Pablo Iglesias: guerracivilismo contra jueces, policías y Vox

Que un individuo de la calaña de Pablo Iglesias haya llegado a vicepresidente del Gobierno pone de manifiesto el grave riesgo que corren la libertad y la convivencia en España.

Que un individuo de la calaña de Pablo Iglesias haya llegado a vicepresidente del Gobierno pone de manifiesto el grave riesgo que corren la libertad y la convivencia en España. El líder de Podemos no tiene ningún reparo en utilizar un lenguaje guerracivilista que apela a los instintos más bajos y criminales de la izquierda antidemocrática, que considera enemigos a quienes no comulgan con su discurso visceral y que no tiene problema alguno en alentar la violencia contra formaciones conservadoras como Vox que se ciñen en su retórica y actuaciones a la más estricta legalidad democrática.

Ya en el Gobierno, Iglesias tomó un peligroso rumbo, una deriva totalitaria que ha desembocado, por el momento, en la cobertura y apoyo a quienes la semana pasada se dedicaron a patear a agentes de la Policía Nacional en el mitin de Vox en Vallecas. No es nada nuevo en el personaje, que antes de ser vicepresidente había llegado a decir en un programa de televisión que le emocionaba ver cómo unos descerebrados agredían a un policía.

Iglesias es un individuo cada vez más peligroso, un sujeto que ha perdido el control y no tiene empacho en atacar a los jueces y a la Policía con los mismos argumentos de los portavoces proetarras. El dirigente de Podemos no cumple con los cánones exigibles a un demócrata, no respeta el Estado de Derecho y no vacila en señalar a los dirigentes de Vox como objetivos de la violencia callejera de los matones de la extrema izquierda.

Tampoco vacila en poner en la diana a jueces y agentes al asegurar que la Justicia no es para todos, que se detiene y se juzga con más severidad a elementos de la izquierda mientras que supuestos violentos de la ultraderecha gozan de impunidad. Todo este discurso sería risible si no fuera porque busca provocar y generar una violencia que estaba desterrada de la política española desde hace décadas.

Iglesias quiere el enfrentamiento físico, pretende acorralar a sus adversarios políticos por la vía del aplastamiento callejero y no se corta en jalear a los tipos más extremistas de bandas como los ultras del Rayo Vallecano.

Su percepción de la realidad está absolutamente distorsionada. Pretende que un partido democrático como Vox no pueda hacer campaña en Vallecas, donde la formación de Abascal y Rocío Monasterio obtiene miles de votos. Es tal la osadía de Iglesias que llega a acusar a Vox de las agresiones que sufren los dirigentes, militantes y simpatizantes de Vox. Ni los separatistas catalanes se habían atrevido a tanto en la pasada campaña electoral.

Iglesias ha logrado que Sánchez y el PSOE no condenen la violencia contra Vox, arrastra al partido socialista por una senda antidemocrática sumamente peligrosa. Sus últimas declaraciones en la televisión pública contra jueces y policías y contra Vox rebasan todos los límites de la democracia y pretenden emplazar la política en la situación previa al puro enfrentamiento físico.

«Cada vez hay más gente que tiene la sensación de que la Justicia no es igual para todos, y desde aquí mi cariño y felicitaciones a la que gente que demostró que Vallecas es un barrio tolerante y no acepta el fascismo, el racismo y la homofobia, y a los hinchas de un equipo de fútbol que son un ejemplo de defensa de valores solidarios y antifascistas, que son de lo mejor de nuestra ciudad», ha declarado Iglesias. Sus palabras le retratan y delatan.

El Gobierno debería exigir a Iglesias una rectificación; en caso de no producirse, debería acarrear la ruptura de la coalición. Claro que poco puede esperarse de un presidente que, como decíamos ayer, reivindica la funesta II República y culpa a Vox de la violencia por pretender dar un mitin en Vallecas. Igual que cuando Batasuna responsabilizaba a los miembros del PSOE y del PP de los que les podía pasar si se atrevían a manifestarse en el País Vasco.

Es evidente que Sánchez no va a exigir ninguna responsabilidad a sus socios. Como es evidente también que si Iglesias ataca a la Justicia lo hace porque no cree en el Estado de Derecho y porque empieza a sentirse acorralado ante los casos abiertos por las irregularidades económicas de su partido. Está tensando peligrosamente la cuerda.

Fuente: Libertad Digital

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