La soberbia delata a Pablo Iglesias

Errejón se niega a ser otra vez el segundón del mismo líder de Podemos que lo laminó. Es lógico que Más Madrid no caiga en una trampa tan evidente para verse fagocitado.

El partido Más Madrid, una escisión de Podemos surgida de la defenestración de Íñigo Errejón a manos de Pablo Iglesias y del apartamiento de Manuela Carmena, ha anunciado que no servirá de muleta al todavía vicepresidente segundo para las elecciones autonómicas. En su maniobra contra Pedro Sánchez por su propia supervivencia, Iglesias había ofrecido a Errejón que ambos se fusionaran en una única candidatura radical. Pero Errejón ha decidido con buen criterio no caer en una trampa política que solo esconde la fagocitación de su partido y se presentarán por separado.

Solo un altísimo concepto de sí mismo y su propia soberbia han podido empujar a Iglesias a exigir a Errejón unas primarias para que las supuestas bases de Más Madrid y Podemos se pronunciasen sobre a quién preferirían como cabeza de lista. Sin embargo, y más allá de que las primarias siempre estén trucadas en Podemos -otro vicio de esta caduca ‘nueva política’-, el planteamiento era absurdo desde su base. Podemos cuenta con siete escaños en la Asamblea de Madrid, es un partido venido a menos que corre el riesgo de no lograr ni siquiera el mínimo de representación del 5 por ciento de los votos, e Iglesias ha tenido que tomar una decisión límite como es presentar su propia candidatura porque la alternativa era desaparecer. En cambio, Más Madrid tiene veinte escaños derivados de la inercia de voto de la entonces alcaldesa, Manuela Carmena, y hace tiempo que dio el sorpasso a Iglesias en la capital. Pésimo estratega sería Errejón si pusiese ahora ese capital político, venido a menos sin Carmena, es cierto, y muy fracturado internamente, en manos de Iglesias. Sobre todo, porque tras haber sido purgado ya una vez y haber contribuido decisivamente a la división de Podemos en varias marcas políticas, entregarse de nuevo a quien le traicionó demostraría una debilidad absoluta.

Difícilmente Iglesias va a poder conciliar a toda la izquierda madrileña y aunar en torno a su candidatura una mínima expectativa de éxito, toda vez que la movilización de la derecha contra Sánchez y Podemos promete ser histórica. Además y a priori, la crisis terminal de Ciudadanos parece llamada a beneficiar demoscópicamente a Isabel Díaz Ayuso. A Iglesias le queda el recurso a la retórica, a la confrontación radical y a la convulsión política. Pero aquel liderazgo movilizador del 15-M ha muerto. Su egocentrismo le delata y pierde su espacio por minutos gracias a su nula credibilidad, a su incoherencia programática, y a que no es fiable para nadie. Él mismo laminó a su equipo fundador en Podemos a base de depuraciones cuasi-soviéticas y sin escrúpulos. Por eso, pretender ahora una confraternización de la izquierda con la coartada de frenar el avance del nuevo ‘fascismo’ -una solemne bobada-, y todo bajo su mando como única solución, por supuesto, solo convierte a Iglesias en un líder desorientado, incapaz de distinguir con criterio entre realidad y ficción.

A su vez, Errejón encabeza un partido minoritario y fragmentado a la espera de que el PSOE le necesite para algo. Del mismo modo que no es posible encontrar a alguien más sumiso con Pedro Sánchez que a Errejón, tampoco parece posible que se reconcilie con Iglesias. Podemos quiere patrimonializar el voto de ambos partidos pero el cainismo atávico cultivado por Iglesias lo impide. Otra cosa serían las componendas si realmente esa izquierda llegara a sumar para gobernar. Entonces, el intercambio de cromos lo arreglaría todo en cuestión de horas.

Fuente: ABC

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