Navalni, el ‘virus’ al que más teme Putin

El líder ruso quiere mostrar a los rusos cómo ese coraje que esgrime el disidente no sirve para nada.

Coraje. Es lo que Alexei Navalni está demostrando a Putin, a Rusia y al mundo. Y si algo teme Putin es que ese virus del coraje se extienda y los rusos sigan el ejemplo de la bestia negra del Kremlin, ahora encarcelado. Como dice Anne Applebaum en The Atlantic, «mientras Navalni intenta mostrar a los rusos cómo ser valiente y Putin quiere que sepan que ser valiente no sirve para nada».

Alexei Navalni (Butyn, 1976) es el disidente ruso a quien el Kremlin presta más atención. En realidad, el presidente Putin ha convertido a Navalni en una estrella política mundial, especialmente después de que sufriera un intento de envenenamiento y tras ser arrestado a su regreso a Moscú, en enero pasado.

Putin no menciona a Navalni por su nombre. No lo hizo en su intervención el miércoles en su discurso a la nación en las dos Cámaras. Pero su presencia es ubicua y le está convirtiendo en un héroe y a punto ha estado de ser un mártir. Primero con el envenenamiento el pasado verano, y ahora por su calvario en prisión. Después de tres semanas en huelga de hambre, Navalni ha aceptado este viernes que vuelvan a alimentarlo.

¿Por qué le arrestaron al volver a Moscú? ¿Por qué le dedican tanta atención si no tendría posibilidad en unas elecciones, dado que no tendría acceso a los medios, y ni siquiera puede competir?

Navalni en sí no representa un peligro inmediato, pero es un símbolo de un descontento que no controlan»

CARMEN CLAUDÍN, CIDOB

«El problema no es solo Navalni sino que se añade a un entorno de cuestiones que confluyen al mismo tiempo y generan una crisis importante. Navalni en sí no representa un peligro inmediato, pero es Navalni, sumado a las manifestaciones de apoyo a su causa, y a otras causas a las que se suma gente cada vez más joven. Es símbolo de un descontento que no controlan. Además tienen un serio problema económico, por la bajada de los precios del petróleo, las sanciones, y los pozos sin fondo que les suponen la ocupación de Crimea y la ayuda al Dombás, y Bielorrusia. En este contexto todo lo no previsto les desestabiliza», señala Carmen Claudín, investigadora senior asociada en el CIDOB.

«En este momento Navalni destaca por su valentía. Primero por volver a Rusia. Es evidente que el Kremlin no se lo esperaba. Y creo que han metido la pata, desde sus intereses, al detenerlo. No sé qué estrategia persiguen. Ahora la única estrategia es la represión. Es una dinámica que antes era más puntual, en caso de manifestaciones, por ejemplo. Es una represión más indiscriminada. No sé lo que van a conseguir con esto. El control social hasta las elecciones, pero no sé si eso les va a dar beneficios», añade Claudín.

Sus orígenes ultranacionalistas

Navalni no es un recién llegado a la escena política rusa. Ingresó el partido Yabloko, socioliberal, que lideraba Grigori Yavlinski, en 1999, el año en el que Putin se convirtió en primer ministro. Estudió Derecho en la Universidad Rusa de la Amistad de los Pueblos. Después se especializó en finanzas.

En 2007 dejó el Yabloko para fundar un nuevo movimiento llamado Narod, gente en ruso. Es un acrónimo de Movimiento Nacional de Liberación de Rusia.

Fue entonces cuando grabó dos videos para presentar el nuevo movimiento. En uno de ellos defiende el derecho a portar armas. En el otro, de un minuto, caracterizado como un dentista, defiende que para prevenir el fascismo en Rusia había que expulsar a los inmigrantes. «Tenemos derecho a ser rusos en Rusia. Y defenderemos este derecho».

En aquella época también participó en la Marcha Rusa, una manifestación anual que se celebra en Moscú y a la que asisten ultranacionalistas. Algunos portan incluso esvásticas. Navalni ha explicado posteriormente que si no se habla con quienes asisten a estas concentraciones acaban siendo unos skinheads. Sostenía Navalni que a esa gente hay que convencerla de que el verdadero enemigo de los rusos es Putin.

La UE y EEUU exigen la «inmediata liberación» del disidente ruso Navalni

En un libro de conversaciones con el disidente ruso, el periodista polaco Adam Michnik revela unas declaraciones de Navalni sobre este acercamiento a los ultranacionalistas.

Muchos nacionalistas rusos no tienen una ideología clara… Es importante explicarles que la solución es volver a unas elecciones competitivas para echar a los corruptos»

ALEXEI NAVALNI

«Muchos nacionalistas rusos no tienen una ideología clara. Lo que sienten es que son víctimas de la injusticia y responden con agresiones contra la gente de piel diferente. Es muy importante explicarles que golpear a los inmigrantes no es la solución al problema de la inmigración ilegal; la solución es volver a las elecciones competitivas que permitirían echar a los ladrones y corruptos que se hacen ricos con la inmigración ilegal».

