Pablo Iglesias e Irene Montero se reconcilian para blindar el control del partido

El núcleo duro quiere celebrar cuanto antes un nuevo congreso de Vistalegre IV para cerrar el liderazgo interno de Montero, aunque sea a través de dirigentes como Ione Belarra, y evitar la recomposición de otros sectores que puede aglutinar Yolanda Díaz.

La persona que Pablo Iglesias abrazó con más efusividad el día de su despedida fue Irene Montero. La ministra de Igualdad, todavía número dos de Podemos, se había quedado a unos metros del secretario general. La puesta en escena había sido estudiada para lanzar el mensaje de continuidad tras la salida de Iglesias, evitando que esa dimisión manchara la imagen de Montero. El equipo de Podemos, de hecho, pidió a otros miembros de la lista morada quedarse al lado de Iglesias, sin avisarles de lo que iba a ocurrir. En la noche electoral, Montero cerró su escueto mensaje en redes sociales con un “seguimos”. Toda una declaración de intenciones.

Fuentes de Podemos explican que Iglesias y Montero han vivido algunos altibajos en los últimos meses. Desde el proceso electoral de 2019, los dos dirigentes experimentaron importantes divergencias, como en los días previos al salto de Iglesias a la Comunidad de Madrid, cuando tuvieron un choque que desveló este diario. Más allá de eso, en lo político el pacto sigue estable.

Irene Montero y Pablo Iglesias mantienen una relación desde el años 2016. Montero tuvo un papel central en convencer al líder para seguir cuando mostró su cansancio. Después de las purgas internas, el referéndum sobre el chalet de Galapagar y la paulatina caída electoral, Iglesias y Montero decidieron afrontar la etapa de gobierno diferenciando sus papeles. Evitaban acudir al mismo acto, o por lo menos no llegaban nunca juntos. Era la prueba de que Iglesias pensaba retirarse en el corto plazo y que Montero no quería que su futuro dependiera de esa salida.

«Pablo va a seguir enredando»

En el partido recuerdan que desde 2018 se estudió una operación relevo con Montero, y desvelan que en los últimos días los dos dirigentes han revalidado esa unión para no perder el control de Podemos en esta transición. “Por mucho que haya salido, Pablo va a seguir enredando”, zanjan seguros varios miembros de Podemos.

Prueba de ello es que desde la dirección de Podemos han dejado entender que la futura secretaria general puede ser Ione Belarra. La nueva ministra del Gobierno de Pedro Sánchez, que heredó las competencias sociales de Iglesias, forma parte del núcleo duro de la actual dirección. Y sobre todo de Montero, de quien es amiga desde la época universitaria y del activismo. “Era su compañera de pupitre”, recuerdan en Podemos.

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Belarra ha ascendido posiciones por su fidelidad a Iglesias y Montero. Algunos revelan que no siempre ha sido fácil: “Podía ocurrir que Pablo ordenase una cosa por la mañana, e Irene otra por la tarde”, ironizan. Aun así nadie tiene duda sobre el hecho de que siempre se esforzó por secundar a sus superiores. Su nombre representa una continuidad con la línea de Iglesias, pero más escorada hacia Irene Montero. Esta apuesta se explica porque “Irene sabe que a nivel público está demasiado relacionada con Pablo” y necesita a otra dirigente de máxima fidelidad que responda a sus peticiones, sostienen en Podemos.

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Vistalegre IV, cuanto antes

La transición en Podemos, por otro lado, deja algunos puntos por aclarar. El primero es saber si un partido tan personalista como Podemos puede sobrevivir a la salida del líder. “No existe un Podemos sin Iglesias, esto es así desde Vistalegre II”, zanjan algunos. Varias fuentes prevén que la dirección intentará “estirar el chicle” y aguantar hasta las próximas elecciones, que se prevén para 2023, o tal vez en 2022 si Sánchez las adelanta.

Los tiempos son claves. La dirección quiere convocar cuanto antes el nuevo Vistalegre IV. Es esencial para que nadie se organice y para dificultar que Yolanda Díaz busque a sus fieles, construyendo un liderazgo propio. Fuentes de Podemos revelan que la intención de la cúpula es organizar la nueva Asamblea Ciudadana para antes del verano. De ser así, será casi imposible armar una candidatura alternativa a la oficialista.

El control del partido es un asunto clave. Quien lo hace elige las listas y el programa, se encarga de distribuir los fondos y decide qué perfiles se impulsan en las redes sociales. Así que todos esos movimientos sirven para evitar que se afiancen nuevas corrientes. Es decir, que cuadros territoriales o algunos referentes de la primera etapa intenten reactivar la formación (opción que algunos califican de “muy poco probable”), y que lo hagan con Yolanda Díaz.

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Deshielo con Yolanda Díaz

La ministra gallega ha tenido problemas en estos meses con Irene Montero. Aun así, a lo largo de los últimos días Montero ha intentado reconducir esa relación. Varias fuentes de Podemos apuntan a un intento de deshielo por parte de la ministra de Igualdad. “Irene quiere quedarse con el partido, y dejar a Yolanda el gobierno”, comentan. Ese esquema permitiría ganar tiempo y afrontar el proceso electoral con la política mejor valorada del equipo morado (según las encuestas demoscópicas).

Pero, ¿de verdad Yolanda Díaz está dispuesta a ser la candidata de un partido que no controla? “Yolanda tiene un problema”, admiten fuentes de Podemos y del mundo sindical. La opción de una candidata “maniatada” no convence a muchos. La ministra, de hecho, mantiene que su obligación es trabajar en el Gobierno y no ha aclarado si acepta la oferta de Iglesias en las condiciones actuales.

En definitiva, la estrategia que está impulsando Montero y su grupo de fieles, que va desde Rafa Mayoral, Juanma Del Olmo, Pablo Echenique, Enrique Santiago y hasta segmentos de IU como Amanda Meyer, consiste en “cambiarlo todo para que nada cambie”. El problema es que mientras la dirección mueve ficha, otros en el partido ya preparan las maletas: “Es un barco que va a la deriva”.

Fuente: Luca Costantini – VozPópuli

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