Sánchez se ha quedado solo

No es verdad que el Presidente Pedro Sánchez tenga cuatro vicepresidentas como lo ha pretendido escenificar con esa tan burda exhibición de poderío que hizo a las puertas de La Moncloa situando a Calvo, Calviño, Ribera y Díaz en las esquinas de un cuadrilátero donde él -después de cambiarse de traje, camisa y corbata para la foto- se colocó en el centro como el dueño y señor de la situación.

En realidad Sánchez ya no tiene vicepresidente. Ni siquiera hay un número dos de su Gobierno donde, ido Pablo Iglesias, ya solo manda él. Y donde la única persona de talento, autoridad política y responsabilidad constitucional es la ministra de Defensa, Margarita Robles.

Sánchez no tiene en el Gobierno ni tampoco en el PSOE un heredero o alguien de altura y nivel, como lo fue Josep Borrell, que en un momento especial le pueda suceder porque él mismo Sánchez se ha preocupado de que nadie esté a su alrededor y de que ese número dos no existiera.

De hecho su secretario de Organización del PSOE y ministro de Fomento, José Luis Ábalos, está muy tocado por sus errores y fracasos y su portavoz en el Congreso de los Diputados, Adriana Lastra, tampoco se la podría imaginar al frente del PSOE o del Gobierno, como tampoco lo tiene nivel su vicepresidenta primera Carmen Calvo que siempre estuvo eclipsada y a la sombra de Pablo Iglesias.

Sánchez se ha quedado solo al frente de todo su mando y poder en el Gobierno y PSOE (donde entre la niebla crece la figura del presidente de Castilla La Mancha, Emiliano García Page). Y depende para gobernar de Bildu, ERC (que ha vuelto a las andadas del desafío al Estado) y Podemos que también carece de liderazgo ante el inicio de la retirada de Iglesias.

Un partido ahora dependiente de Sánchez que no hará ruido ni se moverá porque tiene a muchos de sus cargos y militantes (cientos) colocados en la Administración del Gobierno y en las empresas públicas del Estado.

Y es desde esta nueva situación creada tras la ruptura de la coalición ‘personal’ de Sánchez e Iglesias desde donde Sánchez deberá abordar la vigente y múltiple crisis de España en la sanidad, la economía, el paro y el desafío catalán.

Nada que ver con las primeras naciones de Europa donde el presidente de Francia cuenta con una amplia base parlamentaria, en Alemania gobierna una ‘gran coalición’ y en Italia se ha creado un gobierno de unidad nacional bajo el mando del prestigioso Mario Draghi.

Tres modelos importantes para abordar estos tiempos difíciles e imposibles de imaginar en la España de Pedro Sánchez que además tiene rotos todos los puentes con el PP. El primer partido de la oposición, ahora reforzado con el hundimiento de Cs en el que Sánchez colaboró con la operación fallida de la moción de censura de Murcia.

Sánchez, sin su escudero y controvertido Iglesias, se ha quedado con todo y en la mayor soledad y sin que los españoles veamos un proyecto de país unido, democrático y constitucional frente a tanta adversidad.

Fuente: Pablo Sebastián – República

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