Pedro Sánchez se esconde y se esconde

El PSOE ha sufrido una espectacular derrota en las elecciones de Madrid, con el peor resultado de su historia. Pero el líder, Pedro Sánchez, ni se ha dignado dar la cara.

El candidato, Ángel Gabilondo, no recogerá el acta de diputado, el secretario general del partido en Madrid ha dimitido, en el PSOE madrileño se ha nombrado una gestora. Pero Sánchez no ha aparecido.

El socialismo andaluz se ha fracturado. La líder regional, Susana Díaz, ha adelantado las primarias para enfrentarse a su rival, el oficialista Juan Espadas, alcalde de Sevilla, la persona apoyada por la dirección federal. Pero Sánchez no ha dicho ni media palabra de ese terremoto en la principal agrupación.

Se han levantado fuertes polémicas en el país tras el anuncio de medidas como el cobro por circular en autopistas, la supresión de la declaración conjunta de la renta… pero el presidente del Gobierno no sabe no contesta.

El estado de alarma ha quedado suprimido, el Gobierno se ha negado a prolongarlo y ha dejado a las comunidades autónomas inermes, perplejas y divididas, sin saber qué hacer, cómo hacerlo, y si sus determinaciones obtendrán o no el aval de los jueces. Existe un desconcierto generalizado entre la población sobre cómo comportarse según las distintas zonas. Pero Pedro Sánchez está desaparecido.

Acaba de celebrarse una cumbre europea en Oporto, y el presidente se ha negado a dar una rueda de prensa, algo que nunca había ocurrido antes con los jefes de Gobierno españoles.

Así pues, tenemos un presidente del Gobierno que se esconde. Que no da la cara, que no admite que le pregunten cuando las cosas vienen torcidas.

Con lo fácil que le es a un político zafarse de demandas incómodas, haciendo uso del conocido principio usted pregunte lo que quiera que yo responderé lo que me da la gana.

Porque dar la cara, conceder ruedas de prensa, ser preguntado, rendir cuentas en público, constituye un peaje obligado que debe pagar todo líder político. Va en el sueldo. Pero también, por respeto a los ciudadanos. Y hasta por respeto a sí mismo.

A los políticos, y más cuando ocupan cargos públicos, y mucho más si están al frente del país, les es exigible la gallardía de afrontar en primera persona las consecuencias de sus actos, incluidos los errores, los fallos, en este caso sin dejar que sean otros lo que se lleven el mal rato.

Pero es que, además, tampoco pasa nada por reconocer de vez en cuando el simple hecho de que “me he equivocado”.

Viene a la memoria, aunque los paralelismos no son tan directos, aquella declaración de don Juan Carlos cuando abandonaba el hospital tras el episodio de Botsuana: “Lo siento mucho. Me he equivocado. No volverá a pasar”.

No es la primera vez que el presidente del Gobierno se mete bajo tierra, desaparece, y además por cierto espacio de tiempo.

Tal comportamiento autoriza a preguntarse ¿Por qué Pedro Sánchez no da la cara? ¿Le pasa algo? ¿Hay algún problema de salud, como el de Angela Merkel? ¿Está deprimido?¿Qué pasa con esas ausencias imprevistas, y duraderas, que nadie explica?

A la vista de los graves retos que afronta hoy este país, ¿Sánchez se encuentra en condiciones de gobernar?

Fuente: José Apezarena – El Confidencial Digital

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