El pecado capital de Florentino y el ridículo de la Superliga

La ambición del empresario por acelerar su nueva apuesta y su incapacidad para recabar apoyos firmes deja en la cuneta, por ahora, el polémico proyecto.

El caso de Florentino Pérez es digno de estudio en las escuelas de negocios: por su destreza para generar valor como empresario y por la soberbia que le ha llevado a librar en su vida pulsos que no podía ganar. Esos son la virtud y el pecado de un constructor que creó de la nada una empresa que hoy vale 8.500 millones en bolsa. Y que ha quedado en ridículo por su ambición desmedida con la Superliga.

Desde su origen, en el proyecto siempre pesó más la vertiente empresarial que la deportiva. Ese desequilibrio es el que ha frenado en seco la aventura. O al menos, el intento del empresario madrileño de culminarla cuanto antes.

Florentino Pérez, presidente de una de las mayores compañías de infraestructuras del mundo (ACS) y del club más laureado de la historia (Real Madrid), no ha sido capaz de valorar en su justa medida los matices que encerraba el proyecto. Y las ampollas que podía levantar: en los clubes excluidos, en las federaciones deportivas, en los gigantes que gestionan los derechos, en millones de aficionados (propios o ajenos) y hasta en los gobiernos.

El espíritu fundacional de la Superliga es discutible, como lo son los sueldos estratosféricos de algunos futbolistas o el valor de los derechos de las retransmisiones televisivas. Pero todo en la vida está sujeto a debate y nadie -en el mundo deportivo ni en el empresarial- posee la razón absoluta. Para sus promotores, el fin -explotar un negocio de 7.000 millones para potenciar el espectáculo- justifica los medios –dinamitar en el fútbol de élite la cultura básica del mérito deportivo-. Pero el gran error de Florentino Pérez estriba en su ansia por precipitar su implantación sin tener amarrados los apoyos.

Florentino Pérez tuvo claro que para hacerse multimillonario no bastaba con hacer obras. Por eso compaginó su carrera de constructor con incursiones en otros sectores

No es la primera vez que sufre un patinazo similar en su carrera empresarial. El fiasco añade un tachón a una trayectoria con hitos brillantes. El principal, la expansión por el mundo de ACS, con 180.000 empleados trabajando en contratas millonarias. El pinchazo de la Superliga asesta un varapalo a su imagen equiparable al que propició en su bolsillo el asalto a Iberdrola. Una operación librada en otro campo de batalla (el energético) pero con mucha similitudes en su planteamiento.

Desde que desembarcó en el mundo de los negocios, tras su paso por UCD, Florentino Pérez tuvo claro que para hacerse multimillonario no bastaba con hacer obras. Por eso compaginó su carrera de constructor con incursiones en otros sectores. Entró en el mundo de las concesionarias de autopistas por la puerta de Abertis. Y en el eléctrico por la de Unión Fenosa (absorbida luego por Gas Natural, actual Naturgy).

En 2005 irrumpió por sorpresa en la eléctrica gallega, controlada por el Banco Santander de Emilio Botín. Se compró un 22%, para eludir el límite que fijaba entonces la ley para lanzar una OPA (30%). Con un pie dentro del sector energético y los muchos beneficios cosechados la época del boom (cuando la España de Aznar iba tan bien), puso el punto de mira en una pieza de caza mucho mayor: Iberdrola.

Ignacio Sánchez Galán y Florentino Pérez.

Florentino Pérez usó el mismo ‘modus operandi’. En 2006, adquirió un 10% para eludir la OPA, y pidió un asiento en el consejo de administración. Pero la ambición del constructor iba mucho más allá: quería jugar en la Superliga del Ibex, donde Iberdrola prometía muchas alegrías gracias a su apuesta visionaria por las energía renovables.

Galán vio pronto la jugada. El empresario salmantino tenía temores más que fundados de que Pérez quería ampliar poco a poco su presencia en el capital y plantear una posible fusión con Unión Fenosa. Todo con el fin de ocupar el asiento de mando de Galán y sumar al timón de ACS el de Iberdrola.

El presidente de Iberdrola le cerró las puertas del consejo de administración, alegando que era competidor por su presencia en otra eléctrica. Esta decisión derivó en una de las pugnas más sonadas, hostiles y mediáticas de la historia empresarial en España. Hubo ejércitos de abogados atacando y contraatacando. Y hasta espías a sueldo del comisario José Manuel Villarejo (el asunto está más que vivo hoy día en los tribunales).

El error de Florentino Pérez

Al igual que en la Superliga, Florentino Pérez menospreció la reacción de otros actores implicados. Y la capacidad de resistencia de Galán. Metido de lleno en el envite, el constructor intentó saltar los muros de Iberdrola comprando más acciones. Con el objetivo de atesorar el 20% del capital, hizo caja vendiendo su participación en Unión Fenosa y en una de sus ‘joyas’, Abertis.

El fin de la batalla es conocido. La crisis del ladrillo de 2008 le pilló a Pérez con una deuda exagerada. Acabó vendiendo a un precio muy inferior las acciones de Iberdrola, desinfladas, como la mayoría del Ibex, por la doble recesión que sufrió España.

Aquel fracaso abrió en el ánimo del empresario una herida difícil de cicatrizar. Una década después, se enfrenta a nuevos baches en el camino. A sus 74 años, con una importante transformación del negocio de ACS en marcha, Florentino Pérez debe revisar su apuesta por la Superliga. Y valorar, en frío, si aún tiene posibilidades de ganar el pulso.

Fuente: Juan T. Delgado – VozPópuli

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