Vox busca crecer en votos en el cinturón obrero

Seguirá con su hoja de ruta de buscar los apoyos de la izquierda descontenta. Los de Abascal podrían hacer en Madrid un «copia y pega» de la campaña catalana.

Vox activa su campaña electoral mañana con la presentación de la candidatura con la que se presenta a las elecciones autonómicas de Madrid del 4 de mayo. Y lo hace en Vallecas, el antiguo barrio de Pablo Iglesias. Y con toda la intención.

Es un punto de partida de un itinerario con parada obligada en los barrios obreros de Madrid y los municipios del cinturón metropolitano. Y es que su objetivo se centra ahora no en arañar votos al PP, porque muchos de sus votantes ven con simpatía a Díaz Ayuso, sino en tratar de coger oxígeno en el cinturón obrero para crecer en votos. Es ahí donde los de Abascal tienen más posibilidades de arrastrar el voto de la izquierda desencantada, como ya ocurrió en las elecciones generales del 10-N. Ahora el objetivo está fijado en grandes municipios como Alcalá de Henares, Móstoles, Alcorcón, Fuenlabrada o Getafe, que serán determinantes para los de Abascal.

«Es la única salida para Vox en las actuales circunstancias porque el voto de centro derecha está ahora en manos de Ayuso y el único espacio para crecer es el voto obrero que tradicionalmente era del PSOE y de Podemos. Por eso Vox va a hacer hincapié en el discurso obrerista», explica el politólogo Jorge Vilches.

Las últimas encuestas dan pistas a Vox de un trasvase de votos de PSOE y Podemos. La misma candidata de Vox, Rocío Monasterio, ya comentó en una entrevista a LA RAZÓN que recibe mucho apoyo de ciudadanos que se la acercan cuando visita municipios que tradicionalmente han tenido un fuerte apoyo de la izquierda. Vox centrará su campaña en una política de impuestos bajos, en hacer frente a la ideología de género, la libertad de elección de los padres en materia educativa o el coto a la inmigración ilegal. «Venimos a defender la seguridad en nuestros barrios, no puede ser que los madrileños sientan miedo a salir al supermercado por la inmigración ilegal o las bandas latinas a las que no se está haciendo frente».

Muchas de estas «batallas» se libran precisamente en barrios de población trabajadora donde coincide que hay mayor tasa de población inmigrante. Por eso a Monasterio se la ha visto en reiteradas ocasiones en el barrio de Batán apoyando a los vecinos, después de los numerosos incidentes ocurridos con los menores extranjeros no acompañados. O sin ir más lejos, el otro día Monasterio fue la única candidata a la presidencia de la Comunidad de Madrid que visitó a los vecinos de Ciudad Lineal tras el tiroteo protagonizado por integrantes de las bandas latinas.

Igual que el programa de Vox es similar en toda España, la campaña madrileña podría convertirse en un «copia y pega» de la catalana, que tan buen resultado le dio. De hecho, podrían reproducirse situaciones similares mañana miércoles, cuando se presente la candidatura en Vallecas, a lo ocurrido en la localidad catalana de Vic, donde una protesta contra un acto electoral de Vox acabó en altercados por la intervención de grupos antifascistas que derivó en enfrentamientos con los Mossos d’Esquadra después de que varios manifestantes tiraran piedras, huevos y harina contra Garriga y Ortega Smith.

De momento, grupos antifascistas y de la izquierda radical ya han hecho una llamamiento para boicotear el acto de mañana en Vallecas. Pese a todo, en la localidad de Vic recabaron el 3,67% de los votos, por delante del PP, Cs y Podemos. La estrategia, no obstante, no es nueva. También la utilizó en Andalucía para obtener rédito electoral. Y otro ejemplo más que evidencia que Vox no se ha apartado en ningún momento de la idea inicial es que la presentación del sindicato Solidaridad, que impulsaron los de Abascal, se hizo en el «cinturón rojo» de Madrid, en un polígono de Coslada. Se presentó como un sindicato de defensa de los trabajadores. Ahora se trataría de seguir con lo que a Vox le ha funcionado: trabajar para que el cinturón rojo se convierta en verde, uno de los «mantras» de Monasterio.

Fuente: Rocío Ruíz/C.S. Macías – La Razón