Von der Leyen y Michel escenifican en Ankara la mano tendida a Erdogan

En una muestra de ‘realpolitik’, los presidentes de la Comisión Europea y el Consejo Europeo han realizado un viaje inédito a Ankara.

En Atenas y Nicosia muchos han aguantado la respiración durante la visita que Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, y Charles Michel, presidente del Consejo Europeo, han realizado este martes a Ankara. Ambos líderes europeos han escenificado la mano que los Veintisiete han decidido tender al régimen de Recep Tayyip Erdogan tras la última cumbre europea: si Turquía se comporta, la Unión Europea le ofrece renovar y reforzar sus lazos, modernizando por ejemplo la unión aduanera entre ambos bloques.

Grecia y Chipre han estado en vilo porque es fácil que la tierra de Ankara se mueva bajo los pies de los líderes europeos. Las promesas de Turquía muchas veces han acabado en la papelera a pesar de las buenas palabras que en los últimos tiempos ha tenido Erdogan hacia la UE. La última vez que Von der Leyen, Michel y Erdogan hablaron, ya en plena tendencia de desescalada, el presidente turco decidió sacar al país del Convenio de Estambul sobre prevención y lucha contra la violencia contra las mujeres. Tras el último Consejo Europeo, con sus conclusiones en las que se tendía la mano a Ankara, un ministro turco volvió a amenazar con las exploraciones gasísticas en el Mediterráneo que han provocado tensiones con Atenas y Nicosia.

Las autoridades griegas no confían en exceso en las palabras que salen de los labios de Erdogan. De hecho, este mismo martes, Konstantinos Floros, jefe del Estado Mayor de Grecia, ha acusado a barcos turcos de chocar dos veces contra una embarcación de la autoridad portuaria griega. “Todos en la región, incluido Estados Unidos, están interesados en la estabilidad y la paz, el único alborotador es Turquía”, señalaba Floros.

La mención a Estados Unidos no es casual. Turquía suele aprovechar todos los vacíos de poder en la potencia norteamericana para comportarse de forma más agresiva en su vecindario, y esta vez no ha sido un excepción: durante los meses de “transición” política en Washington, Ankara ha sido más agresiva en su vecindario, aprovechando que el “policía” no estaba mirando. Así, en ese tiempo, Erodgan aprovecha para poner en acción su perfil de potencia mediterránea, actuando en Siria, en Libia, en el mar Egeo y buscando abrirse a codazos un espacio en tablero político del Mediterráneo.

Ahora, con Joe Biden asentado en la Casa Blanca, y con una situación interna muy convulsa, Erdogan está volviendo a bajar el tono. Porque, además, Turquía no pasa por uno de sus momentos más estables. La salida del Convenio de Estambul ha provocado protestas entre las mujeres ante un giro conservador con el que Erdogan busca solidificar su base electoral y la economía del país se tambalea con la destitución del gobernador del banco central turco como una muestra más de la disfunción de la Ankara de Erdogan. El gobernador subió los tipos de interés para controlar una inflación desbocada al 15%, en contra de la voluntad del presidente turco, y esa osadía, la de llevarle la contraria al “sultán”, le costó el cargo. Su destitución ha hecho que la lira se desplome.

En Bruselas tienen claro que el nuevo escenario requiere que haya cierta calma en parte de su vecindario. La escalada rusa en Ucrania era más o menos esperable, especialmente dada la alianza entre Moscú y Pekín forjada con base en un enemigo común. Por eso tiene especial importancia que, ya que no puede calmarse el vecindario oriental, al menos intentarlo en el caso del Mediterráneo. Esa es la razón por la que Michel se ha embarcado en un viaje de visitas mediterráneas, como Trípoli, donde también está este martes el primer ministro italiano.

Es crucial tener a Turquía en un perfil bajo si se quiere tener un vecindario que no esté en llamas. “Turquía es una potencia militar con ganas de actuar como una potencia”, señalaba hace días una alta fuente europea, que celebraba que durante los últimos y convulsos tiempos el Servicio de Acción Exterior de la Unión Europea se había esforzado por “mantener el camino abierto”.

Ahora la cuestión es cómo de largo es ese camino hacia una cierta normalización de las relaciones. La visita de Von der Leyen y Michel ha sido, de hecho, un primer análisis sobre ello. “Estamos al principio de este camino y los próximos meses demostrarán cómo de lejos podemos ir en este camino”, ha explicado la presidenta de la Comisión Europea en una rueda de prensa celebrada después del encuentro con Erdogan.

De acuerdo con Von der Leyen y Michel, la nueva relación tiene que centrarse en los puntos e intereses comunes, pero la alemana ha explicado que eso no significa obviar los puntos que generan fricciones entre Ankara y Bruselas y que hay que “ser muy francos y abordar lo que divide”. “Estoy muy preocupada por el hecho de que Turquía haya abandonado el Convenio de Estambul”, ha criticado, subrayando que es “la señal equivocada”. “El Estado de derecho y el respeto de los derechos fundamentales son valores fundamentales de la UE. He compartido con el presidente Erdogan nuestra profunda preocupación por los últimos acontecimientos en Turquía”, ha agregado por su parte Michel.

Von der Leyen: “Estoy muy preocupada por el hecho de que Turquía haya abandonado el Convenio de Estambul”

Pero la prioridad es la cruda y fría ‘realpolitik’. El objetivo es que Ankara deje de provocar incendios en el vecindario de la Unión Europea y que siga colaborando con Bruselas en materia migratoria. “La sostenibilidad de lo que hemos visto en las últimas semanas debe comprobarse”, ha señalado Von der Leyen. Y habrá oportunidades para probarlo: un ejemplo serán las negociaciones que se celebrarán en Ginebra entre el 27 y 29 de abril sobre la división de la isla de Chipre. Si Ankara se comporta en el Egeo y no provoca a sus vecinos, la UE mantendrá su mano tendida.

Fuente: Nacho Alarcón – El Confidencial

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