Según su entorno, Navalni lamenta haber grabado el video de la inmigración, pero no lo ha retirado de YouTube porque considera que forma parte de su historia. Reconoce que Rusia necesita inmigrantes pero que deben tener la documentación en regla y pagar sus impuestos. Sigue defendiendo que se puedan portar armas.

En 2008 estuvo a favor de la intervención en Georgia. Años después, en 2014, si bien criticó la anexión de Crimea, lo dio por un hecho irreversible, algo que le reprochó otro disidente como quien fuera campeón mundial de ajedrez Garry Kasparov.

Ariete contra la corrupción

En 2010 logró una beca del programa Yale World Fellows de la Universidad Yale. Allí puedo perfeccionar su inglés y, que había empezado a aprender de forma autodidacta, y aprendió mucho sobre cómo actúan los políticos en el siglo XXI.

El diario ruso Védomosti le nombró Persona del Año en 2009. La revista Time le llamó El Erin Brockovich ruso en 2010. En 2011 la BBC decía que «era la única figura de peso que había surgido en Rusia en los últimos cinco años».

Fue en 2011 cuando Navalni creó la Fundación Anticorrupción para investigar los abusos de funcionarios, empresarios y políticos rusos. Lleva una década de trabajos. Uno de los últimos, que se difundió justo a principios de 2021, desvelaba cómo entre las posesiones de Putin figura un palacio descomunal y lujosísimo en el Mar Negro, valorado en 1.300 millones de euros, sobre el papel a nombre de uno de sus acólitos.

En las únicas elecciones a las que pudo presentarse, las municipales en Moscú en 2013, quedó segundo con más del 27% de los votos. Su participación en las manifestaciones de 2011 y 2012 le habían colocado en el foco. Y su excelente resultado, a pesar de que ganó claramente el candidato oficialista, Serguei Sobianin, con un 51%.

Nunca más ha podido probar su fuerza en las urnas, pero sí en las calles. En enero unas 100.000 personas salieron a denunciar su encarcelamiento. Cientos fueron los encarcelados. Este miércoles volvieron a las calles, pero fueron menos. Aún seguía Navalni en huelga de hambre, muy deteriorado. «No me reconoceríais. Parezco un cadáver andante», decía a sus allegados. Finalmente, le han convencido de que vuelva a alimentarse.

En una nota que escribió a una periodista rusa, amiga personal, Navalni decía: «Todo estará bien. Y si no lo está, tendremos el consuelo de haber vivido de forma honesta».

Vladimir, el envenenador

Ni se amedrentó después de sufrir por los efectos del Novichok, ni tampoco cuando fue detenido en el aeropuerto de Sheremetyevo en Moscú. Cuando compareció ante la juez, tras ser arrestado a su vuelta a Rusia después del calvario sufrido por el envenenamiento, fue desafiante.

«Lo que explica que esté aquí es el odio y el miedo de un hombre, un hombre que se esconde en un búnquer. Le ofendo mortalmente por sobrevivir. Sobreviví gracias a la buena gente, gracias a pilotos y médicos. Y entonces cometí la mayor de las ofensas: no corrí y me escapé», dijo Navalni en su alegato ante el juez.

«Entonces pasó algo terrible: participé en la investigación de mi propio envenenamiento, y probé que Putin, por medio del Servicio de Seguridad Federal de Rusia, era responsable de mi intento de asesinato. Y eso ha llevado a ese pequeño hombre a enloquecer», añadía.

Hemos de luchar no solo por la falta de libertad en Rusia sino contra la total falta de felicidad. Tenemos todo, pero somos un país infeliz»

ALEXEI NAVALNI

Y llegó incluso más allá: «Aquí no hay índices de popularidad. No hay apoyo masivo. Nada de eso. Porque no hay manera de que un opositor político tenga acceso a la televisión… Nunca participa en debates ni en una campaña real por la elección. El asesinato es la única manera que conoce de combatir. Pasara a la historia como un envenenador. Recordaremos a Alexander el Libertador y Yaroslav el Sabio. Pues de la misma forma tendremos a Vladimir el Envenenador».

En esa intervención, también dibujó cómo se imagina Rusia después de Putin, porque cree que el putinismo morirá con Putin. «Quiero una Rusia tan rica como permita su enorme potencial. Quiero que esta riqueza se distribuya de forma más justa. Y que tengamos una sanidad adecuada, y un sistema de pensiones que nos dé para vivir. Con un sistema educativo al que pueda acceder la gente normal. Quiero que la gente tenga una vida comparable con la de cualquier país europeo».

Y Navalni retoma el eslogan «Rusia será libre» con otro de gran fuerza: «Hemos de luchar no solo por la falta de libertad en Rusia sino contra la total falta de felicidad. Tenemos todo, pero somos un país infeliz… Cambiaremos el lema. Rusia tiene derecho a ser feliz. Rusia será feliz».

Fuente: Ana Alonso – El Independiente

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