vídeo que acompaña a las fotos, se ve un coche parecido al anterior que aparca cerca de la casa, baja un joven y, fuera de cámara, hace algo en el muro, que el objetivo no capta, para salir luego corriendo hacia el coche, en el que no se atisban otras personas.

Pesos pesados que acosan

Pero la alerta de Puigdemont y la fotografía que reprodujo fueron suficientes como para que el independentismo —o, al menos un sector radical del independentismo— iniciase una ‘caza al hombre’. El mismo día, Salvador Cot, editor de un diario digital independentista, ya difundió por las redes una nítida foto del joven acusado de ladrón. Pedía su difusión y hacía un llamamiento a la identificación del individuo. Lo que debió ser una gamberrada sin mayores consecuencias (la mayoría de los internautas dicen que entró en la casa de Puigdemont, a pesar de que solo se acercó al muro del exterior y no pisó la propiedad privada) fue aprovechado por el independentismo para elevarlo a la categoría de crimen de odio y atentado de lesa majestad, según se desprende de los mensajes por las redes sociales.

Del asunto también se hizo eco Xavier Sala Martin, uno de los gurús económicos del independentismo más radical, proveniente de la extinta Convergència y actualmente en la órbita de JxCat. Y, por añadir leña al fuego, terció en la batalla dialéctica el diputado Francesc Dalmases, de JxCat, el mayor apoyo que tiene Laura Borràs en el Parlament, que retuiteó el perfil profesional del joven que sustrajo la placa. Dalmases, curiosamente, está siendo investigado por sustraer varios millones de euros de fondos públicos en forma de subvenciones, la mayor parte de los cuales acabaron durante la última década en sus bolsillos o en las cuentas corrientes de sus empresas.

La petición inicial de identificación corrió como la pólvora por las redes y toda la maquinaria soberanista se puso en marcha, porque el independentismo siempre ha hecho gala de aplicar una caza sin cuartel contra quien le perjudica. Y cuando tiene a la víctima a su alcance, el acoso es brutal. El último escalón es asediar al enemigo en su lugar de trabajo e intentar que pierda el empleo, una vieja característica de la estrategia soberanista.

Las pesquisas no tardaron en surtir efecto y uno de los ‘cazadores’ no dudó en difundir por las plataformas soberanistas todos los datos del supuesto ladrón de Waterloo, un analista del Deutsche Bank con estudios en Esade llamado Francisco Sanchís. Así, su curriculum, fotografía y datos fueron pasados a toda la comunidad ‘indepe’. Un militante de Junts per Catalunya fue quien lo descubrió y pasó sus credenciales, no sin quejarse de que había borrado algunos datos de su curriculum.

Las reacciones no se hicieron esperar. Hubo quien lo trató de “nazi hijo de puta”, de “fascista” y de enfermo de diversos males. Núria Lizandra, militante de JxCat y de Òmnium Cultural, según explica en su perfil, señalaba: “¿Es este hombre el que tenéis en Deutsche Bank? ¡Os compadezco! Nefasta la imagen que Francisco Sanchís os ha generado al ser el que sacó la placa de la Casa de la República en Waterloo. Como señal de queja y de rechazo, independentistas, dejad de operar con esta entidad”, clamaba al tiempo que difundía varias fotos del joven.

Algunos internautas pedían hacer “tuits al Deutsche Bank para que lo despidan”, mientras felicitaban al militante que había desvelado su identidad. La avalancha de mensajes al banco fue tremenda. “Deutsche Bank, ¿me pueden decir si les interesa tener a este hijo de p… trabajando para ustedes? Se llama Francisco Sanchís”, decía Pere C., que reproducía varias fotos de él, la cabecera de su curriculum y el mensaje: “Que corra. Si alguien lo conoce, informad”.

“Ladrón y salteador”

T. Bruna también se dirigía a la entidad: “Deutsche Bank, ¿qué clase de energúmenos tenéis en vuestra empresa? ¿Respaldáis las acciones de vuestro empleado Francisco Sanchís? Qué pésima imagen estáis dando”. Marissa, que se identifica con el PDeCAT y el Consell per la República, escribía en inglés: “Deutsche Bank: Supuestamente, su empleado Francisco Sanchís traspasó los límites, destrozó y robó una propiedad privada en Waterloo mientras estaba de vacaciones. No recomendaría a nadie que confíe su dinero a un banco que emplea a este tipo de personas”. Josep Maria, también en inglés, recordaba al banco que tiene un empleado “ladrón y salteador en su tiempo libre” y le recomendaba que lo investigase por si había robado también a la entidad.

Mireia Pujol, en inglés otra vez, decía al Deutsche que “este tipo que roba la placa de la casa de nuestro presidente (Cataluña) trabaja contigo en Luxemburgo. Solo para avisarte. Su nombre es Francisco Sanchís”. Un internauta que se hace llamar El Comte Arnau iba más allá y avisa al Deutsche de que Francisco trabaja en ese grupo y cometió “un presunto delito de odio contra Cataluña. ¿Qué haremos? Nunca haré negocios con el Deutsche Bank mientras este individuo trabaje ahí”. Muchos de los mensajes distribuidos eran idénticos en su contenido, una señal de que fueron trasladados por alguien a sus emisores a través de alguna de las plataformas con las que se comunican los activistas ‘indepes’.

Max Costa aseguraba que el joven bancario “va cometiendo delitos de odio entrando en las viviendas de otros, como la del ‘president’ Carles. Reenviemos el tuit a Deutsche Bank a ver qué gracia les hace”. De hecho, la placa estaba en la pared de la calle y el ‘ladrón’ no invadió ninguna propiedad privada. También Maria José Caballé expresaba su confianza en que el banco lo sancionase, mientras que la plataforma CNI Catalunya publicaba un primer plano suyo y le advertía: “Perderás tu trabajo con toda probabilidad, porque el Deutsche Bank es un banco serio y no querrá tener a un nacionalista español enfermo de odio. Romperás tu crecimiento profesional y te costará permanecer en la banca”. Esta plataforma, muy activa en algunos de los principales disturbios ocurridos en Cataluña, hasta septiembre de 2019, cuando se detuvo a un grupo de activistas de los CDR que presuntamente preparaban atentados, pedía que se hiciesen llegar “muchas quejas” al banco, de quien publicaba su dirección en Luxemburgo, los teléfonos y los ‘mails’ a los que enviar mensajes de protesta.

Otro internauta, cuando ya muchos empezaban a especular si todo era poco menos que fruto de una gran confabulación del estado español, advertía que “por una placa no creo que pase nada, pero puede quedar fichado por la poli belga, porque el MHP [‘Molt honorable president’] recibe constantes y graves amenazas de muerte que Ñ [España] archiva y no investiga. ¿Y de repente un grupo intenta entrar en su casa? O sea, acoso a un eurodiputado que recibe amenazas de muerte. Esto puede ser más delicado”. En otras palabras, la fantasía de algunos ‘indepes’ no tiene límites, porque la bola del robo se iba haciendo cada día mayor: lo que empezó siendo un simple hurto de la placa en el muro de la calle acabó siendo un intento de asalto en grupo a la vivienda de Puigdemont.

La campaña de acoso ha sido tan grande que Francisco tuvo que cerrar sus perfiles de Twitter, LinkedIn e Instagram. En realidad, los mensajes al banco contra su empleado, fruto de una peligrosa estrategia de acoso, se cuentan por centenares. Francisco, en definitiva, erró en sus cálculos: el independentismo (solo cierto independentismo ‘hiperventilado’) no olvida ni perdona.

Fuente: A. Fernández – El Confidencial

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